A todo o nada

Por Alicia Comelli

Quién hubiera imaginado que un papa, y mucho menos un papa venido delas lejanas tierras de América del Sur, fuera a dar tantas y tan claras muestras de una reforma que hará historia en la Iglesia Católica. Para Francisco I parece que es a todo o nada.

Con un estilo desacartonado y fuera de protocolo que pone en jaque no sólo las formas sino también su propia seguridad y dueño de una austeridad nunca vista que ha rechazado todos los suntuosos bienes que el Estado Vaticano le tenía reservados, Francisco I arremete ahora a favor de dos de los diez mandamientos o en contra de dos bastiones muy bien ocultos pero siempre presentes de la Iglesia Católica Apostólica y Romana: No cometerás actos impuros y No codiciarás bienes ajenos; que hoy, a años a de los profetas y en su máxima expresión, serían la pederastia y la corrupción.

Así las cosas y sin debates parlamentarios ni circos mediáticos y tal como corresponde a una monarquía absoluta como lo es la del Vaticano, firmó hoy un decreto que endurece las sanciones penales contra los abusos a menores en la Santa Sede y en la curia (el gobierno del Vaticano). Francisco I realizó una suerte de reforma judicial que incluye el delito de tortura, inexistente –claro está- en el progenitor de la Inquisición.

El papa Francisco I ya había pedido en varias oportunidades desde su asunción que la iglesia y sus integrantes actuaran con determinación contra los abusos sexuales cometidos por miembros de la curia. Pero el texto del decreto es bastante claro al referirse al “al conjunto de la categoría de los delitos contra los menores: la venta, prostitución, alistamiento y violencia sexual contra ellos, la pedo-pornografía, la posesión de material pedo-pornográfico y los actos sexuales con menores”.

Para atacar a la corrupción, Francisco incluyó en la nueva legislación vaticana la posibilidad de que los tribunales de la Santa Sede juzguen “delitos cometidos contra la seguridad, los intereses fundamentales y el patrimonio de la Santa Sede”. La flamante legislación vaticana contuvo también las cuatro convenciones de Ginebra contra los crímenes de guerra, la convención internacional sobre la eliminación de cualquier forma de discriminación racial, la convención contra la tortura y los tratos inhumanos y degradantes y la convención de 1989 sobre los derechos del niño.

“La adopción de medidas de cooperación adaptadas a las convenciones internacionales más recientes” en materia de cooperación judicial entre el Vaticano y los otros Estados son parte del nuevo marco normativo de la Santa Sede como así también la derogación de la cadena perpetua estableciendo un máximo de reclusión de 30 a 35 años.

Según los medios consultados, en el preámbulo, Francisco I sostuvo: “En nuestra época, el bien común está cada vez más amenazado por la criminalidad transnacional y organizada, el uso inapropiado del mercado y de la economía y del terrorismo”.

¡Impecable!

*Abogada y diputada de la Nación

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