Un aniversario sin festejo y una marcha sin propietarios

Por José Angel Di Mauro

No fue el aniversario que esperaban. La última semana se cumplió un año de la expropiación de YPF, y la efeméride pasó prácticamente desapercibida. La propia dirigencia kirchnerista, siempre atenta a esos detalles, hizo un silencio que certificó que es consciente de que hace un año las expectativas superaban largamente a los resultados alcanzados a lo largo de los doce meses posteriores.

No es para menos; al cabo de ese lapso sólo se confirmaron las dudas que se expresaban entonces. Y la única afirmación cumplida con creces fue que no se le pagó nada a Repsol. Por lo demás, subsisten los interrogantes. Cuando se alertaba sobre las dificultades para conseguir inversiones para la petrolera, se deslizaron los nombres de las empresas chinas Sinopec y Cnocc. Por ahora, nada; sólo se avanzó con la norteamericana Chevron en el marco de la gran apuesta a futuro, el tan fabuloso como enigmático y oneroso para explotar yacimiento de Vaca Muerta. Pero aun ahí las promesas superan a las concreciones. Como salida a la necesidad de inversiones, el anuncio de esta última semana fue la creación de un fideicomiso para financiar proyectos de exploración, explotación, industrialización y comercialización de hidrocarburos de empresas del sector en las que el Estado tenga participación, como YPF y Enarsa. Se verá.

El precio de las naftas de YPF aumentó desde su renacionalización alrededor de un 32% y el autoabastecimiento energético sigue siendo un objetivo a muy largo plazo y de difícil concreción, conforme las circunstancias. Hace exactamente un año, cerca de la Presidenta se afirmaba que a partir de ahora el flujo de utilidades de YPF se usaría para pagar las importaciones de energía y la plata ya no saldría del Tesoro y del déficit fiscal. No es lo que pasa. Para completar un panorama complicado y justificar que no hay mucho que festejar, en vísperas del primer aniversario se produjo el incendio de la destilería de YPF, que si bien no produjo la tragedia de gigantescas proporciones que cerca estuvo de constituir, causará un perjuicio económico muy serio.

Hace un año las encuestas daban que la expropiación de YPF tenía un consenso cercano al 80%. El gobierno, que venía perdiendo puntos desde el triunfo por el 54%, y a pocas semanas de la tragedia de Once, recuperó inmediatamente al menos 15 puntos con esa movida. El Congreso nacional estuvo esos días rodeado por multitudes convocadas para celebrar lo que en su interior estaba sucediendo: se recuperaba una empresa emblemática. Y de yapa, se le inoculaba a la oposición una nueva dosis de contradicción, al ponerla en el brete de votar o no a favor de un proyecto apreciado, pero que los ponía otra vez a la cola de decisiones del kirchnerismo y cuyas formas no compartían.

Exactamente un año después, ambas cámaras del Congreso estuvieron inmersas en largas sesiones en las que se debatieron proyectos de fuerte impacto, como son los que componen la reforma judicial promovida por el Poder Ejecutivo. Y nuevamente el Parlamento apareció rodeado por multitudes, aunque esta vez no había festejo. Por el contrario, las imágenes recordaron a los episodios de fines de 2001, cuando un grupo de manifestantes logró ingresar al Palacio del Congreso y provocó un principio de incendio en el Salón Azul. Hoy la explanada de avenida Entre Ríos está protegida por un enorme enrejado, pero el jueves pasado unos 60 manifestantes lograron saltarlo, e intentaron acceder al edificio, en cuyo interior el Senado acababa de aprobar el último proyecto del nudo más controvertido de la reforma judicial. Allí permanecía Amado Boudou, quien había presidido la sesión y ya estaba al frente del Ejecutivo, ante el viaje de la Presidenta. Fue el pico de tensión más serio de la movilización del 18A.

Ya hay quienes están convocando para el miércoles 24, cuando en simultáneo ambas cámaras estén convirtiendo en ley el paquete judicial.

La convocatoria no hará retroceder un centímetro al oficialismo en ese objetivo, como ya no sucedió con la movilización del 18A. Con total desconocimiento de la naturaleza del kirchnerismo, hubo quienes objetaron que el Senado hubiera avanzado en la sanción de la norma que regula a las cautelares, mientras en la Ciudad se concretaba una gigantesca manifestación que rechazaba ese y los otros proyectos. Para cuando un sector de los manifestantes se dirigió a la Plaza de los Dos Congresos, la norma ya había sido aprobada, y se espera que lo mismo suceda este miércoles y jueves en Diputados, donde tendrán lugar los debates del eje del proyecto para “democratizar” a la Justicia. Allí se vienen registrando señales que no pueden pasar desapercibidas en un análisis fino. Oficialistas rebeldes cercanos a Daniel Scioli como Jorge Yoma, que despotrican contra la reforma, pero que a la hora de la votación se ausentan; el moyanismo, que votó a favor dos de los tres proyectos; o los diputados que responden a Sergio Massa, que contribuyen a dar quórum y votan a favor o se ausentan, pero no lo hacen en contra.

El nudo central de la reforma será ley esta semana, pero ya hay una serie de amparos listos para ser presentados ni bien las normas entren en vigencia, argumentando la inconstitucionalidad de las mismas. Con ello se buscará frenar los aspectos más controvertidos de la reforma judicial que, como todo, terminará en manos de la Corte. El gobierno podría apelar al “per saltum” para acelerar ese trámite. En la oposición subsisten las dudas respecto de si la vía judicial podrá frenar el proceso electoral que se abrirá en junio para la elección de consejeros para la Magistratura. Creen que no.

El proceso electoral podría tener un aditamento más, si el gobierno decide habilitar la elección de parlamentarios del Mercosur, que estaría en estudio y que el kirchnerismo usará si concluye que puede favorecer sus planes, incluyendo más figuras convocantes a la grilla electoral. La ley de las PASO ya incluye la elección de esos cargos.

La oposición, en tanto, celebró el resultado de las movilizaciones del 18A, tanto como su decisión de sumarse activamente en esta oportunidad. Pero ha tomado nota de que no puede arrogarse ningún éxito por ello; por el contrario, sabe que si bien la protesta era para el gobierno, parte de las demandas le apuntaban a una dirigencia que no termina de mostrarse como alternativa real y de triunfo. Si bien buena parte de las consignas apuntaban a que se unan, cada vez son más claras las señales de que no lo harán. Faltan ocho semanas para que venza el plazo para conformar alianzas y todo está en veremos. A diferencia de 2009, cuando ya en el mes de enero se habían formulado las dos alianzas que confluyeron en la derrota kirchnerista: Unión-PRO y el Acuerdo Cívico y Social. El electorado se dividió entonces en tres partes.

Hoy, esa alternativa sigue siendo distante y el cristinismo apuesta a ello para confiar en lograr una sumatoria positiva en la que pueda afirmarse el día después, más allá de los resultados adversos que vaya a cosechar en los grandes distritos donde el jueves pasado se movilizaron las más grandes masas.

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