Ante estudiantes, CFK dejó definiciones trascendentes

Por José Angel Di Mauro

“De sus discusiones con los profesores y sus buenas notas, llegó a la conclusión de que podía ser buena docente, y se decidió a dar clases particulares para hacer unos pesos. Lo hizo un tiempo, pero llegó a pensar que eso no era para ella cuando sintió deseos de cachetear a un alumno suyo al que no había manera de hacerle entender las cosas. Con el tiempo se convenció -y la convencieron- de que era muy didáctica al hablar y tomó a la docencia como su asignatura pendiente. De ahí que su deseo para cuando su esposo dejara la presidencia fuera dar clases en una universidad”.

Este párrafo corresponde al capítulo II del libro Cristina K. La dama rebelde (Sudamericana, 2004), de quien esto escribe, que fue la primera biografía de la hoy primer mandataria, y viene muy a cuento de la experiencia que le debe haber dejado a la Presidenta su paso por claustros universitarios estadounidenses esta última semana.

Sin duda debe haberle seducido a Cristina la oportunidad de “lucirse” ante auditorios universitarios en el país del Norte, de ahí que cuando le llevaron la idea aceptara de buen grado. El cristinismo en general y su jefa en particular están convencidos de la buena llegada de la Presidenta a la juventud. Da fe de ello la buena sintonía con La Cámpora. Eso explica también la convicción con la que el kirchnerismo ha abrazado el proyecto de voto joven, que piensa aprobar en el Senado para el 17 de octubre. No se tuvieron muy en cuenta los reparos de quienes advirtieron sobre los escenarios posiblemente hostiles a los que se exponía a la mandataria.

En rigor, fueron pocas las advertencias con respecto a la Universidad de Georgetown, donde Cristina Fernández inauguraría la “Cátedra Argentina” y se suponía tendría un auditorio más afín e interrogadores más controlados. No así en Harvard, donde es imposible predeterminar el tenor de las preguntas y era muy previsible que no las tuviera todas consigo CFK. No obstante ello, Cristina se animó a afrontar el convite donde ya el año pasado no la pasó bien el chileno Sebastián Piñera.

Quien sugirió que Georgetown sería un paseo, no debe haber dormido esa noche. Y tras ello, el optimismo era muy escaso para la incursión en Boston del día siguiente.

Sofocones al margen, el oficialismo podrá regodearse de haber dejado claro una vez más que la Presidenta monopoliza la agenda política, y que hasta las (pocas) acciones de la oposición son generadas como reacción hacia los gestos presidenciales. Más allá del revuelo generado por la anécdota en torno a las referencias a la Universidad de La Matanza -cuyas consecuencias no serán a la postre relevantes-, dejó referencias trascendentes sobre el pensamiento de la Presidenta sobre cuestiones clave.

Más allá de su consabida opinión sobre el periodismo, Cristina rechazó las críticas a las mediciones amañadas del INDEC, garantizó la prosecución de las trabas cambiarias y habló por primera vez abiertamente de la posibilidad de reforma constitucional. Sobre las trabas cambiarias ya se le había adelantado el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara baja, Roberto Feletti, quien aseguró que se mantendrán las restricciones a la compra de divisa extranjera “hasta que se complete el proceso de pesificación” de la economía nacional. Inflación mediante, las trabas perdurarán en el tiempo.

Con respecto a la reforma constitucional, Cristina dejó en Harvard el título de que no desea una reforma constitucional, porque no depende de ella. Si bien es toda una definición, lejos está de poder ser tomada como una firme negativa a esa posibilidad. Eso nunca sucederá en tanto mantenga el liderazgo de las encuestas. No ha ido tan lejos el kirchnerismo con el objetivo de afirmar la posibilidad de reelección, para eliminarla de cuajo ante la pregunta de un estudiante.

Lo de Cristina sobre un tercer mandato consecutivo fue apenas la confirmación de una obviedad: “la Constitución no lo permite”. Pero puede ser reformada, si hay terceros que lo posibilitan… “Va más allá de lo que yo quiera”, concluyó con la convicción que mantienen firmes en la cima del poder: si el próximo año logran un triunfo holgado, podrán interpretar que es la ciudadanía la que quiere esa continuidad que buscarán con las alianzas convenientes.

Al margen de la experiencia en los claustros, la novedad más saliente que dejó la excursión presidencial por EE.UU. fue la disposición a dialogar con Irán. Una medida controvertida, bienvenida por el país islámico, que sufre como nunca el aislamiento propiciado por Estados Unidos, Europa y su enemigo eterno Israel. Mas esa necesidad del régimen de Mahmud Ahmadineyad difícilmente garantice resultados concretos a nivel judicial. Irán nunca entregará a los sospechosos del atentado contra la AMIA que reclama la Justicia argentina.

Esas dudas -que comparte el gobierno argentino- fueron ratificadas por las organizaciones judías, que previsiblemente mostraron su rechazo a la postura anunciada por nuestro país ante la ONU. El gobierno israelí fue el más contundente en ese sentido. Con la convicción de que Argentina no tiene nada que perder y que esta predisposición va en línea con la estrategia planteada ante el Reino Unido por Malvinas, nuestro país se sentará con la delegación iraní en Ginebra en octubre. Mientras tanto, no faltan quienes sugieren reparar en el detalle de los ingresos superiores a los mil millones de dólares anuales que genera el comercio con Irán, pese a las deterioradas relaciones.

Jaqueado por una guerra que muchos consideran inevitable, Irán necesitará armas -que ya tiene-, pero sobre todo alimentos, y Argentina es su segundo principal proveedor en la materia.

Sin demasiada convicción, la oposición ha pedido sobre este tema la presencia del canciller Timerman en el Congreso, aunque no tiene la fuerza numérica para forzar allí la presencia de ningún funcionario. Siente en cambio que sí le rinde militar contra una eventual reforma constitucional, y para ello han emprendido cruzadas separadas la UCR y el FAP. Unos y otros se han planteado recolectar firmas contra esa medida. El Frente Amplio Progresista ya se ha adelantado en ese cometido que le permite mostrar un poco a su principal referente, Hermes Binner, cuya figura esperan reposicionar a partir de una resonante victoria que descuentan el próximo año en Santa Fe.

El peronismo anti K, mientras tanto, ha iniciado contactos para aglutinarse, y encontró en el aniversario del asesinato de José Rucci un evento convocante, al generar un masivo acto esta semana frente a los tribunales de Comodoro Py. Están dando los primeros pasos y al frente ya se ha ubicado el cordobés José Manuel de la Sota, aunque están atentos a los tiempos de Daniel Scioli.

El PRO por su parte sufrió la deserción bonaerense de Gabriela Michetti, que los hace pensar a regañadientes en una nueva alianza con De Narváez, quien no deja de hacer señales hacia Scioli. Podría repetirse entonces la experiencia de 2009 de Unión-PRO, aunque en unos y otros ronda aquella sensación de que nunca segundas partes fueron buenas…

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