La geometría del mundo que viene

Por Alberto Asseff

Tenemos novedades en el mundo. Existe movimiento. Es interesante un pantallazo.

Prescindiendo del fenomenal refresco espiritual y la intensidad del cambio que entrevemos con el papa Francisco, debemos detenernos en los pedestres asuntos terrenales.

China tiene nuevo presidente, Xi Jimping. Dijo algo esencial: o le torcemos el brazo a la corrupción o se nos volatiliza el esfuerzo para ser los primeros del planeta. Centró en ese eje esencial los pasos hacia el porvenir. Hizo lo correcto. A Europa – especialmente a nuestras queridas España e Italia – la corrupción le horadó el futuro, comprometiéndolo hasta el punto histórico – todo un hito – de que el orbe va abandonando el eurocentrismo.

Xi realizó su primera visita a Moscú, toda una señal, pero aún más significativo es que de inmediato viajó a África para aventar los reproches de neocolonialismo que Pekín sufre allí. Para China los recursos africanos son vitales, sobre todo planificando a largo plazo como lo hacen todos los países serios.

China está forjando una alianza conmocionante del mundo tal como lo vivimos y conocemos: se está coaligando con Rusia y la India, relegando por ahora a Japón a un incómodo rol de observador. El cuadro se completa con Sudáfrica – para hacer buen pie en ese continente decisivo – y Brasil, pensando en este Nuevo Mundo al que pertenecemos – sigue siéndolo a pesar de que pasan las centurias.

El proyecto de institucionalizar un gran Banco de los Brics es un paso gigantesco en la construcción del mundo que viene. Es parte fundamental de la geometría que ya se esboza.

La alianza nordatlántica de EE.UU. y Canadá con Europa relativiza su poderío, a la par que decae el papel de Japón, con su economía prácticamente estancada.

Quizás, la gran innovación sea la imagen de ‘poder blando’ que dan los Brics. Son igualmente tan duros y nacionalistas como sus predecesores en la hegemonía planetaria, pero ellos todo lo hacen con una sonrisa y buenos modos, sin mostrar las garras. Nunca lo hacen, salvo los rusos y los chinos que cada tanto ponen cara de enfado, como para recordarle a algún distraído que no están tratando con cualquiera.

Por eso China inunda África con becas e intercambios culturales y tibiamente comienza a desplegar esas bondades en nuestra América.

Brasil ya lo conocemos. Construyó sus colosales fronteras casi sin guerrear. Sólo con nosotros, que paradojalmente triunfamos, pero perdimos en la mesa donde nuestros hermanos son magistrales, la de la negociación ¡Qué arte es ese de la negociación! Se puede conseguir casi todo sin que sea menester ni siquiera poner fruncir el ceño.

A nosotros nos queda el Grupo de los 20 – G-20. No es poco, pero no parece que lo aprovechemos debida e integralmente. En el G-20 hay que ser, para dignificar la membresía – muy prolijo en materia de estadísticas, división de poderes, seguridad jurídica para todos incluyendo las inversiones, ser buenos pagadores. En fin, se deben ostentar y sobre todo poseer ciertos atributos que nosotros, nefandamente, carecemos. En ese contexto, ¿cómo ejercer influencia en un G-20 donde nosotros somos dispares en vez de pares? Me duele sobremanera consignarlo porque de verdad mi sentido patriótico me impele a defender esa pertenencia. Por eso, es urgente enmendarnos para fortalecer nuestro protagonismo regional y mundial.

A horcajadas de la noble causa de Malvinas, nuestra diplomacia está movediza. Es bueno que así sea. Es alentador que UNASUR, CELAC y otras asociaciones de nuestra Región se unifiquen en aras del objetivo de terminar con el colonialismo en el Atlántico Sur. Debemos desplegar esta alianza para que abarque al intercambio, a los proyectos de infraestructura que nos integren, al mejoramiento de la transparencia y funcionalidad institucionales, la cultura del trabajo – reñida con el clientelismo -, tener más éxito en la puja por las patentes producto de la investigación y cien aspectos más, incluyendo que debe ser cada vez más operativo el Consejo de Defensa Sudamericano e incluir a Sudáfrica.

Debemos con celeridad ingresar a la Alianza del Pacífico junto a Chile, Perú, Colombia y México, al principio presumiblemente como observadores.

En Semana Santa, los carabineros chilenos demoraban la salida de sus compatriotas por el túnel del Cristo Redentor y en contraste facilitaban el ingreso de los argentinos. Querían nuestros dólares y evitar que salgan los de ellos. Estas pequeñeces muestran cuán lejos estamos de la América integrada que busca su proyecto en el mundo.

El poder ya no es el que era ¿Cómo será? Su geometría está edificándose. En un planeta mutante, las perspectivas argentinas – por sus condiciones favorables objetivas – son inenarrables. Pero lo que sí es narrable es que si no corregimos nuestros comportamientos contraindicados, es decir, desechar la cultura del trabajo, espantar a los capitales, estatizar todo lo que se nos presente, clientelizar el voto, azuzar la división y el rencor, generar incertidumbres por doquier, incluyendo la jurídica, burocratizar todo lo que se nos cruce, asistir impávidos ante el incremento del delito – incluido el de ‘guante blanco’-, de la droga, de la violencia social, de la inseguridad vial, tenemos más que hipotecado nuestro porvenir. En cualquier momento lo ejecutan en un tribunal neoyorquino…

Nuestra robustez como Nación, para aprovechar la geometría del mundo que viene, se asienta en restaurar valores, trabajar fuerte, respetar las reglas y poner a la familia en el trono nacional.

Asseff es diputado nacional por UNIR

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