“El 54% no habilita al oficialismo a hacer cualquier cosa”

El diputado radical Hugo Maldonado opina sobre las demandas del 8N y las de su provincia, Chaco. Sostiene que “el porcentaje de la elección es una fotografía del momento” y que, además, el oficialismo está dispuesto a “deformar la República” a través de una reforma constitucional.

Como presidente de la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados, el chaqueño Hugo Maldonado no pierde de vista los reclamos de su provincia: “Vengo de una región donde el desarrollo es negado”, alerta. Por otra parte, se hace eco de las demandas del 8N y sostiene que “la movilización hizo un ejercicio de democracia activa que el Gobierno no quiere”.

En una charla con Semanario Parlamentario, el radical señala que “si hay algo que los kirchneristas odian de esta Constitución son los institutos de control”, y arriesga que no sólo irán por la reforma para habilitar la re-reelección, sino también para “deformar la República” al estilo del populismo.

– Usted fue doce años legislador provincial, ¿qué demandas tiene hoy por hoy el Chaco?

– Quiero destacar el espíritu de algunas de mis iniciativas, y esto tiene que ver con trabajar con temas vinculados a la integración del país. Yo sostengo que hay una Argentina que sigue siendo concentradora, caprichosa, que pone a los habitantes en distintos niveles y status. Hay una Argentina que ha crecido, pero que no se desarrolla armónicamente. Este crecimiento sirve para determinadas cuestiones, pero no hay un desarrollo armónico. Yo acentúo esto porque vengo de una región donde el desarrollo es negado por parte de las políticas que lleva adelante el Estado en todo su proceso histórico, y fundamentalmente en estos tiempos, cuando la presidenta dice que estamos viviendo la “panacea” de los 200 años. Cuando vivimos esto, es cuando se deben llevar adelante políticas que integren y que nos den igualdad de oportunidades a todos.
Yo vengo de la región adonde no tenemos gas natural a través de redes, y este año discutimos un Presupuesto donde no hay una letra que hable de esta obra que es tan importante. Vengo de la región adonde pagamos la energía más cara: determinados sectores que están muy subsidiados, como Capital y el Gran Buenos Aires, pagan entre 4 y 14 centavos la hora kilowatt, y si comparamos esto con mi región, nosotros pagamos entre 16 y 31 centavos. Vengo de la región adonde casi el 55% del territorio de la región NEA no tiene servicio de agua potable. En este momento se está discutiendo la reforma del Código Civil y de Comercio, y nosotros vimos que el tema puntual del agua como derecho fue incluido en la propuesta de la comisión redactora, pero el Poder Ejecutivo eliminó ese artículo, el 240, por eso presenté una iniciativa vinculada a la reincorporación del derecho al acceso al agua potable en el proyecto de reforma. También tengo un proyecto de compensaciones tarifarias, donde no estoy incluyendo el desafío de un nuevo impuesto, o de tomar plata del Presupuesto nacional, sino modificar la fórmula del subsidio.

– ¿Y cuál es su opinión sobre otras demandas, como las de la movilización del 8N?

– Había una diversidad de temas, pero me parece que en general se confluyó en tres: seguridad, inflación y respeto a la institucionalidad, donde está incluida la “re-re”, el repudio a la intromisión por parte del Poder Ejecutivo al Poder Judicial, y un mensaje a la política en general, para que el oficialismo ponga límites donde tiene que poner. El 54% no habilita al oficialismo a hacer cualquier cosa. El político tiene que tener en claro que el porcentaje de la elección es una fotografía del momento, que por supuesto da legitimidad, pero la gente en general dijo “no estamos de acuerdo con el Poder Ejecutivo”, aunque tampoco nos convocó a los partidos de la oposición para ser cabeza, eso quiere decir que con nosotros tampoco está de acuerdo con algunas cuestiones.
Hay una contradicción en el discurso del oficialismo: cuando Cristina (Fernández) saca el 54% de los votos, ellos decían “ganamos en Barrio Norte, ganamos en los lugares donde estuvo la movilización del campo”, es decir que en ese momento valoraban esos votos; estos son los mismos que estuvieron en todas las plazas de la República Argentina, porque una cosa es la fotografía del Obelisco, pero yo vi movimientos en Caballito, en Olivos, como los vi en mi ciudad, Resistencia. Entonces no se puede ser tan suelto de lengua, haciendo una subestimación a la memoria de la sociedad. La gente tiene en claro qué quiere. La movilización hizo un ejercicio de democracia activa que desde el Gobierno no se quiere. El Gobierno quiere una democracia muy activa el día de la elección, saca muchos votos y después dice “váyase a la casa, yo hago lo que quiero”. Es la manifestación del populismo que acciona el Gobierno, que es nada más y nada menos que algunos gobernando y disfrutando, los otros obedeciendo y una Argentina partida en dos, aunque no interese cuáles son las consecuencias.

– La gente que protestó no tiene un líder opositor que encabece esas demandas, ¿qué piensa de esto?

– Yo creo que hay una expresión atomizada de la oposición, esto no es bueno, deberíamos tener alguna coincidencia en acciones para consolidar la institucionalidad, y también tenemos que avanzar en frentes electorales. Pero me parece que la presidenta se da mucho margen para hablar de lo que le corresponde a los vecinos y hace una negación de lo que tiene que hablar dentro de su casa.

– Sobre el tema de la re-reelección, ¿no cree que fue instalado más por los medios o por ustedes, la oposición, que por la propia presidenta?

– ¿Por qué la oposición se tiene que expresar? Porque son mínimos los canales de expresión pública. El Parlamento, dentro de la tríada de la República, es el único poder que expresa diversidad. La República delibera en el Poder Legislativo: yo digo lo que creo, lo que siento, lo que necesito, critico, porque ese es mi rol. Los medios de comunicación están concentrados en manos del Gobierno: los propios del Gobierno, los de las organizaciones sociales que están financiadas por el Gobierno, y los medios de los amigos del Gobierno. O sea, no tenemos canales por donde expresarnos. Entonces cada vez que tenemos una oportunidad hablamos de estas cuestiones porque sabemos que los comunicadores concentrados del oficialismo no tienen la necesidad de hacer estas cosas, porque ellos desarrollan una estrategia a través de sus operadores comunicacionales y de la propiedad de los medios de comunicación. Yo, particularmente, soy un reformista, he militado por la reforma en el más amplio sentido de la palabra. No tendría problema de que se discutiera en Argentina el proceso de re-reelección; el tema es que este proceso de reforma tiene implícita la reforma integral de la Constitución.

– ¿Y qué otras cosas cree que el oficialismo está dispuesto a modificar de la Constitución?

– Por ejemplo, deformar la República, al estilo del pensamiento de (Ernesto) Laclau. El populismo no admite la división de poderes ni la expresión de otros sectores. El modelo de populismo que sostiene Laclau es ese. Consecuentemente, la estructura constitucional que tiene la República Argentina no sirve para el modelo que propician, entonces no es solamente la “re-re”, sino que es hacer una Constitución kirchnerista. Van a tomar atajos para que esa figura fuerte del populismo, en este caso la presidenta Fernández de Kirchner, tenga la concentración total de las decisiones, con la menor deliberación. El per saltum, por ejemplo, que ahora es una demanda exclusiva en una puja que tiene el Poder Ejecutivo con un sector de medios de comunicación, después será una cuestión permanente.
El per saltum no va a ser un instituto que sirva al conjunto de la sociedad, sino específico para el interés del Estado a través del Gobierno. Todas estas cosas pueden avanzar peligrosamente en la Argentina si se abre un proceso de reforma constitucional. Sobre la reforma del ’94 dicen “esa es la reforma del neoliberalismo”. Pero esa reforma avanzó muchísimo en términos de progresismo constitucional. Fíjese los controles: si hay algo que odian de esta Constitución los kirchneristas son los institutos de control. La AGN es el ícono. La máxima expresión del desafío de Cristina fue decir “a mi me tienen que temer porqué soy semidios”.

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