Si tuviera 16 me preguntaría: ¿Nos quieren hacer votar para que los votemos?

Por Laura Montero

Los K como buenos guerreros, se arman de sus pertrechos bélicos, enfrentan, dividen y van por su presa. ¿Serán su presa electoral los jóvenes de 16 y 17 años?

Mi abuelo tenía 16 años cuando migró desde España, teniendo que vérselas con sus decisiones y su vida. En esa temprana edad de su juventud no solo decidió donde vivir y de qué trabajar, sino también eligió a mi abuela, mujer con la que compartiría su vida. El hombre, frente a sus circunstancias, aprende y define.

Estoy de acuerdo en potenciar la participación de los jóvenes en la vida política de la Nación. Hemos vivido el “no te metás” y también la apatía del “que se vayan todos”; y el no haberla superado aún, ha impedido establecer vasos comunicantes entre la sociedad y sus representantes, deteriorando el sistema democrático; es hora de cambiar estos paradigmas y de ejercer plenamente la ciudadanía. La sociedad tiene que pensarse como una sociedad política, con sentido de pertenencia social y cumpliendo cabalmente sus responsabilidades cívicas; solo así logrará sostener y conquistar sus derechos.

Es por eso que estoy convencida de que, además de tener el derecho y la responsabilidad de votar desde los dieciséis años, los jóvenes deben sumarse, al cumplir los dieciocho, al conjunto de hombres y mujeres que gobernamos, desde los distintos poderes del Estado, y que es necesario para ello establecer un cupo para los jóvenes en las listas electivas. Tenemos que lograr su participación plena en la vida democrática del país, porque los jóvenes están libres de los prejuicios y de los desencantos de los adultos y dotados de nuevos conocimientos; pero fundamentalmente, en Argentina, son hijos de la Democracia y por lo tanto han crecido libres de temores a las persecuciones políticas y a la expresión de sus ideas.

Personalmente he presentado, hace ya varios meses, un proyecto que obliga a las agrupaciones partidarias a sumar jóvenes (mayores de 18 años) en sus listas de candidatos, y espero que se debata.

Es posible que el proyecto K intente usar a los jóvenes. El uso discrecional de la cadena nacional, el látigo de los recursos del Estado para someter voluntades políticas, la intimidación, la persecución, el ejercicio de la impunidad y hasta la penetración de sus agrupaciones juveniles rentadas en las escuelas, no hacen más que demostrar que su objetivo es el poder y su meta es ejercerlo hegemónicamente y sin límites; ya poco importa a qué precio y a titulo de qué. Su contradictorio modelo pseudoprogresista se va esfumando con el pobre desempeño de las instituciones del Estado, de la pérdida del estado de derecho y de la calidad del sistema democrático.

Frente a tanto despliegue de recursos oficiales, a los que creemos genuinamente en la incorporación de los jóvenes, solo nos gustaría que se preguntaran si los querrán hacer votar para que los voten.

Y que reflexionen, frente a la pregunta, que es bueno que tener el derecho a votar; pero por sobre todas las cosas es bueno tener el derecho a pensar distinto, a cuestionar, a debatir en libertad, a descreer del discurso único y de los ídolos mesiánicos.

Y mejor aún, es bueno tener derechos políticos para construir, entre todos, un país donde no se protejan los intereses de los que están vinculados al poder; donde no se construya impunidad, donde no se mienta con la inflación expulsando a la gente a la miseria, y deteriorando las fuentes de empleo y el salario de los trabajadores; donde los jubilados tengan la dignidad de vivir con el 82% móvil, donde se cumpla con la ley de glaciares, donde los medios no estén solamente para transmitir el relato presidencial y la propaganda oficial; donde, como dice el artículo 14 de nuestra Constitución, podamos gozar de los derechos de “trabajar y ejercer toda industria licita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades, de entrar, permanecer y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles, de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender”

La juventud es, en definitiva y aunque desde el oficialismo no se lo vea, mucho más que una netbook y un voto. Jóvenes eran los hombres de Mayo de 1810. Jóvenes los que hicieron la Reforma Universitaria. Jóvenes los que en las guerras de la independencia dieron su vida para que tuviéramos un país. Jóvenes nuestros héroes de Malvinas.

La juventud es el futuro. Potenciemos entonces la inserción de los jóvenes en el manejo de la cosa pública, no ya desde el cargo que solo busca domesticarlo, sino desde su participación, activa y responsable, en la definición de los destinos del Pueblo de la Nación.

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