Es hora de reclamar coordinación para prevenir nuevas tragedias

Por Hugo Maldonado

El drama de las inundaciones irrumpió sin piedad en el país central con la tempestad de una semana que dejó más muertos en la historia argentina.

Una verdadera catástrofe con el costo irreparable de vidas humanas e inmensas pérdidas materiales, puso al descubierto la falta de mantenimiento y de obras adecuadas para prevenir los efectos de las crecientes, que son resultado de un cambio climático que se viene agudizando desde mediados del siglo pasado.

Es esa una conclusión inobjetable que despierta el alerta de la sociedad y pone en la agenda pública la necesidad de replantear políticas, despertar conciencia social y prepararnos todos responsablemente, para enfrentar los próximos desafíos del clima que pueden acarrear una desgracia mayor en cualquier área urbana.

Ante una catástrofe de semejante magnitud, el país entero debe recuperarse de la ausencia de políticas, de la imprevisión y de la falta de planes de contingencia, que dejan sin amparo a la población y condicionan el futuro de familias y productores, en situaciones de alta vulnerabilidad social.

Y el camino a recorrer no puede ser otro que el de unir fuerzas para auxiliar y solidarizarse con las víctimas, en primer lugar, y para comprometerse en la prevención de estos fenómenos climáticos de enormes consecuencias. No se trata de aprovechar la ocasión para atacar al adversario electoral en medio de la adversidad más extrema, ni de obtener rédito político del desastre.

Se trata de gobernar mejor para la gente.

Para ello se debe pensar la política en serio y advertir que nuestro país necesita una mirada sobre sus Áreas Metropolitanas, una mirada inteligente de largo alcance, profunda y estructural, no desaprensiva y superficial.

Porque lo que ocurrió en las ciudades de Buenos Aires y La Plata, se puede repetir en Rosario, en Santa Fé, Resistencia o Corrientes y en otros centros urbanos, con hechos de igual intensidad.

Esa mirada convoca a un cambio de sensibilidad de todo el sistema institucional y político, así como de la ciudadanía en el despertar de su conciencia social y en la demanda de mayor compromiso e involucramiento en los temas urbanos, que debe exigirse a todo referente social y político.

En la agenda más decisiva y perentoria, esa mirada – más allá de los sellos partidarios-, nos exige un modelo de gobernabilidad y de recursos para los grandes centros urbanos. Para ello resulta esencial dejar atrás la falta de planificación y coordinación de los problemas urbanos por parte de las distintas jurisdicciones responsables.

Significa actuar con responsabilidad y racionalidad para enfrentar el verdadero caos y la fragilidad de propuestas y proyectos, que no pueden prosperar si no se apoyan en un verdadero control y coordinación ínter jurisdiccional, con acuerdo financiero y con una planificación racional. Solamente así, en la posibilidad de acordar una política común con todas las jurisdicciones involucradas, una ciudad puede pensarse a sí misma, con un plan que prevea su propia dinámica, con un horizonte de certezas para el futuro.

A la tragedia que sacudió al país en estos días, llegamos con la antesala de un escenario del más crudo egoísmo, con un gobierno nacional totalmente ausente, enfrentado con los gobiernos de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires, negándoles recursos que les debe y avales para la obtención de créditos para financiar las obras previstas y con los gobiernos de ambos distritos sin poder acordar ninguna política conjunta.

Por ello, muchas cosas deberán cambiar para alcanzar esos objetivos, mientras la mezquindad política impida resolver los problemas de fondo. La dirigencia política está siendo interpelada duramente para dejar de ser un país, siempre al borde de la tragedia.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password