El legado fascista de Chávez

Por Aníbal Hardy

En Latinoamérica sigue existiendo restos de una izquierda, que no se resigna, pese al fracaso de la URSS, es hoy un sector sin norte y huérfano, que profiere vítores en memoria de Hugo Chávez. Al líder del Socialismo del Siglo XXI, lo califican de gobernante populista, pero en realidad ha sido un gran caudillo fascista. Este termino, viene siendo utilizado y muy mal entendido desde hace tiempo, y en general las izquierdas siempre odiaron al adjetivado. En síntesis, el género del fascismo es el nacionalismo y lo que lo especifica es el corporativismo organizado desde el Estado y en reemplazo de la Democracia Liberal.

El fascismo, el real, el de Mussolini tuvo características muy concretas, que hizo temer a las izquierdas, precisamente porque era una forma de socialismo que, dado el carácter nacionalista, resultaba muy peligroso como rival. Igualmente no pocos historiógrafos sostienen que el fenómeno nazi-fascista alemán comenzó cuando una abrumadora mayoría de ciudadanos alemanes eligió a Adolf Hitler como Gran Canciller de la Alemania (1933). Hitler ofreció entre otras cosas, reivindicar la identidad y el honor del pueblo alemán (chauvinismo puro) y combatir a sus enemigos “naturales”: los comunistas y los judíos. Los primeros, porque estaban atentando contra “los derechos” de la clase empresarial, la clase que produce. Los segundos, porque habían desarrollado una suerte de monopolio bancario y empresarial de manera que dominaban el sector especialmente comercial y financiero. Esto, para aclarar que los peores fascismos han recibido abierto respaldo de sus pueblos.

Es ese justamente, el fascismo en estado puro que impulsó Chávez, que no fue un gran teórico de la política. Tampoco llevó prosperidad, ni justicia a los venezolanos, pero nadie puede negar su la gran repercusión de su liderazgo. Sus claves del éxito fueron, en primer lugar que como Mussolini o cualquier fascista que se precie de tal, supo utilizar las raíces nacionales de su revolución. No tomó el punto de referencia del Comunismo soviético o chino, Chávez se apropió de un Bolívar mítico, al que él no se parecía para nada, pero le sirvió de bandera para millones de seguidores que ni siquiera lo habían leído.

Venezuela, como la Italia de los años veinte, se conectaba con su historia nacional. Para Mussolini era el imperio, para Chávez era la emancipación, disparando una agresividad nunca oculta hacia EE.UU., hacia el Occidente democrático, incluida España y a todo el capitalismo. Eran las plutocracias ( gobiernos en el que el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza) que decía Mussolini mediante sus gestos histriónicos que muy bien copió Chávez. Un fascismo en estado puro al mixturar nacionalismo y socialismo, no eliminar a la Iglesia católica, con la que el Comandante y el Duce llegaron a acuerdo puntuales.

En segundo lugar, Chávez intento establecer un nebuloso socialismo que no era el soviético, ni el cubano, en síntesis una copia del corporativismo propio del fascismo italiano, que en los años treinta, fue la nación mas intervenida económicamente. Chávez, no acabó con la propiedad privada, sino que igual que Mussolini, la intervino, la amenazó y la sometió, creando una nueva clase de propietarios afectos al régimen. “Exprópiese” a los enemigos y entrega de las concesiones a los amigos.

Chávez supo copiar lo más siniestro e inteligente del talento mussoliniano. Erosionó desde adentro las instituciones del Estado, cambiando la ley electoral a su medida, la composición del legislativo y el perfil de la justicia, exactamente igual a la Italia fascista del Duce. En una sociedad mas mediática que la italiana, Chávez vio desde el principio que podía ganar las elecciones si previamente controlaba los medios de comunicación. Uso además, la solidaridad hacia aquellos que podían orbitar con un pensamiento similar o con fobias comunes, repartiendo generosamente los frutos del petróleo entre sus camaradas desde Ecuador a la Argentina. Estrechó lazos con todos los que repudiaban el sistema democrático occidental, respaldando a un Irán islamita que camina hacia la posesión de armamento nuclear. Chávez, se mezclaba con el pueblo, como Mussolini. Si el Duce conducía un automóvil, Chávez hizo de chofer del cineasta Oliver Stone. Si el Duce creó el Estado del Vaticano, Chávez, se santiguaba en público y abrazaba obispos. De Mussolini hablaron maravillas tanto Gandhi como Churchill, Chávez fue alabado y cortejado por presidentes, periodistas, políticos, empresarios, cineastas y sacerdotes. Frente a Mussolini han estado los que amaban la libertad, y ante Chávez las izquierdas sin brújula, los anti americanos y los anti israelí.

Finalmente, de cosas que he leído, que he oído, que he visto y que pienso; por ello no todo es mío, pero nada me es ajeno, pienso que la deficitaria revolución bolivariana, demuestra que obligó a su único líder y referente político, a tratarse un cáncer en la isla del Caribe, ya que pasados 14 años de gobierno autoritario, no logró mínimamente tener una unidad sanitaria presidencial confiable. El tiempo dirá si el legado de Hugo Chávez trascenderá su muerte, o como el caso de otros dirigentes de signo fascista, no podrá sobrevivirlo por mucho tiempo.

Aníbal Hardy
hardyani@arnet.com.ar
Diputado de la Nación- 1991/95- Formosa- Presidente Bloque MID

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