“El ciclo político del macrismo también termina en 2015”

Decidido a disputar la Jefatura de Gobierno porteño el año que viene, el socialista Roy Cortina sostiene que “la tolerancia a un color político y a un mandatario no dura más de ocho años”. Además, opina sobre la coyuntura económica, el programa Progresar y la situación de los jubilados.

Por Agustín Alvarez Parisi

“Yo sueño con ser jefe de Gobierno porteño porque tengo un plan para la Ciudad de Buenos Aires de acá a 20 años”. Contundente, Roy Cortina ya se lanza como candidato a suceder a Mauricio Macri y no duda en afirmar que “así como los argentinos no resisten un ciclo político que dure más de diez años, los porteños no van a resistir un ciclo político que dure más de ocho años de macrismo”.

En un extenso diálogo con Semanario Parlamentario, el diputado nacional por el Partido Socialista apuesta a la conformación de un frente progresista que se presente a las PASO y sentencia: “De todos los postulantes de Unen soy el que más conoce la Ciudad. Sólo me falta ser senador y jefe de Gobierno”.

Por otra parte, sostiene que “el origen de la realidad económica es político”. “Acá se sale de la inflación con un proceso de concertación”, garantiza. Además, explica en detalle sus propuestas de ley para impulsar el empleo joven y aumentar el haber jubilatorio.

– ¿Cómo observa la situación económica que atraviesa el país?

– Con preocupación, porque la famosa década ganada se ha transformado en una década desperdiciada, y hay indicadores que son muy preocupantes para el país. La principal preocupación es la inflación, que es un impuesto que está utilizando el Gobierno nacional como fuente de recursos. Es perversa y cruel, porque la padecen sectores de ingresos fijos, fundamentalmente los sectores medios bajos y los sectores más vulnerables. Pero la preocupación por la realidad económica es que el origen es político: uno puede tocar muchas variables de la economía, pero el principal problema que hoy tiene la Argentina es de falta de confianza. Mientras un gobierno al que le quedan dos años para finalizar un ciclo no entienda que las señales que hay que dar para que funcione la economía tienen que ver con la política, el diálogo y la concertación, es imposible recuperar la confianza. Nos tienen acostumbrados a que cada tres o cuatro días los anuncios de (Jorge) Capitanich son “un cambio de rumbo total” que sorprende ya de manera preocupante a las distintas facciones del Gobierno. Esta es otra preocupación que uno ve: el creciente faccionalismo del Gobierno. ¿Cómo puede anunciar el titular de la AFIP una medida que después tiene que ser desmentida por el jefe de Gabinete? Se ven con claridad las tensiones entre el ministro de Economía y el jefe de Gabinete. Además, el silencio abrumador de la presidenta en un país presidencialista es malo. Uno sinceramente espera que todos sus problemas de salud se resuelvan, pero eso no quiere decir que uno no sienta preocupación por esta ausencia de la presidenta. Y uno duplica su preocupación cuando ve su aparición, después de mucho tiempo, con la misma soberbia, el mismo clima de crispación, la cerrazón de análisis de los problemas que tiene el país, el ataque a parte de la oposición, a los medios de comunicación… no ha cambiado nada después del resultado electoral y de la crisis que se está gestando en la Argentina.

– ¿Y cómo ve el tema de la devaluación?

– Preocupado, porque más allá de lo que puedan decir los economistas del Gobierno, la devaluación genera pérdida del valor de nuestra moneda. Eso hace que la gente no tenga confianza en el peso, y si la gente no tiene confianza en el peso hay una reacción en cadena, que es la inflación, y la pérdida del poder adquisitivo de los planes sociales focalizados, de los planes pretendidamente “universales”, de los jubilados, de todos los sectores de ingresos fijos. Este es un Gobierno que se había comprometido a no devaluar, pero han devaluado de una manera increíble. Por supuesto que hay sectores exportadores que ni siquiera con el dólar a ocho pesos están conformes, esperan que el dólar esté a más todavía, para poder exportar. Lo mismo pasa con el sector del último eslabón de la cadena productiva, el comercial, que está remarcando precios de manera injustificada.

¿Cómo se soluciona esto? ¿Se soluciona esto con un ejército de controladores de precios en los supermercados? ¿O con acuerdos de precios o congelamientos? La experiencia indica que no se soluciona con eso. Aparte este es el único país del mundo donde el Gobierno decía hasta hace tres o cuatro semanas que no había inflación, y hacía acuerdos o congelamiento de precios. Es contradictorio. Para salir de un proceso inflacionario que ya está llegando al 30 por ciento, no se sale si no es de manera gradual. De golpe es imposible. Acá se sale de la inflación con un proceso de concertación, a través de una ley de consejo económico y social, para sentar al mundo del trabajo y de la producción y fijar expectativas, entonces se va a generar confianza. Lo primero, por supuesto, es reconocer que hay inflación.

– ¿Qué opina del programa lanzado por el Gobierno para reincorporar a los jóvenes al sistema educativo?

– Yo tengo presentado un proyecto de impulso al empleo joven, que lamentablemente está cajoneado. Yo prefiero que esos 600 pesos que se les va a dar por mes a todos los jóvenes de entre 18 y 24 años estén efectivamente en sus bolsillos antes que en una obra inescrupulosa o innecesaria dada a un gobernador amigo del Gobierno. Sinceramente, lo veo como una buena noticia. Pero si analizo la medida, creo que es errónea, porque lo que hace es subsidiar la precarización laboral y el trabajo en negro. Además se confunde: no es un plan de promoción del empleo joven, ni de que los trabajadores jóvenes salgan de la precarización laboral, sino que es un plan de “terminalidad educativa”. Yo dudo que los jóvenes que están en la peor situación económica y social puedan terminar sus estudios con una ayuda de 600 pesos por mes.

– ¿Cuál es su propuesta?

– Esto hay que abordarlo de otra manera, no con estos anuncios espasmódicos que hace este Gobierno, que no dice de dónde se van a sacar los fondos, cómo se va a controlar… Plantean que este plan va a costar 11 mil millones del Tesoro Nacional: yo digo que con esos 11 mil millones, más ahorrando los dos mil o tres mil millones que gasta el Gobierno con su aparato comunicacional, más gravando la renta financiera, se sumaría un fondo de entre 17 mil y 19 mil millones de pesos. Con esa plata se podría poner en marcha un plan como el que plantea mi ley, que es para subsidiar a las pymes que contratan jóvenes, dándole al joven o directamente a la empresa el 60 por ciento del Salario Mínimo, Vital y Móvil que el joven ganaría si es tomado por esa pyme. Entonces toda Pyme que contrate un joven, sólo le estaría pagando el 40 por ciento de su salario, y el Estado pagaría el resto, con la condición de que esa pyme no pueda echar a ningún trabajador ni un año antes ni un año después. Con eso se promovería el trabajo en blanco. También debe haber un seguro de formación juvenil universal, donde todos los jóvenes desempleados de 18 a 24 años cobren el 20 por ciento del Salario Mínimo, Vital y Móvil, siempre y cuando cumplan con el 75 por ciento de asistencia en cursos de formación laboral dictados por el Ministerio de Trabajo. Además hay una gran diferencia: no son cifras fijas, sino que son porcentajes, porque dentro de un año, esos 600 pesos -de acuerdo con la inflación que tenemos- serán 400 pesos. ¿Eso es lo que le dejamos a nuestros jóvenes, después de la “década ganada”? Porque no son los hijos del neoliberalismo, ya son los hijos de este Gobierno. Más asistencialismo es más clientelismo y la continuidad de la precariedad laboral y el trabajo en negro.

– ¿Cuál debe ser el rol del Congreso en esta coyuntura?

– Este país sólo puede salir adelante a través de la concertación y del diálogo. Que se desaproveche una instancia como la del Congreso nacional, que es la caja de resonancia de todos los colores políticos que tiene el país y lo debe ser del tratamiento de los problemas de la Argentina, es una enorme torpeza. Tiene que haber un cambio de actitud del Gobierno nacional. El Congreso puede ser de gran utilidad, además para ayudar al Gobierno a que termine bien estos dos años. No debe ser la trinchera desde donde se defienda el Gobierno de los planteos que haga la oposición, ni tampoco la trinchera de los distintos sectores de la oposición para bloquear lo que plantee el Gobierno en estos dos años. Lo que espera la gente del Congreso es que esté a la altura de las circunstancias. Éste debería ser el año que más trabaje el Congreso de la Nación, porque la situación está muy delicada en el país y no hay excusas, no es un año electoral. El rol del Congreso es vital en esta transición hacia 2015.

– ¿Cuáles son los desafíos que tiene el socialismo para los próximos dos años?

– Yo dije que la década que va de 2010 a 2020 iba a ser histórica para el Partido Socialista, que el socialismo iba a tener un protagonismo electoral, incluso en la disputa por la Presidencia de la Nación, y no me he equivocado. En 2011 (Hermes) Binner salió segundo, por primera vez un socialista obtuvo cuatro millones de votos. Yo creo que en estas primeras décadas del Siglo XXI el socialismo va a ser el gran protagonista, el vértice desde donde se va a unir un frente progresista, que le va a dar una alternativa distinta al bipartidismo tradicional de la Argentina. Este frente le va a dar al país por primera vez un presidente de extracción socialista, con lo mejor del radicalismo, con lo mejor del peronismo, con expresiones de la izquierda, con esta experiencia que hemos tenido del FAP, y con esta experiencia valiosísima que hemos tenido en la Ciudad, de UNEN. Por supuesto, vamos a crecer mucho en todo el país, y yo estoy esperanzado de que el segundo distrito en importancia del socialismo después de Santa Fe, que es la Ciudad de Buenos Aires, también sea protagonista en el frente Unen para la disputa por la jefatura de Gobierno en 2015.

– ¿Entre esos postulantes está usted?

– Sí, nosotros vamos a aportar toda nuestra experiencia. No hay partido en Argentina que tenga experiencia más exitosa de gobierno municipal que el Partido Socialista, lo digo sobre todo por la experiencia en una ciudad tan compleja y complicada como Rosario. Además, creo que de todos los postulantes de Unen soy el que más conoce la Ciudad: he sido convencional constituyente de la Ciudad de Buenos Aires, he sido legislador porteño, autor de la Ley de Comunas, he sido ministro en los dos años de Gobierno de (Jorge) Telerman y ahora soy diputado nacional por la Ciudad. Sólo me falta ser senador y jefe de Gobierno. Por otra parte, creo que hay un problema: todos los jefes de Gobierno han intentado usar a la Ciudad como un trampolín para la Presidencia de la Nación. (Mauricio) Macri, antes lo hizo (Fernando) de la Rúa, (Aníbal) Ibarra cuando soñaba con ser el vice de Néstor Kirchner, me imagino que también lo querrá hacer (Gabriela) Michetti… Yo sueño con ser jefe de Gobierno porteño porque tengo un plan para la Ciudad de Buenos Aires de acá a 20 años. Todos los demás piensan equivocadamente que esta ciudad es fácil de gobernar -por eso estamos como estamos-, y están pensando en ser presidentes de la Argentina.

– ¿Y se le puede ganar al Pro en la Ciudad?

– Sí. Mucha gente se equivoca al pensar que los argentinos y los porteños estamos dispuestos a soportar ciclos políticos que duren más de ocho años. Un ciclo exitoso política y económicamente empieza bien el primer mandato, en el segundo mandato ya empiezan los problemas. En las sociedades modernas, la tolerancia a un color político y a un mandatario no dura más de ocho, diez años. Y todos piensan que eso corre solamente para el kirchnerismo, entre ellos Macri; yo creo que el ciclo político del macrismo también se va terminando en 2015. Ocho años de macrismo han dado sus luces y sus sombras (Ver recuadro). Ninguna oposición hoy puede descalificar en blanco y negro a ninguna administración. Una oposición que quiera gobernar la Ciudad tiene que hacer un análisis pormenorizado del Gobierno. Pero más allá de las luces y las sombras, así como los argentinos no resisten un ciclo político que dure más de diez años, los porteños no van a resistir un ciclo político que dure más de ocho años de macrismo. El kirchnerismo jamás iba a ganar esta Ciudad, y al macrismo le sirvió espejarse en el kirchnerismo, porque creó un “cuco” en la Ciudad. El macrismo tiene muchos “votos rehén” y “cautivos” de gente que los votaba para que no gane el kirchnerismo. Unen rompió eso. Y ellos pronosticaban que nos íbamos a desunir: estamos unidos y vamos a tener una alternativa para ganar la Ciudad de Buenos Aires.

– ¿De qué manera?

– Lo vamos a hacer de la misma manera que en las últimas elecciones: vamos a ofrecer varios candidatos a jefe de Gobierno, vamos a competir (Alfonso) Prat-Gay, (Martín) Lousteau, si se presenta (Elisa) Carrió, también puede ser Victoria Donda, Fernanda Reyes y yo. Con eso le vamos a dar una riqueza y una vitalidad a la democracia en la Ciudad con la cual podremos gobernar e inaugurar un nuevo ciclo.

– ¿Se puede trasladar la experiencia de Unen a nivel nacional?

– A nivel nacional se va a armar un frente progresista, que tiene cuatro pilares. El primer pilar es la experiencia exitosa del Frente Progresista Cívico y Social en Santa Fe, que ha dado dos gobernadores, cuatro intendentes, y que ha proyectado la figura indiscutible de Hermes Binner. El segundo pilar es la experiencia exitosa del radicalismo a lo largo y ancho del país, en muchos gobiernos municipales y algunos gobiernos provinciales. Hay muchísimos intendentes radicales de capitales de provincia muy jóvenes y muy exitosos. El tercer pilar es la experiencia del FAP, la inteligencia de haber formado en 2011 un frente de centroizquierda que sumó al Partido Socialista, Libres del Sur, Unidad Popular -lamentablemente hoy distanciados-, al GEN de Margarita Stolbizer y al sector de (Luis) Juez. El cuarto pilar es Unen, que en la Capital Federal unió ocho partidos, rompió la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo, salió segundo, colocó un senador de la jerarquía de “Pino” Solanas y nos puso en carrera para disputar la Ciudad. Y además le agregó algo que no tenía el FAP: utilizó las PASO. Eso fue muy valorado por la ciudadanía, y tuvimos una retención del 90 por ciento de los votos. Esos son los cuatro pilares. Con ellos, nosotros estamos de condiciones de ganar las elecciones en 2015 y de gobernar en un sentido progresivo a la Argentina.

– ¿Cuál es la propuesta que tiene para los jubilados?

– Nosotros hemos presentado un proyecto “de emergencia” -porque los socialistas y la mayoría de los sectores del progresismo en la Argentina estamos a favor del 82 por ciento móvil y continuaremos llevando esa bandera- para que se establezca un aumento de mil pesos, por esta vez, para que se sume a la magra jubilación del mínimo. La mínima de los jubilados hoy es de 2.477 pesos. Por supuesto que con la ley de Movilidad Jubilatoria en marzo y en septiembre se aumenta, pero para nosotros es insuficiente. Con esta situación, los jubilados no llegan a marzo. El aumento se tiene que dar sobre una cifra mayor, por eso nosotros planteamos que se aumenten mil pesos y que sea remunerativo, o sea que los cálculos de marzo se hagan sobre 3.477 pesos. Nuestros jubilados son los únicos que no tienen herramientas para poder defenderse, porque los trabajadores tienen las paritarias, los que reciben planes focalizados se movilizan con sus organizaciones sociales, pero nuestros abuelos, ¿qué hacen? están cada vez más lejos de una canasta básica digna.

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