La antipolítica, los agravios y la sátira

Por Juan Carlos Díaz Roig

Los griegos, cuna de nuestras civilizaciones occidentales, dividían a los hombres en dos clases. Una, que se ocupaba sólo de su hacienda, su familia y sus intereses; la otra que, además de ello, se ocupaba de las cosas de la “POLIS”, es decir, de la ciudad, del Estado.

A estos últimos los tenían en alta estima, y los llamaban “Politikoons”. Y de allí nació la palabra político.

A los primeros los denominaron “Idiots”, y de allí nació la palabra “idiota”, porque realmente sólo un idiota puede creer que puede realizarse solo, si no es en una comunidad que se realiza.

Una fuerte tendencia sobre todo de los medios de comunicación, máxime de los grupos hegemónicos, ha conseguido convencer, a masas enteras, que los culpables de todos los males, son los políticos y la política.

A ello, se suma, por una parte que algunos políticos, con algunas actitudes, alimentan esta versión, y por si fuera poco, que otros, utilizan permanentemente el agravio, la diatriba y el vilipendio para debilitar al adversario.

Por ello, como decía Perón, debemos constituir una COMUNIDAD POLÍTICA, en la que aprendamos a respetar nuestra diversidad de ideas, elevando el nivel de discusión, pero defendiéndonos unos a otros. Ya que, como decía NÉSTOR KIRCHNER, es portando nuestras verdades relativas, que construiremos la verdad común.

Pero a ello, se suma ahora la utilización de la SATIRA, para ridiculizar al adversario.

En las últimas décadas, la farándula argentina ha institucionalizado el uso de groserías y malas palabras, con la excusa de la facilidad de su comprensión, reemplazando con ellas el alto nivel cultural de nuestro teatro y nuestro cine de las décadas del 40’ y el 50’, amén de haber servido a las sucesivas dictaduras para distraer la atención con películas y obras teatrales procaces y vacías de todo contenido o reflexión profunda.

Quinto Ennio, aquel calabrés que originó la Sátira, y que acompañara como bufón a CATON el Mayor y a ESCIPION el Africano, admirado por su poliglotismo, fue sin embargo siempre vituperado por el uso de un lenguaje soez, ejemplo de ingenio grande pero también de arte grosero.

DEL SEL no tiene ni los conocimientos, ni la profundidad del pensamiento de aquel, a quien elogiara OVIDIO, pero en cambio, utiliza términos mucho mas groseros y chabacanos.

Y como si fuera poco, después de agraviar, pide disculpas.

Juan Carlos Díaz Roig es diputado nacional

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