Scioli, el madrugador

El gobernador bonaerense ya se lanzó a la carrera presidencial. Sus operadores políticos comenzaron a reunirse con diferentes sectores del peronismo. El obstáculo a vencer es el kirchnerismo, donde es resistido.

Casi con el despertar del flamante año, los peronismos oficialista y disidente ya comenzaron a otear el horizonte de 2015. Las primeras movidas se están generando en el distrito bonaerense, donde la ingeniería política deja entrever ciertos corrimientos, algunos previsibles y otros no tanto.

Desde el sciolismo, sus principales espadas -que no son muchas por cierto- están tejiendo redes con dirigentes que hasta hace poco jugaban en el peronismo disidente. El minucioso trabajo apunta, sin duda alguna, a robustecer la figura de Daniel Scioli, no sólo como mandatario provincial, sino posicionarlo como “el” candidato del PJ para las presidenciales del 2015.

Con esa premisa bajo el brazo, iniciaron contacto con sectores del narvaísmo, quienes después del rotundo fracaso electoral de su jefe político Francisco de Narváez, no tendrían problemas en estar bajo la sombrilla del gobernador, sin abandonar a su líder, claro está. Algunos, incluso sostienen que el sucesor de Scioli en el sillón de Rocha debería ser el “Colorado” De Narváez.

En rigor, el diputado nacional juega a eso. Sus críticas a la gestión de Scioli menguaron notablemente, incluso salió con los tapones de punta contra su ex socio político Mauricio Macri, otro potencial candidato presidencial. En política nada es casual y menos ahora, donde los gurúes diseñan hasta el corte de pelo que deben usar sus candidatos.

El puente está tendido, sólo falta concretarlo. El gobernador bonaerense ya persuadió a Felipe Solá, del que nunca se distanció. De hecho, el antecesor de Scioli en el cargo nunca habló mal de la gestión del actual mandatario. En ese marco, no es de extrañar que con el correr de los meses veamos a Scioli y De Narváez caminando juntos el vasto territorio de la provincia de Buenos Aires.

Los sciolistas sueñan con organizar y fortalecer la estructura del PJ, para que el partido no siga siendo sólo una puja de liderazgos caudillescos, como es hasta ahora. Lo prioritario, según sus estrategas, es lograr coincidencias básicas con todos los sectores del peronismo. “Nuestra propuesta será clara y amplia”, dijo a Parlamentario uno de los armadores de la movida sciolista.

En el abanico de la convocatoria, obviamente está incluido lo que queda del duhaldismo. Varios de sus dirigentes de segunda y tercera línea -inclusive algunos de primera- ya se enrolaron al sciolismo. Otros, sin embargo, están en pleno coqueteo con el macrismo. En rigor, Eduardo Duhalde siempre mantuvo buenas relaciones con Scioli, al margen de su fidelidad con el kirchnerismo.

Con esta perspectiva comenzaron a trabajar las espadas de Daniel Scioli de cara a las presidenciales de 2015. Es cierto que se trata de un anhelo que aparece todavía muy lejano en su concreción, pero si el hombre se tiene fe, confianza y voluntad de construcción firme y vocación de ser protagonista, dependerá de su cintura política.

Los ojos K

El kirchnerismo no está ajeno a estas movidas. Sus dirigentes siguen con atención los movimientos de Scioli en el tablero. Saben que hoy las reglas de juego en el seno del oficialismo las impone Cristina Fernández de Kirchner, por lo menos este año; razón por la cual intentarán de limar la proyección del gobernador bonaerense.

Las primeras escaramuzas ya se vivieron el día de la nueva jura de Scioli en las escaleras de la Legislatura bonaerense. El mandatario provincial sabe que, a pesar de todas las señales de lealtad que ha dado durante más de ocho años, no goza de la simpatía de la mayoría de los habitantes de la Casa Rosada, y que los adlátares de la presidenta intentarán por todos los medios de embarrarle la cancha e incluso dejarlo sin chances políticas para el 2015.

El partido de fútbol con el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, levantó polvareda en las huestes ultrakirchneristas. Rápidamente se alzaron voces contra el gobernador, y la duda en el campamento K sobre la lealtad de Scioli al proyecto “nacional y popular”volvió a campear. Lo cierto es que el gobernador ha sido fiel al matrimonio Kirchner. Soportó estoicamente los maltratos de los que fue objeto. Se mantuvo lejos de la confrontación, a pesar de estar bajo el ala de la política K.

Y le fue bien con este juego, ya que cada vez que desde el Gobierno nacional intentan diezmar su figura, sale fortalecido. Con esta simple estrategia, buena o no, el mandatario provincial sobrevive los embates que provienen de las huestes kirchneristas. El gobernador sabe que no hay buena onda entre la Casa Rosada y él, simplemente son espasmos electorales los que los mantiene unidos. Hoy la ecuación económica no lo ayuda. De las medidas que tome y del tiempo que demore en hacerlo dependerá su futuro. Habría que ver entonces hasta dónde llega la fidelidad de Scioli con CFK. El escenario que viene es complicado y difícil.

En ese contexto, dicen que desde el poder K ya están analizando cómo neutralizar los pasos del gobernador, quien ya no disimula que quiere conducir el país. Los megarecitales en Mar del Plata apuntan a eso. Scioli sabe que cuenta con buena imagen ante la sociedad, pero no así dentro del kirchnerismo, donde lo consideran un aliado, no un par, y por momentos hasta lo sienten como “enemigo”. Ahora, ¿qué hará el mandatario provincial?

Todos en el peronismo saben que Daniel Scioli no saldrá a pelearse con la presidenta, por lo menos por ahora, pero en el Gobierno nacional se sintió la movida de piezas, que más temprano que tarde tendrá consecuencia inmediata contra el titular de la provincia de Buenos Aires.

Pureza sciolista

Convengamos que lo del gobernador bonaerense es meritorio por donde se lo mire. Si se tiene en cuenta que desembarcó en territorio provincial sin ninguna experiencia en ese terreno, cuando tenía todo listo para ir por la Jefatura de Gobierno porteña, lo de Scioli es digno de elogio. Ahí le prestó a Néstor Kirchner un servicio invalorable, al aceptar redireccionar su rumbo electoral hacia el terreno bonaerense, sin trabajo de campo alguno en ese terreno.

Se fue prácticamente solo, llevándose a su fiel Alberto Pérez, otro porteño que de un cargo de legislador de la Ciudad pasó a ser jefe de Gabinete de la Provincia. Así el exmotonauta debió emprender la complicada tarea de construir en un terreno más que complicado, prácticamente sin tropa propia. Se fue a La Plata con el equipo que había armado en el Senado nacional y en la práctica los resultados están a la vista. No sólo elevó su imagen, sino que logró ser reelecto por amplio margen, sin que hicieran mella en él las figuras de Francisco de Narváez, ni mucho menos la del kirchnerista Martín Sabbatella, respaldado en sus ambiciones desde la mismísima Rosada, con el claro objetivo de restarle votos a Scioli y sumarle a Cristina.

En el ínterin pasó por la experiencia de las “candidaturas testimoniales”, que aceptó sin chistar aunque no fuera para nada de su agrado cuando NK se lo propuso.

Cuando le hablan de las dificultades que tendrá en la Legislatura por los intentos de horadar allí su figura que harán su vice Gabriel Mariotto y el vicepresidente de la Cámara baja, el camporista José Ottavis, en su entorno se sonríen, recordando que nunca ha tenido mayoría en las dos cámaras y sin embargo mal no le ha ido.

¿Cómo le ha ido a Daniel Scioli con la Legislatura provincial? Ha logrado aprobar lo que se ha propuesto, más allá del “detalle” de no contar con tropa propia. En rigor, hoy por hoy los sciolistas puros son los diputados provinciales Guido Lorenzino, Martín Cosentino, Rodolfo “Manino” Iriart y Alicia March. En el Senado provincial, en cambio, lo que hay allí son nuevos aliados: su exministro Baldomero Álvarez, José Luis Pallarés y Nora De Lucía.

Estrategias

De uno u otro lado, los operadores están trabajando sin descanso. Desde el sciolismo, el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, ha multiplicado sus reuniones; el funcionario bonaerense aprovecha al máximo su estadía en Mar del Plata, donde ha instalado un bunker para desarrollar desde ahí acuerdos con distintos sectores del peronismo e inclusive con intendentes del interior del país, que por la época estival están por las playas marplatenses. Dicen que el desfile de dirigentes del PJ es incesante y que la promesa de acompañamiento a la carrera presidencial del exmotonauta “es total”.

A sabiendas de estas movidas, los operadores K están diagramando una estrategia para la provincia de Buenos Aires. Uno de ellos sería reorganizar el PJ bonaerense, donde lo primero que harán es desplazar al gobernador de la presidencia por un leal soldado K. Otra jugada, más riesgosa por cierto, sería embarrarle la cancha en el plano económico.

Más allá de este juego de estrategias, lo cierto es que la relación entre Scioli y Cristina tiene fecha de vencimiento. Sus protagonistas lo saben. Hoy ambos se necesitan. La presidenta para sostener su poder -sin sobresaltos- por lo menos dos años más, y el mandatario bonaerense para posicionarse como la principal figura del peronismo de cara a las presidenciales de 2015.

En rigor, su candidatura dependerá también de como marche la economía, ya que su suerte está atada al Gobierno nacional, más allá de que quiera distanciarse. Ahí precisamente radica su mayor inconveniente. De allí que algunos de sus seguidores sostienen que “éste es el momento para dar el gran salto”, caso contrario “seguiremos dependiendo de la voluntad presidencial. Y si es así, el vuelo es corto”, razonó ante Parlamentario nuestro interlocutor.

Otro sin embargo, consideran que “todavía no es el momento”, que “hay que esperar, pues el Gobierno nacional tiene que manejar un país en crisis” y eso indefectiblemente generará un cambio de humor popular, y allí salir a marcar la diferencia”. Una teoría por cierto mezquina, pero con cierto grado de realidad.

Como se puede apreciar, el cuadro de situación para las huestes sciolistas muestra un panorama confuso, aunque algunos de sus operadores digan que el camino “está cada vez más allanado” en el peronismo. ¿Qué pensarán Juan Manuel Urtubey, José Manuel de la Sota o el propio Jorge Capitanich?, por citar algunos que aspiran a sentarse en el sillón de Rivadavia. Apenas transcurrieron tres meses de las elecciones presidenciales y la carrera para el 2015 ya está en plena etapa de precalentamiento. La cuestión es ver quien llega a la largada, ya que muchos aspirantes quedarán al costado de la ruta mirando como pasan los candidatos. ¿Scioli será de la partida?

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