El voto joven es ganancia pura para el kirchnerismo

Por José Angel Di Mauro

Resulta innegable a esta altura que el kirchnerismo es una fuente inagotable de generar noticias y, sobre todo, marcar agenda. Será por eso su propensión a enojarse cuando siente que esa tarea se la arrebatan los medios a los que considera opositores: nada le molesta tanto al gobierno nacional como sentir que la agenda se la arman los diarios. Es parte de su tirria con la prensa, pero no por la confrontación interminable que vive con ese poder; tampoco se bancaría que la iniciativa estuviera en manos de la oposición.

Pasa que eso nunca sucede.

En esta oportunidad el gobierno sorprendió a todos con un proyecto que, al ser presentado en el Congreso durante el receso de las vacaciones de invierno por los senadores Aníbal Fernández y Elena Corregido, llamó la atención, pero sin generar mayores expectativas. Hasta que esta semana todos se anoticiaron de que el proyecto no sólo va en serio, sino que se aplicará en los próximos comicios. Tras el gran revuelo que generó en el ámbito político, el proyecto comenzará a ser analizado esta semana en la Cámara alta, donde dependerá de la prisa que el oficialismo quiera imponerle para su aprobación, que se descuenta.

De proponérselo, podría convertirse en ley en la última semana de septiembre. No hay tanto apuro, pero al kirchnerismo le encanta dar esas muestras de contundencia política en el Parlamento, donde ya se ha asegurado con el tema varias cosas: en principio, su aprobación rotunda, como varias veces ha sucedido en los nueve meses que lleva siendo mayoría en ambas cámaras. Como con las expropiaciones de YPF y la ex Ciccone, el kirchnerismo logrará con este proyecto imponer la sólida mayoría que suele reunir con propios y aliados permanentes, más la adhesión de buena parte de la oposición, donde ha logrado nuevamente meter cuñas.

Los demás partidos sienten que se trata de uno de esos proyectos en los que deben encolumnarse a regañadientes, pues si bien lo consideran una maniobra del oficialismo, tampoco quieren ganarse con un rechazo el encono de los jóvenes que de todos modos le brindarán al kirchnerismo todo el mérito. De paso, la movida le sirve a los K una vez más para exponer las grietas de la oposición, que se divide entre sus convicciones, sus conveniencias y la certeza de que será el gobierno el que se llevará todas las palmas.

De más está decir que el kirchnerismo está convencido de que el mayor porcentaje de esos nuevos votantes le será fiel. Los propios autores del proyecto escribieron en sus fundamentos que esa masa de nuevos votantes alcanzaría “aproximadamente una cantidad no menor a los dos millones de jóvenes”. Datos más precisos ubicaron ese número en 1.392.000. ¿Qué cantidad podría llegar a participar de una elección en la que no están obligados a concurrir? Cálculos cuya certeza sólo determinará la experiencia precisaban esta semana que unos 750 mil de estos jóvenes podrían concurrir a las urnas.

En efecto, no sería un número capaz de volcar ninguna elección. Pero suma para el efecto “ganador” que el kirchnerismo quiere infundir de cara a 2013 y 2015. A esto habrá que sumar el proyecto complementario de los mismos autores que permitirá votar a “los extranjeros mayores de 18 años, que residiesen en la República dos años continuos y manifestasen ante los jueces federales de sección su voluntad de serlo”. Podrán ser otros cientos de miles que el gobierno espera le sean agradecidos.

La oposición se ve inmersa en un juego que no quiere disputar, pero donde no tiene alternativa. En líneas generales, no tienen demasiadas objeciones que hacerle al proyecto, más allá de que lo consideran “una maniobra proselitista”, como dijo el jefe de los diputados radicales, Ricardo Gil Lavedra, que de todos modos aclaró que “la UCR siempre está de acuerdo con la ampliación de derechos”. Ergo: saben que no tienen demasiado margen para oponerse.

En el FAP, las posturas son también disímiles. Conviven los que como Claudio Lozano recuerdan que ya presentaron proyectos en el mismo sentido, con socialistas como Alicia Ciciliani, que ven detrás de esta iniciativa “oportunismo y demagogia”. Pero también hay socialistas como el senador Rubén Giustiniani, autor del proyecto para bajar la mayoría de edad de 21 a 18 años, elemento que esgrimen quienes apoyan bajar la edad para votar.

En el PRO se alzaron voces críticas que rápidamente fueron llamadas a silencio, cuando algunos consejeros les aseguraron que Mauricio Macri puede tener un buen apoyo en esa masa juvenil que se incorporará al padrón electoral. Como se ve, por sobre un debate en torno a si los adolescentes tienen el desarrollo intelectual suficiente a esa edad para ejercer ese tipo de derechos, prevalecen las conveniencias políticas.

En el FAP hay una tercera posición esgrimida por la de la líder del GEN, Margarita Stolbizer, que advierte que polémicas como esta o la reforma constitucional buscan generar “discusiones superficiales” para tapar temas como la causa Ciccone, la inflación o la inseguridad.

Seguramente generaría más atención un debate en torno a la baja de la edad de imputabilidad -proyecto parado en el Congreso- que este sobre la edad para votar. Hasta ahora, al menos, no era una cuestión que demandara la sociedad, según surge de un estudio realizado en la zona metropolitana por la consultora de Carlos Fara durante el mes de mayo, que ante la consulta sobre bajar la edad de votación a los 16 encontró un 83% de respuestas negativas y sólo un 14% a favor. Habrá que ver cómo se modifican esos números ahora que el tema está instalado en la agenda mediática.

Y volvemos a la agenda cotidiana, que en política tiene principalmente la pluma de la Presidenta, que mantiene un estudiado silencio respecto del debate creciente en torno a la reforma constitucional, re-re incluida. Siempre un paso más adelante del resto, hace rato incluyó a los jóvenes como protagonistas de sus discursos. Preanunciando el debate que se venía, el viernes 24 en el homenaje al Gaucho Rivero hizo reiteradas alusiones a la juventud. “La historia siempre la movilizan los jóvenes”, dijo. Aprovechó para pegarle al 0800 de Macri, y reivindicó la omnipresencia de La Cámpora: “Hoy son jóvenes que van a pintar escuelas, que van a las cárceles, que van a los barrios, que van a militar con las armas de la democracia, con plena participación, tratando de llevar ideas, convencer”. Catorce veces repitió en esa Cadena Nacional la palabra “jóvenes”.

Hay más datos para tener en cuenta cuando hablamos de jóvenes. Según estadísticas de la CEPAL y la Organización de Estados Iberoamericano de 2010, los jóvenes de todo el país que no estudian ni trabajan ascienden a 900.000. Según un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, un 19% de los jóvenes no va al colegio, un 36,8 vive en hogares debajo de la línea de pobreza y un 43,4% no tiene cobertura de salud.

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