El intendente platense camina por la cornisa

Por José Angel Di Mauro

Quedó en la historia aquella frase del exsecretario de Transporte Juan Pablo Schiavi pronunciada horas después de la tragedia de Once. Expresó lo que pensaba y dijo aquello de que si el choque del tren hubiera sido el día anterior “no hubiera sido tan grave”. No faltaba a la verdad; si el choque hubiera sido un día feriado, la cantidad de víctimas hubiera sido sustancialmente menor… Pero hasta los propios kirchneristas le reprochan aún hoy su sinceridad brutal.

Esa fue la peor tragedia argentina de 2012; es de esperar que nada supere este año lo del martes negro 2 de abril. En este caso, la catástrofe sucedió un día feriado, y no faltaron quienes apelaron al reduccionismo de expresar cierto alivio por ello. Error: que la tragedia estallara al final de casi una semana de inactividad no hizo más que desnudar escandalosamente las falencias para reaccionar ante semejante emergencia.

Testimonios casi calcados grafican el drama colectivo de ciudadanos librados a su suerte durante horas interminables, sólo rescatados por sus propios pares o por sí mismos, en los casos que pueden contarlo. En el momento preciso, el Estado ha brillado por su ausencia.

Al drama porteño se le agrega que ocurrió de madrugada, pero su magnitud quedó minimizada por lo de La Plata. Con todo, el sueño presidencial de Mauricio Macri estuvo cerca de naufragar -la metáfora vale, conforme las circunstancias-, pues exactamente igual que un año atrás -cuando el tornado en el inicio de Semana Santa-, un desastre climático lo encontró de vacaciones. Debiera replantearse sus descansos el jefe de Gobierno al menos hasta 2015, pues fue él mismo quien anticipó que las tormentas extremas serán cada vez más continuas, inundando siempre a la Ciudad.

A Macri sí lo ayudó el feriado. La ejecución que planeaban los kirchneristas se ralentizó por la ausencia de muchas de sus espadas y demoró el pedido de interpelación que alcanzó a redactar un legislador porteño vinculado al taxista Omar Viviani. Cuando por la noche ya se sabía que lo de La Plata era aún peor -aunque nadie imaginaba semejante magnitud-, las críticas amainaron y al día siguiente se moderó la embestida. El pedido de interpelación sólo trascendió mediáticamente.

Con todo, no hay mucho espacio para el alivio en el gobierno porteño. La semana previa a la nueva inundación se había conocido la noticia de que finalmente el gobierno nacional firmó el demorado aval para acceder a créditos internacionales que entre otras cosas permitirán llevar adelante la obra para contener los desbordes del arroyo Vega. La pelota la tiene ahora el gobierno de la Ciudad y no alcanzará con pedir paciencia si las tormentas fuertes se hacen cada vez más continuas: llegará con un capital absolutamente devaluado para cuando la obra esté concluida. Arquitectos que desde hace tiempo advierten sobre la nula planificación urbana que mucho tiene que ver en estas catástrofes sugieren poner en marcha paliativos para hacer frente a estas emergencias. El ambientalista Antonio Elio Brailovsky sugiere hacer puentes peatonales para evitarle a las personas tener que cruzar las calles inundables con el agua por la cintura, y sacar las cámaras de electricidad de aquellas zonas más críticas, para evitar los apagones de varios días que acompañan estos fenómenos.

¿Qué pasó con los reservorios a los que muchos apostaban como solución más o menos mediata y no tan onerosa? Está claro que algunas de esas medidas deberá emprender Macri antes de que la paciencia se agote.

Por lo pronto, la catástrofe platense lo hizo pasar a un segundo plano. Y la verificación de que buena parte de la clase política estaba esparcida por el mundo le dio otra mano al jefe de Gobierno. Pero ninguna como la que le proporcionó el intendente Pablo Bruera, de vacaciones como Macri en Brasil el fin de semana XL. No es que eso fuera un pecado, pero la mentira del jefe comunal platense hipotecó tal vez definitivamente su carrera política. La feroz tormenta se desató a partir de las 16 del martes; el intendente regresó a Buenos Aires a las 9.25 del día siguiente, pero como el kirchnerismo había decidido crucificar a Macri por estar en Brasil, a Bruera o a alguien de su equipo -como él dijo- no se le ocurrió mejor idea que fraguar una mentira a través de las redes sociales en las que se dijo haber estado recorriendo centros de evacuación desde la noche. Se remató la mentira exhibiendo una fotografía falsa como prueba.

En las propias redes sociales donde se buscó sostener la mentira se expandieron las humoradas sobre su figura: desde un video en el que se lo comparaba con el alcalde Diamante de Springfield, hasta tuits donde se sugería que había fotos de Bruera rescatando a los 33 mineros…

Bien posicionado en las encuestas hasta el trágico 2 de abril, nadie apuesta a que su imagen pueda volver a la superficie, y su futuro político está más negro que los nubarrones que castigaron a su ciudad. El final de su carrera podría estar bien cerca. Tras no pasarla bien en su recorrida por las zonas afectadas junto al gobernador Scioli, Alicia Kirchner no ocultó su enojo con el intendente por no haberlos acompañado en esa recorrida. Bruera se defendió admitiendo que por estos días no puede salir a la calle de la ciudad. ¿Cuánto tiempo puede durar un intendente en esa situación?

En el gobierno nacional no sólo le reprochan no haber dado la cara; le endilgan la tardía reacción ante la catástrofe, la gaffe del tuit y lo mal parado que quedó ante la sociedad; pero como esas cosas no son suficientes para lo que están pensando, ya anticiparon que pondrán la lupa sobre sus responsabilidades ante la catástrofe. El ministro De Vido anunció la realización de una auditoría sobre el plan de infraestructura hídrica de la ciudad que -con dineros de la Nación- fue discontinuado. La Rosada sugiere que eso habría sido responsabilidad de Bruera.

En su discurso del viernes, la Presidenta buscó mostrar a un Poder Ejecutivo Nacional atento a las circunstancias y activo ante semejante tragedia, y le apuntó al corazón a Bruera cuando resaltó que localidades como Berisso y Ensenada, donde también llovió, no hubo víctimas fatales. También habló de una auditoría que podría ser la espada de Damocles para el intendente en su camino a ser el chivo expiatorio de la catástrofe.

Las responsabilidades podrán ser más amplias y remontarse más allá de una gestión, o una sola jurisdicción. Al enumerar los factores que contribuyeron para hacer perfecta esta tormenta, el climatólogo Osvaldo Canziani señala a la autopista Buenos Aires-La Plata, que podría haber oficiado como muro de contención del agua, por no haber hecho sus constructores los drenajes correspondientes en su base. Irresponsabilidad empresaria y falta de control estatal, una combinación letal.

En la Municipalidad de La Plata aguardaban este fin de semana que las aguas se calmaran, pero fuentes de alto nivel consultadas por este medio sugerían recordar la suerte corrida por el intendente de San Carlos de Bariloche, Omar Goye, desplazado del cargo tras los saqueos de fin de año. Bastante menos que lo que sucedió en la capital bonaerense, advirtieron.

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