Uno de los primeros reportajes a Hugo Chávez publicados en Argentina

“Los desafíos de un movimiento latinoamericanista desde una propuesta cívico-militar”. El título corresponde al que tal vez haya sido el primer reportaje a Hugo Chávez, publicado en medios argentinos. En este caso, apareció en Semanario Parlamentario, cuando el joven venezolano era entonces un aspirante a la presidencia.

No por muy previsible, la noticia del deceso de Hugo Chávez dejó de causar conmoción en el ámbito político local. Y se notó fuerte en el Congreso de la Nación, donde oficialistas y opositores, simpatizantes de Chávez y adversarios confesos, expresaron sus condolencias inmediatamente después de conocida la muerte del presidente que sin dudas dejó una marca imborrable no sólo en su país, sino en la región.

“Comandante Hugo Chávez, un presidenciable venezolano”, rezaba la volanta del reportaje publicado mucho antes de que el entrevistado llegara a su poder, en el marco de una entrevista realizada por Semanario Parlamentario en Buenos Aires, a mediados de 1994. En estas circunstancias, entendemos que vale su publicación, a modo de documento, para ver cuál era el pensamiento de quien entonces era conocido como un militar que había impulsado un golpe de Estado, pero que ahora aspiraba a la presidencia por la vía del voto. Ya entonces lo llamaban “comandante”.

A continuación, la entrevista realizada por el periodista Daniel Parcero:

En su estrategia de conformar un movimiento político cívico-militar de integración regional latinoamericanista, el comandante venezolano “carapintada” -aunque reniega de ser caracterizado como tal- Hugo Chávez Frías, líder del movimiento Revolucionario Bolivariano 2000, llegó a nuestro país y mantuvo un diálogo con Parlamentario. Quien protagonizara el levantamiento militar de Venezuela en febrero de 1992, no descarta la posibilidad de llegar a la presidencia de su país, expresa sus diferencias con los “carapintadas” argentinos que lo reivindican -a excepción del comandante Sagastizabal y su Frente por la Patria-, y asegura que se puede ser antiimperialista sin llegar a una guerra con Estados Unidos, sin pagar la deuda externa por lo menos por cinco años.

– ¿Cómo se define políticamente?

– Como un revolucionario. Un nacionalista bolivariano. Un hombre entregado a la causa de la transformación de estos pueblos de América Latina.

– Muchos dicen que usted es izquierdista, otros lo asocian a la derecha nacionalista. ¿Cómo se considera?

– Son tantos los apellidos que quieren ponerle a uno… Para mí, un signo ideológico es ser bolivariano. Pero no tenemos ningún prejuicio en hablar con gente de izquierda o derecha. Nuestro ensayo consiste más bien en una corriente nueva.

– ¿Cuál es su afirmación respecto a quienes sostienen la muerte de las ideologías?

– ¿Quién puede creer en la muerte de las ideologías? Frente a quienes las sustentan y quienes las niegan, yo hablo de un proyecto de Nación. Como Simón Bolívar, creo que América meridional no debe imitar modelos. Nos resistimos a la corriente que viene del Norte. El conflicto es Norte-Sur.

– ¿Usted es antinorteamericano?

– No. Soy antiimperialista.

– ¿No le parece una definición algo clásica, fuera de moda?…

– En absoluto. Existen muchos que han dejado de ser antiimperialistas. Pero no porque el antiimperialismo haya dejado de existir, sino porque de alguna u otra manera se entregaron al imperialismo. El imperialismo existe y yo soy profundamente antiimperialista.

– ¿Qué piensa del presidente Menem?

– No deseo inmiscuirme en asuntos de política interna, no vine a hablar sobre su Gobierno. Aunque no puedo dejar de expresar mis grandes dudas sober la participación de este país en la invasión de Haití, signo de un alineamiento automático, olvidando que en Malvinas los norteamericanos apoyaron a Inglaterra, y el resto de los pueblos, a excepción del Gobierno colombiano, e incluso aquel pueblo, apoyamos, aplaudimos y lloramos por la guerra de Malvinas. Es difícil entender esto y a uno se le borra cualquier signo positivo.

– ¿Qué piensa de Fidel Castro?

– Fidel es un símbolo de dignidad. Independientemente de que podamos tener diferencias ideológicas y de los problemas terribles que atraviesa Cuba.

– ¿Qué opina respecto del Subcomandante Marcos y el Movimiento Zapatista?

– Va desde aquí toda mi solidaridad al pueblo de Chiapas y a los indígenas de Chiapas. Apoyo a las luchas justas de los pueblos sometidos.

– ¿Cómo define a su movimiento?

– De una fuerte carga histórica en la compaginación de su ideología. Nos sostienen tres raíces: Simón Bolívar; Simón Rodríguez -filósofo venezolano-; y Ezequiel Zamora -líder popular de la Revolución Federal o Guerra de los Cinco Años, en el siglo pasado-. Admiro a Emiliano Zapata, al general Omar Torrijos, al general Velazco Alvarado.

– ¿Ha reflexionado respecto al alzamiento militar que protagonizara en Venezuela en 1992? ¿Se ha arrepentido?

– Me arrepiento de los errores. Uno siempre tiene que arrepentirse. Pero en general, no me arrepiento de la rebelión. Los muertos duelen; pero cuando uno ve a la realidad venezolana, cualquier arrepentimiento es borrado. Aquella insurrección estaba justificada. Lo que hicimos fue correcto. Sobre todo, fue justo.

– Pero ustedes quisieron violar el orden constitucional y derrocar a un gobierno surgido del voto popular. Existe una teoría que dice que donde hay autoritarismo no hay democracia; en tal sentido, ustedes no han sido democráticos, ¿no le parece?

– Debemos partir de qué se entiende por democracia. No había orden democrático en Venezuela. Yo no he conocido democracia en Venezuela. (Carlos Andrés) Pérez había sido elegido por una parte del pueblo, pero en sus actos fue en contra de los intereses que debió representar. Perdió legitimidad, la legitimidad del tránsito, que se llama. Aunque tenga legitimidad de origen, la perdió en el tránsito. En tal sentido, los pueblos tienen el derecho a la rebelión. La Constitución venezolana lo dice claramente. Nosotros los militares que juramos defender la Patria y sus instituciones hasta perder la vida, no irrumpimos contra ningún principio democrático. Quisimos defender las instituciones y queremos una democracia real para Venezuela.

– ¿Qué relación tiene con los militares venezolanos?

– Muchísima. Estuvimos muchos años juntos… En una encuesta realizada por el propio Gobierno, el 80% de los militares está con nosotros.

– Frente a una instancia electoral, las encuestas en su país lo ubican en el primer lugar ante la expectativa ciudadana…

– Debo admitirlo. A veces primero, otras segundo, pero es cierto. Debo aclarar que no tengo eso como objetivo vital, pero es cierto que la gente me lo pide. Tenemos planes de corto plazo, me refiero a planes de Gobierno. Pero nuestro proyecto es de largo plazo. Es un proyecto para transformar nuestro país actual en otro país futuro.

– En caso de ser presidente de Venezuela, ¿cuál será su posición frente a Estados Unidos, la deuda externa?…

– En el plano internacional, nosotros no planteamos una lucha contra Estados Unidos.

– ¿Cómo, no era antiimperialista?

– Por su puesto. Y en tal sentido exigimos un techo de soberanía mínima. No orientamos la política internacional a una lucha, pero si a fijar los términos de soberanía. En cuanto a la deuda, no pagaremos la deuda tal como está planteada. Y no porque no queremos, sino porque no podemos. Venezuela invierte el 35% de su ingreso en el pago de la deuda. Hemos pagado la deuda dos veces y se sigue incrementando. Entonces es necesario que se ponga bravo quien se ponga bravo, y nos amenace quien nos amenace, hacer una moratoria. Y para ello no decimos tomar decisiones unilaterales, sino a partir de un entendimiento. Pero si en esto no se acuerda y si nos amenazan o nos invaden, estaremos de pie. Tiene que arribarse a una solución pacífica. Una Nación no puede quebrar ni ser hipotecada. Además, gran parte de la deuda es ilegal, viola leyes nacionales e internacionales, y por otra parte es impagable en los actuales términos, y por último sostenemos la necesidad de moratoria por cinco años.

– Lula planeaba algo similar y luego fue modificando el discurso…

– No es el caso de Venezuela. Nosotros venimos diciéndole a nuestro presidente que debe decretar la emergencia nacional y decirle al mundo que estamos en emergencia. Se trata de obrar con sinceridad, comenzando por sincerarse el Gobierno para luego plantarse con propuestas de acuerdo con esa emergencia.

– ¿Su nuevo viaje a nuestro país puede entenderse como una estrategia de expansión de su movimiento?

– Sin duda, un movimiento que se dice bolivariano, para ser bolivariano, debe plantearse el latinoamericanismo y abarcar Latinoamérica. Hemos hecho contactos aquí, en Panamá, en Colombia y con otros dirigentes latinoamericanos que coinciden en la integración y liberación latinoamericana. Respetando la autonomía de cada país, pero que sea sumatoria de una direccionalidad estratégica por un destino mejor de nuestros pueblos.

– ¿Qué opina del coronel Seineldín y su planteo de una internacional “carapintada”?

– Como a todo ciudadano, lo respeto. Creo que lo de Seineldín, en el sentido que usted apunta, tiene mucho que ver con la gente de La Rouche. Una intención de meter en un mismo saco a fundamentalistas, extremistas y militares latinoamericanistas nacionalistas, con un anzuelo que es el de la lucha por la eliminación de los ejércitos latinoamericanos. Son grupos que tienen una revista y un buen manejo, y muchos recursos. Extraño, ¿no? Me horroricé cuando vi la verdad de sus planteos.

– ¿Por qué?

– Porque son fundamentalistas, en referencia a La Rouche, y Seineldín está muy pegado a ellos.

– Sin embargo usted mantiene una relación muy estrecha con el comandante argentino De Sagastizábal, que fuera uno de los jefes de las rebeliones de diciembre del 88 y de diciembre del 90. ¿Cómo lo explica?

– Es muy simple. Uno es Seineldín, sobre quien ya le expresé mi opinión, y otra persona distinta es De Sagastizábal. Ya no es uno de los jefes de Seineldín, ahora conduce su propio proyecto político cívico-militar, que es el Frente de la Patria.

– ¿Qué plantea el Movimiento Revolucionario 2000 concretamente?

– Decimos de hacer un frente. Decimos de agrupar a estudiantes, sindicatos, campesinos, intelectuales y gente de otros partidos, descontentos con las alternativas que se presentan. Ya nadie cree en Venezuela en los partidos tradicionales, los congresistas ya no representan a nadie y existe un alto índice de abstencionismo. No existen mecanismos de control de gestión, no hay castigo, hay impunidad. Urge la consolidación de un frente político cívico-militar portador de un proyecto nacional, y con una estrategia de integración regional.

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