La oportunidad de oportunidades

Por Ivana Bianchi

El 25 de marzo celebramos el “Día del Niño por Nacer”. La Argentina fue el primer país del mundo en celebrarlo. Por decreto número 1406/98, del 7 de diciembre de 1998, se expresó la conveniencia de fijar el 25 de marzo de cada año para celebrar este acontecimiento. Luego se extendió a otros varios países: Chile, Brasil, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, Perú, El Salvador, Filipinas, y de modo no oficial aún en España, Austria, Eslovaquia, y Uruguay.

Generalmente este tipo de celebraciones o conmemoraciones tienen por objeto hacer visibles y generar conciencia sobre diversos temas, como el 10 de diciembre “Día de los Derechos Humanos”, el 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer” y así muchos más. En éste caso se trata de los derechos de los niños desde antes del nacimiento, algo que, viendo la cantidad de iniciativas que atentan contra la vida humana en gestación, es bueno que recordemos y celebremos, para que los cumplamos y hagamos cumplir. El hecho de que, a simple vista, no veamos al niño en estado embrionario o fetal, no significa que tenga menos derechos.

Ya en 1959 las Naciones Unidas en el preámbulo de la Declaración de los Derechos del Niño establecía que “el niño tiene derecho a protección y cuidados especiales, incluida la debida protección legal, tanto ANTES como DESPUÉS del nacimiento” mientras que éste Congreso de la Nación, el 27 de septiembre de 1990 dictó la ley 23.849 por la que se aprueba la Convención de los Derechos del Niño, aclarando que a los efectos de la ley, se considera niño a todo ser humano DESDE LA CONCEPCIÓN hasta los 18 años de edad.

Haciendo un análisis más profundo, podemos decir que Argentina, ya desde sus inicios como nación reconocía el valor de la vida, y los derechos del que está en el vientre, a quien nosotros llamamos niño por nacer. Podemos encontrar el primer antecedente en la ley de “Libertad de Vientres” proclamada por la Asamblea del Año XIII, hace doscientos años. En éste instrumento ya se reconocía al concebido, pero no nacido, su derecho a la libertad, a ser reconocido como persona y no como esclavo. Por la importancia de éste acontecimiento es que como diputada fui autora de uno de los proyectos que devino en la ley 26.840 que estableció el feriado extraordinario del 31 de enero pasado, para resaltar éste acontecimiento.

Considerando las diversas iniciativas de despenalizar el aborto, algunas en casos muy puntuales, y otras en todos los casos en que la mujer lo pida sin ninguna “justificación”, recordar éstos principios y más aún, ponerlos en práctica, es más urgente que nunca. El avance de esas medidas responde intereses ideológicos y también económicos de sectores minoritarios y con gran llegada a los medios de comunicación, que pretenden legitimarse haciendo creer que la mayoría de la población respalda éstas medidas anti-vida, lo cual no podría estar más alejado de la realidad.

Yo reconozco que se trata de un tema muy complejo, que merece un análisis pormenorizado e interdisciplinario. Sin embargo quisiera aclarar dos equívocos, ampliamente extendidos en la opinión pública, gracias a los cuales las ideas favorables al aborto, y por lo tanto negadoras del derecho a la vida de los niños por nacer, se han propagado:

El primer equivoco es el que intenta asociar a la defensa de la vida con una cuestión de creencias religiosas, como si la opinión sobre éste tema dependiera del credo que uno profesa. Eso no es así. Es la ciencia, no la religión, la que afirma de modo inequívoco que, en el momento de producirse la unión de un ovulo con un espermatozoide, momento llamado concepción, fertilización o fecundación, existe un nuevo individuo, con un ADN propio, único e irrepetible, que es distinto del de su madre o su padre. No es cierto entonces que el embrión o feto sea parte del cuerpo de la mujer.

Debe quedar claro entonces que la vida humana comienza en la concepción. Y eso no se trata de religión o de ideología. ES BIOLOGÍA.

El segundo equívoco es ver una contradicción entre los derechos del niño por nacer y los de su madre. Entre los derechos del gestado y de la gestante. No es cierto que el avance y el reconocimiento de los derechos de la mujer, debe incluir la despenalización del aborto, que siempre implica la negación de todos (no de algunos) los derechos del niño en gestación.

“Una mujer verdaderamente liberada rechaza el aborto porque rechaza el concepto masculino del mundo que acepta la violencia como una solución legítima al conflicto” (Dr. Martín La Rosa en el libro Vivir Si)

Casi ninguna mujer quiere de verdad abortar, lo que quiere es solucionar su problema. Y el problema de una mujer con un embarazo conflictivo no es el niño, sino la privación de otros derechos, cuya negación o carencia la lleva a no querer el embarazo: encontrarse sola y desamparada, no poder brindarle un futuro a ese hijo, los conflictos laborables que podría causarle, que el padre no se haga cargo, y otros muchos. Trabajemos entonces por dar soluciones de fondo, y no soluciones aparentes que a la larga causan graves daños para la mujer, como es el aborto.

No es cierto tampoco que la defensa de la vida brote de una concepción conservadora del mundo. Yo defiendo la vida del niño por nacer y estoy convencida de que lo hago desde una postura progresista, desde mi lucha por la igualdad, la equidad y la justicia social. Porque el derecho a la vida, es la oportunidad de oportunidades, y no podemos negarle a otro (en éste caso al niño en gestación) esa oportunidad que nosotros sí tuvimos y gracias a la cual vinieron todas las demás: la oportunidad de nacer.

Ser de verdad progresista es estar a favor de la vida de los dos. Y de eso se trata el Día del Niño por Nacer: de celebrar y cuidar la vida, de la madre y de su hijo.

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