Nacer y morir en Argentina: Priscila

Por Carla Carrizo. A propósito del asesinato de una niña a manos de su madre, la legisladora porteña alerta sobre la incapacidad del Estado para evitar esas situaciones.

Priscila Morena Lafuente, informaban los medios. Lafuente, el apellido de su madre biológica. Justo la identidad que Priscila se atrevió a cuestionar. Su problema no fue ser sólo una niña indocumentada cuando un DNI podría haber evitado su muerte. Su caso nos enseña que negligencia estatal no es sólo un déficit de gestión. Lo es y grave. Más aún cuando desde 2009 la Presidencia viene emitiendo decretos destinados a evitar niños indocumentados en el país. Negligencia estatal es también ausencia de decisión de quienes hacen o dejan de hacer leyes. Que así sea quisieron quienes no dieron otras opciones a Priscila. No es verdad que no las tenía: el Estado no se las garantizó. El filicidio no es una tragedia ni violencia de género (en España en 6 de cada 10 niños la que mata es la madre). Es el punto de llegada, fatal y final, del maltrato infantil. La biología no garantiza ni el amor a la descendencia ni la preferencia sexual. ¿Entonces? Como antes con el género: lo privado aquí también es público y no al revés.

Que una madre mate a su hijo es algo que no se puede tolerar. Es contra natura? Como lo era la homosexualidad antes de la ley de identidad sexual? Ahora bien, que una progenitora decida dar en adopción un hijo tampoco es algo que el enfoque biologicista, hoy dominante en Argentina, pueda aceptar. Este enfoque supone que la adopción es antinatural. Cuando ocurre es anormal y responde a problemas contextuales, económicos o culturales. No es aceptada como una decisión autónoma de la mujer. Biología, naturaleza; identidad? Hitler pensaba de este modo. ¿Progresismo Reaccionario? Sin duda. Con el sexo, sí. Con la descendencia, no.

El problema con este enfoque es que por un lado defiende el aborto en nombre de la emancipación femenina, pero por otro, niega esa emancipación para dar en adopción un hijo. Allí las mujeres no son ya los seres emancipados que pueden decidir sino menores de edad frente a un Estado que decide por ellas: re-educación; re-vinculación; re-institucionalización infantil. Y el Estado no interviene porque castiga –por acción u omisión- a la mujer que no desea un hijo o decide no abortar y dar en adopción. Esa opción es hoy en Argentina tan inalcanzable como el aborto no punible protocolizado por la Corte Suprema hace poco. Feministas ¿abstenerse? No. Las Priscilas existen no a pesar de la Convención de los Derechos del Niño sino debido a la perversidad con que pueden interpretarse sus recomendaciones. En efecto, ¿de haber tenido Priscila su DNI hubiese logrado a tiempo su padre biológico la tenencia? ¿Tal vez eligió no identificarla por miedo a perder su tenencia? Se llama temor a un Estado que instala opciones perversas. Perversidad. Palabra que advierte Hirschman para identificar las posiciones conservadoras en política.

Corolario: en el caso de la adopción y del aborto no es una cuestión de forma, es una cuestión de fondo. O van juntas y se cambia el enfoque de adopción en Argentina –esperamos que así suceda con la aprobación del nuevo código civil- o se consolidará la idea de que el único modo posible de evitar las Priscilas es desde el momento de la concepción: el aborto. Si acaso descubre que existe algún parentesco con las políticas de control de natalidad del nazismo, no se asuste. Las élites políticas en Argentina hace tiempo que no son creativas pero si conservadoras. Ayudaría no obstante, en este caso como en tantos otros, que la costumbre no cuente con su indiferencia.

Carla Carrizo- Diputada Nacional (SUMA + UNEN)

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