Cristina anunció el inicio de una nueva cruzada

Por José Angel Di Mauro

Se siente a gusto Cristina en el Congreso. No es para menos, allí se hizo conocida y edificó la mayor parte de su carrera política. Doce años habitó el Parlamento nacional -8 en el Senado y 4 en Diputados-, a los que habrá que sumar otros 6 como diputada provincial en Santa Cruz, de ahí su experiencia legislativa que la transformó en una formidable oradora. Es la primera presidenta que no lee sus discursos de apertura de sesiones ordinarias, y los mismos son cada vez más extensos. Este año batió por 15 minutos el record de 2012, cuando habló tres horas y cuarto.

La similitud entre los mensajes de este año y el anterior no se limita al tiempo. En 2012 había una gran expectativa por lo que fuera a decir Cristina sobre el entonces reciente accidente de Once, la cuestión Malvinas y Repsol-YPF, en momentos en que crecían las versiones de una eventual expropiación. De la tragedia sólo se hizo un minuto de silencio al llegar la Presidenta, que no tuvo anuncios sobre la cuestión ferroviaria; sobre Malvinas Cristina comunicó un intento de renegociación sobre los vuelos a las islas que jamás prosperó; y respecto de la petrolera no hizo ningún anuncio. Pero ya se sabe cómo terminó esa historia.

Esta vez las mayores expectativas estaban puestas en la tan mentada “democratización de la Justicia”. Conocido el estilo K, se sabía que la Presidenta daría en el Congreso las señales de la embestida sobre el campo judicial luego de que en la semana diversos voceros se ocuparan de preparar el terreno. Sobre todo la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, que concedió una serie de reportajes en los que dejó claro ese objetivo. La sucesora de Esteban Righi es hoy un alfil de la estrategia cristinista en esta batalla con el Poder Judicial en general y la Corte en particular.

Como para que quedara bien claro a quien se refería Cristina cuando hablaba del tema, la televisión oficial se ocupó de mostrar seguido el rostro del presidente del Tribunal Supremo, Ricardo Lorenzetti. Estilo K en su plena expresión.

También al hacer los anuncios, se apeló al mecanismo que mejor maneja el kirchnerismo. Como sucediera en su momento con la Ley de Medios, el proyecto de democratización de la justicia está rodeado de buenas intenciones y elementos destinados a concitar adhesiones en la oposición, pero el eje central pasa por la renovación del Consejo de la Magistratura. También de la creación de tribunales de casación, pero esa instancia contará siempre con la palabra final de la Corte Suprema, así que no altera demasiado el panorama. Y sobre lo de reglamentar las cautelares, el tema cosecha adhesiones, mas no está a tiempo de aplicarse en las cuestiones que llevaron al gobierno a ocuparse del mismo.

El Consejo de la Magistratura pareciera ser un karma para Cristina Fernández, cuyo nivel de conocimiento público explotó cuando en 1997 la echaron del bloque justicialista del Senado, precisamente al negarse ella a apoyar el texto de creación del mismo, con lo que impidió lograr el número necesario para insistir con la sanción original del proyecto.

Ya en 2006, con ella aún senadora pero ya primera dama, no sólo votó, sino que motorizó la reforma de ese organismo, reduciendo su composición de modo tal que fuera más manejable para el oficialismo. Pero la derrota de 2009 modificó el panorama allí y esa es la raíz de la tirria kirchnerista con el Consejo al que ahora quiere democratizar.

Semejante proyecto abre un sinnúmero de interrogantes que irán develándose a partir de que en los próximos días el gobierno envíe al Senado -seguramente comenzará por allí- el paquete de iniciativas pertinente. ¿En qué elección se votaría a los miembros del Consejo? ¿En las primarias, en las generales de octubre, o en elecciones separadas? ¿No se arriesga el kirchnerismo a una derrota que lo deje peor de lo que está? Con todo, más allá de esta coyuntura, está claro que si bien la elección directa democratiza ese cuerpo, lo hará más dependiente del poder político.

El otro anuncio gravitante pasó por el tema de la deuda con los holdouts. Mientras la Presidenta abordaba la cuestión recordando la reciente audiencia en Nueva York con los fondos buitre, el tribunal neoyorkino remitía a Buenos Aires un pedido de precisiones sobre la manera como la Argentina afrontará el pago a esos bonistas. La seguridad presidencial respecto a que nuestro país honrará sus deudas, vino a compensar la mala sensación dejada ante el tribunal el día de la audiencia, cuando cumpliendo el mandato del gobierno los abogados de la parte argentina aclararon que nuestro país no acataría un fallo desfavorable.

Además de pedir información, la nota remitida por la Cámara de Apelaciones de Nueva York le da aire a la Argentina, al dar tiempo hasta el 29 de marzo para responder, lo cual permitirá que nuestro país pueda cumplir con el próximo vencimiento del canje de deuda, pautado para dos días después. Teniendo en cuenta que el vencimiento venidero es a mediados de año, no hay riesgos de un eventual “default técnico” sino hasta entonces.

Cristina dijo que se les va a pagar a los fondos buitre… pero sólo si aceptan cobrar del mismo modo que lo hicieron quienes conforman el 93% que sí entró al canje. Lo cual hace presuponer un rechazo de los acreedores, pero de todos modos no hay que convencer hoy a aquellos, sino al tribunal norteamericano. Para eso, algunos legisladores oficialistas anticipaban el viernes su presunción de que en los próximos días el gobierno envíe un proyecto al Congreso para reabrir el canje y poder ofrecer pagarles sin infringir la ley argentina. Pero otras fuentes aclararon que eso no es seguro, pues se estaría pensando en una oferta diferente, que no necesitaría de una ley argentina. Se habla de un bono especial, que reconozca un mayor porcentaje, pero a más largo plazo. O una alternativa por el estilo, que podría conocerse para antes de Semana Santa, plazo fijado por los jueces norteamericanos.

En una de esas frases que dejó para recortar y enmarcar, la Presidenta dijo también que no piensa reformar la Constitución. Pero semejante sentencia que abrió todo tipo de discusiones en el Congreso el mismo día de la asamblea, deberá ser acotada al contexto en que fue expresada.

“No se va a reformar ninguna Constitución, quédense todos tranquilos. Así que los que pensaban que esto de la democratización de la Justicia era una excusa, ¡que se olviden!”, dijo Cristina, hablando específicamente de los cambios impulsados en el área de la Justicia. Debe quedar claro que el gobierno no está pensando en una reforma constitucional con esa excusa por el simple y solo hecho de que semejante medida no podría prosperar. Como quedó demostrado las dos últimas semanas con el acuerdo con Irán, si bien el kirchnerismo puede aprobar todo lo que envíe al Congreso, está muy lejos de tener los dos tercios necesarios para una reforma. En ambas cámaras apenas si superó el 50%…

Lo cual no implica que no siga pensando en la re-reelección, para un futuro en el que deberá primero asegurarse un buen resultado en octubre. Aunque aun así seguirá sin tener los dos tercios.

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