Fuertes críticas del Tribunal Oral hacia los que intervinieron en la investigación, a los que acusó de “parcialidad”. Conozca la sentencia definitiva y la reseña de los fundamentos.
La sentencia del Tribunal Oral Federal 3 sobre los supuestos sobornos del Senado todavía no se conoció en su totalidad. Pero de lo que sí se informó, queda claro que sus integrantes no creyeron en el testimonio del arrepentido Mario Pontaquarto y que consideraron mala la investigación desarrollada.
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En la sentencia se afirma que “no existió una reunión en la Casa Rosada con el objeto de acordar el pago de un soborno” y “no existió una reunión entre De Santibañes y Pontaquarto el 18 de abril de 2000 al mediodía para convenir la entrega de dinero”.
Los jueces Fernando Ramírez, Guillermo Gordo y Miguel Pons descreyeron de Mario Pontaquarto, cuyos argumentos refutaron uno por uno los dichos de Pontaquarto. A saber: la reunión que supuestamente hubo en Casa Rosada en la que Fernando de la Rúa habría ordenado el pago, el retiro que él dijo haber hecho de la SIDE de los 5 millones de pesos y el proceso que siguió hasta la entrega del mismo.
La sentencia expresa que “casi cuarenta exsenadores que se escucharon durante el juicio, negaron, más allá de la postura oportunamente adoptada frente al proyecto de ley, haber tenido conocimiento de elemento alguno que les permitiese afirmar que se pagaron sobornos, incluso, muchos le atribuyeron el carácter de maniobra política y algunos se la endilgaron al exvicepresidente de la Nación, Carlos Álvarez”.
Tilda sin ambages de “disparatada versión” la especie y dice que “la única fuente” de la misma “fue construida sobre la base de un anónimo difamatorio que circulara en el Senado de la Nación para el mes de agosto del 2000, y que el exvicepresidente Carlos Alberto Álvarez difundió en una reunión de autoridades de bloque”.
Los jueces consideraron que la fiscalía y la Oficina Anticorrupción se “montaron” sobre la historia del “arrepentido” Pontaquarto. “Se advirtió una marcada parcialidad en la recepción y valoración de la prueba: se interrogó de manera intimidatoria a algunos testigos; se persiguió sistemáticamente a todo aquel que no ratificara la hipótesis acusatoria; se manipuló la prueba para arribar a conclusiones preestablecidas, llegando, incluso, a la fantasiosa reconstrucción de hechos a partir de diálogos imaginados sin sustento en la prueba; se siguió a ultranza los dichos de Pontaquarto sin emplear el más mínimo sentido crítico”.