El termómetro de los precios

Por Juan Carlos Tomasetti

En el mes de marzo del año 2007 efectuamos en SEMANARIO PARLAMENTARIO, un comentario sobre los indicadores de aumento de precios, que en ese momento titulamos “La Inflación y Los Índices de Precios “. Hoy nos parece de interés, una nueva reflexión actualizada y ampliada sobre el tema.-
Expresamos en aquel comentario, “Los índices de precios son elaborados con la ayuda de formulas matemáticas, algunas simples otras sofisticadas, en base a muestras especialmente seleccionadas que componen un universo mas numeroso de datos, tomados de una parte en un espacio mayor y de algunas de todas las cualidades de esos datos.
Esos índices se expresan en formulas de valores de datos sobre bienes o servicios
(precios) y se ponderan con otros datos ( cantidades, cualidades, especificidades, etc.) y nunca expresan resultados absolutos, nunca miden fenómenos con certeza, siempre son estimaciones, indicadores de promedios o de tendencias de determinadas variables.
Fueron Laspeyre, Paschee, Allem, Wueller, y otros famosos matemáticos, los que aportaron importantes herramientas de las matemáticas que se utilizan para intentar medir diferentes formas de promedios de los valores, en cantidades muéstrales de precios, obtenidas desde los universos de los bienes o servicios.-
Al respecto, el concepto más simple y preciso de inflación que nos da la teoría económica, es el de -incremento en el nivel general de los precios.
Pero la realidad de muchas economías del mundo y la de Argentina en particular nos ha hecho observar que este fenómeno y sus efectos, especialmente sobre las conductas de los operadores económicos (empresarios, consumidores, trabajadores, ahorristas, etc) no tienen plena y exclusiva explicación por la teoría económica. El tema de las expectativas inflacionarias y el de las pujas distributivas, no son explicados económicamente y tampoco son motivo de mediciones económicas. Seguramente es la Sociología la que mejor explique esas conductas.-
Recordemos desde toda una época que el INDEC elaboraba y elabora una gama de índices de precios ( minoristas, mayoristas, agrícolas, industriales, importados, estacionalizados, desestacionalizados, de la construcción, de nivel general, por sectores, inclusive un índice de mayor elaboración macroeconómica, denominado , de precios implícitos, que son los índices de valor que están “implícitos” en los cálculos del producto interno bruto y se obtienen relacionando anualmente los datos del producto a precios de cada año (corrientes), con los del producto a precios constantes.- )
También se estiman índices de precios regionales en diferentes Provincias, (Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Santa Fe, San Luis, Mendoza), con el aporte de Universidades Nacionales.-
Toda esa gama de índices elaborados con la más perfecta herramienta matemática y con el mayor rigor estadístico no alcanzaban y no alcanzan para medir con precisión el fenómeno inflacionario y menos conocer sus efectos. Recordemos que en alguna época uno de los índices llego a marcar un incremento de precios del 78,5 % mensual y el
fenómeno se daba con la economía en crecimiento y continuaban subiendo sus valores también cuando la economía entraba en periodos de recesión.-
. Y siempre en esa época pasada, como todos esos muchos índices, nacionales y regionales, no eran suficiente para ayudar a muchas de las decisiones microeconómicas, también elaborábamos una variedad de índices simples que expresaban incrementos de precios de un solo producto. (Cemento, energía eléctrica, trigo, carne vacuna, soja, alquileres, etc.).-

En definitiva toda esa gama de índices rigurosos y confiables, nunca pudieron medir y exponer el alcance del fenómeno (inflación) para la más adecuada toma de decisiones de los operadores económicos, solo aportaba y aporta indicadores.
Nuestra reflexión en aquel comentario fue que debíamos dedicar las mayores y mejores energías a determinar el origen del fenómeno y evitar sus efectos, y no tanto discutir sobre como medirlo mejor. Decíamos entonces: Para el Medico conocer la temperatura correcta del paciente, es un dato valioso, pero es el diagnostico y la medicina adecuada la que termina con la dolencia. Entonces, prioritario a arreglar el termómetro, es establecer el diagnostico, los remedios y la curación de la enfermedad.- Siguiendo con esta analogía de la Medicina, reflexionábamos que una misma enfermedad puede originarse por causas distintas y también puede tener efectos distintos, según se trate de un organismo humano nacido y criado en África, Europa, Asia , América del Norte, América del Sur u Oceanía. Las investigaciones de la medicina indican que los diagnósticos y remedios no siempre son los mismos.-
Igual debiera ocurrir con la inflación, que es en definitiva una dolencia de la economía, y que no tiene exactamente los mismos orígenes y por ende los mismos efectos según se de en la Argentina, en EEUU, Italia, Japón, o Nepal. No obstante muchos economistas, insisten con los mismos diagnósticos y remedios que adoptan países desarrollados de economías capitalistas a otros que no son tales.-
Argentina, tiene una larga y dolorosa experiencia en cuanto haber sufrido la dolencia crónica de la inflación e hiperinflación por múltiples causas y con múltiples agravantes y por ende con múltiples y variados efectos malignos y dañinos, respecto del funcionamiento de la economía y con distintos efectos de la misma según en que sector de esa economía el sujeto se encuentre, el tamaño y poder que tenga y que rol cumpla. (Jubilado, trabajador, desempleado, pequeño empresario, ahorrista, prestamista, empresa nacional, multinacional, banco nacional o extranjero, formador de precio, etc.etc)
Hoy, cuando escuchamos o leemos a algunos estudiosos de la inflación, observamos que tanto en los diagnósticos como en el tratamiento y en los remedios, omiten considerar el tema de las conductas de los operadores económicos, algo que no tiene explicación precisa por la teoría económica, pero que si hace al proceder de la gente, donde cada uno actúa según sus defensas que son absolutamente diferentes.
Las expectativas inflacionarias, la puja distributiva y la inflación invisible, son conducta de la gente actuando como consumidores, como trabajadores o como empresarios comerciales, industriales o de servicios.-
Hay quienes insisten en que son los jubilados, los trabajadores, y otros sectores de menores y cuasi fijos ingresos, los que causan y alimentan la inflación cuando reclaman mayor participación en el ingreso y por ende en el consumo, es decir en su nivel de vida.. Es en esta puja distributiva donde la acción del estado se hace incuestionable en favor de los sectores de menores ingresos (con menores defensas para enfrentar la dolencia) y ejerciendo rigurosos controles de calidad, cantidad y componentes del producto para exteriorizar la inflación invisible, como así también respecto de las prácticas monopólicas o monopsonicas.-
Cuando la economía actual presento síntomas de esa dolencia, el Gobierno Nacional accionó inmediatamente sobre esos síntomas. Podemos no aceptar el remedio, porque a veces el remedio es amargo o hace doler a alguna parte del cuerpo (en este caso a algún sector de la economía y de la sociedad que no le agrada el remedio)
Pero siempre lo primero es curar a la parte mas afectada. (Sectores de ingresos fijos y de menores ingresos) para continuar con el resto del organismo hasta que la dolencia desaparezca.-

El licenciado Juan Carlos Tomasetti es asesor del bloque del FpV PJ en la Comisión de Presupuesto y Hacienda

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