Por Alberto Asseff
En el Salón Azul del Senado experimenté el martes 27 de noviembre pasado una intensa emoción. Es que los senadores Adolfo Rodríguez Saá , Juan Carlos Romero, Ernesto Sanz y Luis Naidenoff nos habían convocado, a mí y muchos otros legisladores y público en general para conmemorar los 40 años del abrazo del general Perón y el Dr. Balbín, símbolo de reconciliación y unidad.
Fui protagonista del proceso que desembocó en ese abrazo. En 1966, siendo realmente casi imberbe, le escribí a Perón en mi condición de secretario general de la juventud Radical. El general me contestó desde Madrid exultante de contento. A partir de allí trabajamos largo y mucho para tender no uno sino varios puentes entre peronistas y radicales. Debo mencionar al radical mendocino Facundo Suárez –que fuera diputado nacional y presidente de YPF durante el gobierno de Arturo Illia- como uno de los principales artífices de ese acercamiento. Fue el primero en apoyar mi tarea política pro encuentro Radical-Peronista. A lo largo de más de seis años se fue avanzando. Hasta el Dr. Miguel Angel Zavala Ortiz –excanciller de Illia y quien lograse la famosa Resolución 2065 de la ONU sobre Malvinas– respaldó mi iniciativa, a pesar de sus furibundos antecedentes antiperonistas.
Hace 40 años soñábamos con una Argentina unida. Perón y Balbín sellaron, con su abrazo, el inicio de un nuevo ciclo.
Desgraciadamente, hoy pareciera que tenemos que reandar el camino. Seguimos anhelando la unión, ahora con el nombre de políticas de Estado, es decir esas siete o quizás doce –cuantas más, mejor para el país- estrategias que se sustraen a las pujas partidistas para pasar a formar parte de los objetivos comunes para todos.
El martes me sentí emocionado y feliz pues recordábamos un hecho bueno para la Argentina.
Dr. Alberto Asseff. Diputado Nacional por UNIR, Prov. De Buenos Aires, integrante del Peronismo Federal