Autoridad y autoritarismo

Por Carolina Perin

El estallido de violencia en una sociedad que, reclama día a día por la inseguridad, nos compromete a los ciudadanos que en ella vivimos a reflexionar sobre las diferentes motivaciones que la producen.

Creo no equivocarme si digo -que muchos de los que transitamos por la mediana edad- sin duda recordaremos momentos que colaboraron en nuestra formación, que estuvieron enmarcados dentro del: “Esto se puede hacer y esto no”.

Y esos momentos no eran propiedad de una determinada clase social sino, diría yo, de una autoridad moral que surgía de la prédica y del ejemplo.

Los niños de entonces desde chicos ya sabíamos lo que debíamos hacer y lo que no nos estaba permitido.

Había conductas que formaban parte de lo cotidiano; como el saludar con un “buenos días”, dejar pasar primero a la persona mayor, no interrumpir la palabra de quien está hablando, levantarnos para saludar al profesor que ingresaba en el aula y muchas otras más que, no por sencillas, dejaban de ser verdaderamente importantes.

Sin duda, las picardías y rebeliones a los mandatos también coexistían, pero eran propias de eso, de travesuras que no hacían daño al que teníamos al lado sino más bien a nosotros mismos en la certera reprimenda que sin duda recibiríamos.

Me pregunto: ¿Cuándo empezó eso de confundir la aplicación de la autoridad con el autoritarismo?… Y creo que fue con el miedo que sobrevino a los años de la dictadura.

Fue después del afán de la sinrazón del Estado, que los argentinos no pudimos recuperar la autoridad.

Fue después de comprobar que esa autoridad que debía emanar del voto popular, había pasado al autoritarismo encubierto que tiene quien ocupa un lugar por la fuerza y que pretende disfrazarlo de autoridad.

¡Qué triste!…
Porque en democracia autoridad es la potestad que ejerce una persona en virtud del papel social que desempeña.
Mientras que el autoritario es el déspota, el intolerante… el que no permite que nadie discuta sus acciones.

Y los argentinos no nos curamos aún de ese autoritarismo social.

Por eso son pocos los que se animan a ejercer la autoridad.

Este fin de semana tres hechos trágicos denotaron esta situación:

Una joven de 17 años fue brutalmente asesinada a pesar de haber entregado la totalidad de la recaudación de la caja del kiosco en el que trabajaba, provocando una pueblada en Junín en donde los que protestaron no se sintieron representados por la autoridad que debía haber respondido en la construcción de una sociedad que pudiera haber previsto este hecho.

Karen Campos murió…

Pero antes, nadie quiso alimentar la cadena de autoridad… o porque al poder político le resta votos o porque los marginales son mano de obra que sirve al poder de turno o porque policías se sienten rehenes de situaciones jurídicas, en donde el delincuente sale a las 48 horas, y probablemente viva a dos o tres cuadras de donde vive el policía con su magro sueldo.

En Núñez, chocaron hinchas de River y de Colón; y tres sufrieron heridas de arma blanca.

¿Cuánto hace que esto ocurre?

Yo le pregunto:

– ¿Cuánto hace que la televisión no transmite un acto de prevención en los ómnibus en donde son trasladados los hinchas?

– ¿Cuántas veces se revisan los buches de esos ómnibus? ¿Sólo llevan ahí las banderas?

– ¿Comparó Ud. por casualidad las imagines de un Boca – River, o de un Independiente – Racing, de la época de nuestros padres con la actual?

Piense por un minuto, recuerde, visualice…

– ¿Eran las mismas tribunas que ahora?

– ¿Había la misma droga que ahora?

– ¿Existía el Paco?

– ¿Puede una máxima autoridad nacional decir que Junín se parece más a Rosario que a una ciudad agrícola ganadera?

– ¿Qué tienen de diferentes? ¿Pertenecen a diferentes países?

Dijo que eran parecidas porque el narcotráfico se había apoderado de ellas.

– ¿Y de quién es la responsabilidad? ¿Suya, mía?

¿De quién es?

– De la familia que con amor crió a Juan Pedro Tuculet, deportista, rugbier en La Plata?

Si cada uno, ejerciera la autoridad, que aceptó al ser investido de ella, nada de esto pasaría pero…
Cada uno cuida su quinta y entre todos no somos capaces de crear un mercado concentrador.

El intendente acusa al gobernador. El gobernador al gobierno nacional, el policía al juez, la maestra a la directora y ella a la Directora de Escuelas, el padre o la madre muchas veces a la maestra.
La ministra, al gobernador que no sabe administrar y por eso le da los fondos a la cooperativa -que si no pertenece a tal o cual partido- deja sin cobertura educativa, ni médica al que no milita en ella.

Y ahí están los miles de NN, los que ni trabajan ni estudian, porque se sienten invisibles en una sociedad que los traspasa así como traspasa a diario la bala del arma robada y sin registro nacional, la vida inocente de tantos conciudadanos.

Como conclusión: autoridad y autoritarismo no son lo mismo.
NO, son bien diferentes.

Sólo se trata de que la autoridad sea ejercida por aquellos que tomaron el compromiso.

Sin miedo, y en la convicción de que muchos ciudadanos estaremos junto a ellos, cada vez que la ejerzan.

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