Sobre las movilizaciones convocadas para el 18 de abril

Por Jorge Cardelli

Las crecientes movilizaciones vuelven necesaria la reflexión sobre la convocatoria de mañana -18 de abril- valorando siempre el derecho a expresarse en las calles pero atendiendo qué es lo que moviliza.

La movilización siempre se compone por tres elementos: quiénes la ejecutan, el programa de ideas que defienden y por su organización, su convocatoria; difícil es reconocer esta vez las dos últimas. El sujeto convocante parece ser la virtualidad de las redes sociales –y algunos personajes que con fervor apoyan, como el Jefe de Gobierno Porteño, Mauricio Macri, hacen desconfiar aún más de su legitimidad-, no es un actor reconocido y la inexistencia de un programa común empantana qué es lo que se defiende.

Un núcleo articulador fundamental es el repudio a la corrupción, lo cual apoyo sinceramente, pero no podemos más que resaltar que no basta embanderar la ética pública si no se la enmarca en la denuncia a la acumulación de capital que continua intacta en la Argentina.

La alarmante concentración de los recursos profundiza un modelo de democracia delegativa, que empodera a los poderosos conservando la salud financiera de las grandes unidades de negocio a costa de los impuestos a la clase trabajadora, a la clase media. Esa es una gran rabia, una pertinaz rabia que sienten muchos y muchas que deciden salir mañana a la calle.

Pero, aunque no le quita validez, ese es un reclamo individual que puede compartirse con muchos otros pero sigue siendo individual. Es necesario seguir construyendo para la unidad; tenemos que aumentar y profundizar la participación política recuperando su función como herramienta de transformación social para avanzar en la construcción de un gran frente transversal que vaya detrás de éstos objetivos, superando las mezquindades y rechazando los viejos aparatos que son cómplices de la profunda precarización de la vida.

Evitemos caer en falsas interpretaciones que nos tiran de un lado y otro del mismo mostrador los mismos que atienden los negocios que fabrican miseria.

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