“Estamos en contra de las PASO que, en la práctica, han resultado casi un atropello”

Jorge Altamira, en plena campaña por un lugar en el Congreso, criticó a las internas abiertas dispuestas por la reforma política, acusó al frente UNEN de llevar adelante “un acto de corrupción política” y aseguró que “el edificio económico que el Gobierno trata de sostener, se cae”.

Por Agustina Pose

De cara a las primarias del 11 de agosto, el precandidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires Jorge Altamira criticó duramente a sus opositores, principalmente al Gobierno nacional y a la coalición UNEN. Además cargó contra las PASO, a las que acusó de ser una herramienta para “estatizar a los partidos políticos”.
Sin dejar de lado lo ocurrido en los últimos días, Altamira no olvidó referirse al caso Milani y al acuerdo con Chevron, al que, más que un simple acuerdo, consideró un ejemplo de adonde apunta el Ejecutivo en su política en general.

– ¿Qué opina de las PASO?

– Nosotros estamos en contra de las PASO porque consideramos que el Estado no debe inmiscuirse en la organización de los partidos políticos. Este tipo de cosas son una suerte de estatización de los partidos. En la práctica han resultado casi un atropello. El Gobierno, que es el autor de esta legislación, presenta una lista digitada por la presidenta, que (a los candidatos) los pone a dedo. Entonces el que promueve las PASO no tiene internas propias, y un partido tiene que ser democrático. Ahí hay una distorsión. La segunda distorsión es el caso de UNEN. Las primarias son para seleccionar los candidatos de un proyecto común, y no para discutir cuatro proyectos diferentes. Lo de UNEN es un acto de corrupción política, porque intenta con una unidad espuria sobrevivir políticamente cada uno de ellos. Lo que discuten es quién va primero y quién va segundo. En mi opinión quieren llegar al Congreso por un procedimiento ilegítimo.

– En 2011 ustedes hicieron una campaña muy mediática. ¿Este año buscan hacer lo mismo o van por otro lado?

– Yo creo que lo que nos hizo avanzar en el aspecto político es que participamos de muchas discusiones televisivas, radiales, mesas redondas, donde la posición de la izquierda sobre los problemas fundamentales del país quedó vigorosamente respaldada. Yo observo un gran respeto de la gente que va a votar por la calidad de nuestras ideas, al punto que hay gente que no coincide con nuestras ideas y nos va a votar igual. Parece absurdo, pero entienden que una izquierda con ideas tan claras es un factor positivo en el Congreso.

– ¿A qué votantes aspiran?

– Desde el punto de vista político creo que vamos a obtener votos de la base más popular del kirchnerismo, porque el kirchnerismo dice que es la izquierda. Nosotros confrontamos y les preguntamos por la entrega del petróleo a Chevron, el nombramiento de Milani, Jaime y la tragedia ferroviaria, ¿eso es izquierda? Hay un conjunto de cosas que a una base popular del kirchnerismo le hacen decir que eso no es realmente nacional y popular. Se nota una fractura del voto al Gobierno y una tendencia del voto a la izquierda. Otro aspecto es un electorado progresista que hay en la clase media que está completamente desilusionado de lo que en su momento era el radicalismo, el Frepaso, inclusive Pino Solanas. Desde el punto de vista social, nuestros votantes son fundamentalmente los trabajadores, en particular los más organizados, más activos. Lo mismo ocurre con los jóvenes, en particular en el movimiento estudiantil, pero también en el movimiento obrero.

– ¿Cómo cree que los ciudadanos ven al Gobierno?

– Yo creo que de un modo general, salvo los obsecuentes, se desarrolla un espíritu muy crítico con el Gobierno, incluso de parte de los propios simpatizantes. Mire usted al CELS que pide que se retire lo de Milani y la presidenta dice que Milani va a seguir. Y eso que el CELS está casi entre los obsecuentes. Se desarrolló un espíritu crítico en la gente, que dice “bueno, no voy a salir de Guatemala para caer en guatepeor”, y ahí es donde nosotros tenemos que disputar ese voto. Tenemos que tratar de que esta actitud crítica desemboque en un voto hacia la izquierda. Yo trato de acompañar ese espíritu crítico.

– ¿Cuál es su opinión del Gobierno de la Ciudad?

– Desde el 2000 todos tratan de convertir a la Ciudad de Buenos Aires en la capital financiera y turística del Mercosur. ¿Qué significa? La especulación inmobiliaria, el encarecimiento del sueldo, el agravamiento del déficit habitacional, la privatización, por ejemplo de los hospitales, que están completamente abandonados, y de la educación que también está abandonada. Lo considero como un representante de los intereses inmobiliarios y bancarios.

– ¿Qué piensa del acuerdo con Chevron?

– Es un contrato leonino que le da el grueso de la renta del petróleo a Chevron. Lo que es mucho más grave y que nadie lo señala ni lo quiere ver, es que ese acuerdo es un microejemplo de lo que va a ser la política del Gobierno, de adónde va el Gobierno en general. Todo lo que se le da a Chevron, a medida que pase el tiempo se le va a dar a todo el mundo. Es la punta del témpano de una suerte de retorno a los noventa.

– ¿Cómo imagina el país de acá al 2015?

– Es un panorama profundamente crítico. Creo que este edificio económico que el Gobierno trata de sostener, se cae. Todos los partidos políticos levantan la bandera de la devaluación masiva del peso, lo cual va a ser un golpe muy duro para los trabajadores. Todos lo tienen en una carpeta, no lo divulgan porque perderían votos. Como dijo Menem, “si digo lo que voy a hacer no me vota nadie”.

– ¿Y cree que va a ser posible salir?

– Se va a salir, el tema es que, si salimos por la vía de la devaluación, el plato de la crisis lo pagan los trabajadores como ocurrió con todas las salidas de todas las otras crisis. Si salimos con plan de reorganización económica, como plantea la izquierda, la crisis la van a pagar los capitalistas, por ejemplo, nacionalizando el comercio exterior, nacionalizando los bancos, terminando con la sangría de la deuda externa.

– ¿Cuáles son las propuestas que plantea?

– En primer lugar, la abolición completa del impuesto al salario, sin condicionar su abolición a la creación de otro impuesto, porque lo vemos como una dilación. También vamos a luchar por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, porque ningún trabajador puede ganar menos que lo que cuesta una canasta familiar. También el 82% móvil para los jubilados, y un aspecto político que tiene que ver con esto y que es fundamental, es el cese de la intervención a la ANSES, que es ilegal, y que se elija al directorio de la ANSES, como está establecido por la ley, por los aportistas que trabajan y por los jubilados. Que deje de ser una dependencia del Gobierno para usar el dinero en cosas que no tienen nada que ver con la jubilación.

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