Francisco: La estrategia de aproximación indirecta

Por Aníbal Hardy

El Capitán Basil Henry Liddell Hart, fue un oficial en la Primera Guerra Mundial, que al quedar incapacitado se dedicó a sacar conclusiones de la absoluta incompetencia de los generales de esa guerra. Fue un Genial pensador y estratega, reconocido por el propio Rommel. Durante la Segunda Guerra Mundial fue asesor de Churchill. “The strategy of indirect approach”, es el legendario Manual de Estrategia del militar británico, escrito por este Capitan, y es uno de los libros de cabecera de Jorge Bergoglio, el actual Papa argentino Francisco I, simbiosis de cura villero con intelectual jesuita, conservador, inflexible. Un Cura imposible correrlo por izquierda porque esta más preparado que el más furibundo izquierdista. Además tiene una rigidez en cuanto a doctrina, que lo ubica en una posición conservadora aunque no tradicionalista como la de otros obispos, que nunca lo quisieron, le quitaron el control del Episcopado y frustraron su elección como papa en el turno anterior. Entre otros libros guías del Papa, están el volumen del Celam de “Los documentos de Aparecida”, inspirados por el mismo cuando conjugó la redacción de los documentos de esa histórica conferencia, y que articulan el pensamiento de esta nueva era de la Iglesia del continente. También sugiere leer a Cervantes, varias veces al “Martín Fierro”, y por supuesto, “Las Sandalias del Pescador”, de Morris West”.

Pero el Manual de “La estrategia de aproximación indirecta” de Liddell Hart, es su predilecto, que describe cómo ganar batallas, nunca planeando un ataque frontal, siempre haciendo movimientos de aproximación, sin hostigar al centro de poder del adversario ni obligarlo a defenderse, y tratando de destruir al líder enemigo, que es condición para dispersar a la tropa.

Dice Hart: “Aunque la guerra es contraria a la razón, pues es un medio de llegar a una solución por la fuerza cuando el debate no consigue producir una solución acordada, el desarrollo de la guerra debe ser controlado por la razón si se quieren alcanzar sus objetivos, ya que: 1) Aunque luchar es un acto físico, su dirección es un proceso mental. Cuanto mejor sea la estrategia, más fácil y menos costoso será conseguir el objetivo.
2) Por el contrario, cuanta más fuerza se invierte, más aumenta el riesgo de que el equilibrio de la guerra se vuelva en contra; e incluso si se consigue la victoria, menos fuerzas quedarán disponibles para aprovechar la paz. 3) Cuanto más brutales sean los métodos, más resentidos estarán los enemigos, con lo que, naturalmente, endurecerán la resistencia que se trata de vencer; por lo tanto, cuanto más emparejados en fuerza estén ambos bandos, más inteligente será evitar extremos de violencia que tiendan a consolidar las tropas y el pueblo enemigo tras sus líderes. 4) Estas consideraciones se amplían aún más. Cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia, mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino.
5) Además, cuando se consigue el objetivo militar, cuanto más se exija del bando vencido, más problemas se producirán y más motivos se brindarán para tratar de invertir la situación a la que se ha llegado mediante la guerra.”

La fuerza, dice Hart es un círculo vicioso, o mejor, una espiral, salvo que su aplicación esté controlada por el cálculo más razonado. Así, la guerra, que comienza por negar la razón, viene a reivindicarla a lo largo de todas las fases de la lucha.

El instinto de lucha es necesario para conseguir el triunfo en el campo de batalla -aunque incluso aquí el combatiente que puede mantener la sangre fría tiene ventaja sobre el hombre que “lo ve todo rojo”-, pero siempre debe llevarse con las riendas bien tirantes. El hombre de Estado que se deja vencer por ese instinto, pierde la cabeza y deja de estar capacitado para regir los destinos de una Nación. La victoria, en el verdadero sentido de la palabra, supone que el estado de paz, y del propio pueblo, es mejor tras la guerra que antes de ella.

Ergo: Quien no haya entendido los primeros gestos del nuevo Papa, ahora comprenderá por qué recibió primero a Cristina de Kirchner y a Estela de Carloto, pese al gran desprecio que estas mujeres le propinaron mientras el fue Cardenal. Sin lugar a dudas, nuestro Papa Francisco I, va a poner de moda de nuevo a aquél Capitán, que fue uno de los principales estrategas del siglo XX.

Aníbal Hardy
hardyani@arnet.com.ar

Lost Password