A casi un año del inicio pleno de la campaña electoral para las presidenciables, ocho de los precandidatos que se presentarían a las PASO para pelear por la primera magistratura son legisladores nacionales que aspiran a cumplir, sin ir más lejos, el mismo derrotero de Cristina Kirchner: pasar de una banca al sillón presidencial.
Hay una regla no escrita que les hace ruido a todos los gobernadores bonaerenses: nunca ningún mandatario del primer distrito argentino llegó a la primera magistratura. Eduardo Duhalde fue uno de los que lo intentó, sin éxito, en 1999. Claro que dos años después sí se convirtió en presidente, pero no fue ungido a través de las urnas.
No hay en cambio ninguna prevención respecto a pasar del Parlamento a la Casa Rosada, pero lo cierto es que no es algo común. Desde la recuperación democrática, los antecedentes jugaban en contra de las bancas como trampolín presidencial. Veamos sino: Raúl Alfonsín, el primer presidente de esta etapa democrática, obviamente no venía de ser legislador nacional hasta llegar a la presidencia, en 1983, pues a su llegada al poder lo antecedió un período de facto que se extendió por siete años y medio. Sí lo había sido entre 1963 y 1966, y de 1973 al 76; en ambos casos no terminó su mandato por sendos golpes. El líder radical fue senador muchos años después de haber dejado la presidencia de la Nación, y entonces tampoco concluyó su período, al renunciar a su banca.
Carlos Menem era legislador en 1999, ni lo había sido antes, y llegó a la Rosada desde la gobernación de La Rioja. Sí en cambio tenía antecedentes legislativos Fernando de la Rúa, quien fue senador entre 1973 y 1976, y volvió a serlo entre 1983 y 1989. Luego fue diputado nacional entre 1991 y 1993, volviendo entonces al Senado hasta 1996, al convertirse en el primer jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires elegido a través del voto. O sea que a la presidencia de la Nación, en 1999, no llegó desde una banca, sino que el salto fue desde la Jefatura de Gobierno porteña.
Habrá que pasar por alto los casos de Ramón Puerta, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, que se sucedieron tras la renuncia de De la Rúa -Adolfo Rodríguez Saá era gobernador-, pero esa transición excepcional correspondió a gobiernos parlamentarios. Luego vino Néstor Kirchner, proveniente de la gobernación santacruceña, quien tuvo más tarde un fugaz paso por la Cámara de Diputados entre 2009 y 2010, hasta su fallecimiento, y finalmente llegamos a Cristina Fernández de Kirchner en 2007, quien sí provenía de una banca legislativa. Si bien el elemento clave en su caso fue, claro está, ser la esposa del presidente, todos los antecedentes políticos de la entonces primera dama eran legislativos y no puede negarse que el Parlamento fue la vidriera desde la cual ella era bien conocida desde antes de ser la esposa del presidente.
Falta un año y medio para las presidenciales todavía, pero podría decirse que están a la vuelta de la esquina. Muchos sostienen que pasado el Mundial, comenzará verdaderamente la carrera presidencial, para la cual hoy ya hay más de una decena de anotados. De los cuales más de la mitad son legisladores, y es muy probable que el próximo presidente surja desde las filas parlamentarias.
Los anotados oficialistas
Algunos han confirmado sus aspiraciones públicamente, otros no dicen nada pero lo piensan, y hasta están los que tienen quienes los promueven y se mantienen a la expectativa. Veamos cuáles son las figuras que se ilusionan con competir el próximo año por ser los que reciban la banda presidencial de manos de Fernández de Kirchner.
En el peronismo K, se cumplieron tres años desde el momento en que Daniel Scioli confirmó sus aspiraciones presidenciales, lo cual le valió el reproche del kirchnerismo duro, que luego lo absolvió al necesitarlo para hacer campaña en 2013.
Sergio Urribarri es para buena parte del kirchnerismo puro el candidato más potable para suceder a Cristina y quien les inspira más confianza. El gobernador entrerriano corre con el lastre de no ser tan conocido como su rival bonaerense, pero ya está recorriendo el país y espera ser bendecido oportunamente por el dedo presidencial.
Habrá que considerar también al ministro Florencio Randazzo, que apuesta a que la restructuración ferroviaria potencie su figura y escale posiciones a través de los vagones chinos que sin duda causarán un efecto contundente a su favor. Claro que siempre está el riesgo de que un accidente le haga retroceder casilleros, pero tiene todo para sumar de aquí hasta que se definan las candidaturas, mientras él siga posando al lado de las modernas unidades ferroviarias provenientes del otro lado del mundo. En todo caso, su apuesta de mínima será la gobernación bonaerense, lo cual no es poca cosa.
Jorge Capitanich se ilusionó a partir de su llegada a la Jefatura de Gabinete con oficiar como una suerte de primer ministro y ganar posiciones de modo tal de convertirse en el natural candidato a suceder a Cristina por parte del oficialismo. Pero sobrevinieron las revueltas policiales y a partir de ahí todo se trastornó para el gobernador chaqueño en uso de licencia. Además, una serie de desmentidas y otras tantas desautorizaciones lo dejaron malparado, complicando seriamente sus aspiraciones presidenciales. Hoy, tal cual aspiraba, es muy conocido; pero ello no se traduce hasta ahora en expectativa de votos.
El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, corre desde atrás esta carrera por la candidatura presidencial, también por no ser muy conocido, pero todos tienen presente la experiencia de Néstor Kirchner en 2003; mientras que el exjefe del bloque oficialista de Diputados y actual ministro de Defensa, Agustín Rossi, es siempre mencionado por muchos dirigentes del kirchnerismo que lo premian así por sus buenos servicios prestados a la causa K, pero en realidad ni está en un puesto que le genere adhesión, ni siquiera pudo ganar en su provincia cuando fue candidato.
Llegamos a los aspirantes presidenciales oficialistas que hoy habitan el Congreso. En primer lugar, el titular de la Cámara baja, Julián Domínguez, quien viene recorriendo el país desde el verano, con un discurso demasiado nacional como para un aspirante a la gobernación bonaerense, que podría ser su premio consuelo. De 50 años de edad, el diputado nacional arrancó desempolvando el discurso del traslado de la capital, pero luego extendió ese mensaje a referencias federales permanentes sobre “un nuevo ordenamiento territorial” y a dejar de “pensar la Argentina desde el puerto y las diez manzanas del capital financiero”.
“En esta región residen nuestras esperanzas para ver una Nación desarrollada, integrada y más federal, vinculada estratégicamente al Pacífico y al Mercosur”, ha dicho recientemente desde Tucumán, remarcando que “el interior no se puede resignar a ser productor de jóvenes cuyo destino sea no tener futuro en su lugar de nacimiento”. Confesó también no creer “en las construcciones autorreferenciales, los autocandidatos no garantizan sustentabilidad a futuro. Creo en las construcciones colectivas, en el desafío de tener un proyecto de país que podamos proponer para los próximos diez años”. Un numeroso grupo de diputados respalda sus aspiraciones, que aún no ha confesado públicamente, pero que mantiene expectantes.
El otro legislador que se imagina candidato es Aníbal Fernández. Senador nacional en la actualidad, 56 años, es contador público y abogado, y fue secretario General de la Presidencia, ministro del Interior, Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos y hasta jefe de Gabinete. Ostenta el récord de haber sido la persona que más tiempo permaneció en cargos de ese rango en la historia argentina, y se siente con los pergaminos suficientes para ser candidato presidencial.
En febrero pasado dijo que el candidato oficialista saldrá de las PASO, de las que anticipó que participarían Daniel Scioli, Sergio Urribarri, Juan Manuel Urtubey, “seguramente Jorge Capitanich”… y él mismo. De entre ellos, sugirió, saldrá “el próximo presidente de la Nación”. En tono de broma pero convencido, dijo entonces que le gustaría que el futuro candidato oficialista fuera “uno de Quilmes, con bigote”, admitiendo que “sigo pensando que tengo las condiciones y lo voy a intentar. Cuando llegue el momento, si las condiciones no marcan que yo mueva el amperímetro, es inútil que yo siga con ese tema, pero lo voy a intentar. Pero si llegado el momento me diera un número razonable que me justifique poder trabajar para conquistar ese espacio, lo voy a intentar”.
El peronismo disidente
Es muy probable que 2015 encuentre peleando la presidencia a alguno de los hermanos Rodríguez Saá, como ha sucedido desde 2003, aunque de momento ninguno de los dos ha trasparentado qué piensan hacer el próximo año. De momento el gobernador cordobés José Manuel de la Sota aspira a asumir el rol de aspirante presidencial por parte del peronismo opositor, pero el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, es quien lógicamente pica en punta en esta carrera.
Primero en los sondeos que se han conocido hasta ahora, aunque sin una ventaja que lo consolide como favorito, el exintendente de Tigre merece de momento el premio de la audacia: fue el gran ganador de las elecciones legislativas del año pasado, porque fue justamente el que se animó a enfrentar al kirchnerismo en el territorio clave. Y lo venció.
Con 42 años de edad, Massa tiene por delante tiempo suficiente para ser más de una vez candidato presidencial, pero la instancia del próximo año puede ser debut y consagración. Previsor, el extitular de la ANSeS -organismo donde cimentó la base de su conocimiento público- había anticipado su aspiración de ser candidato a diputado nacional en 2013 inmediatamente después de las elecciones de 2011, cuando fue uno de los intendentes elegidos por mayor diferencia en el conurbano. Por entonces sólo parecía tener en su mente para 2015 la gobernación bonaerense, pero tras distanciarse del kirchnerismo su figura comenzó a cotizar de modo tal que pudiera ilusionarse con saltear la instancia bonaerense, eludiendo de paso el estigma del que hablamos al comienzo.
Muchos especularon con que al final dejara pasar 2013 de largo, quedándose tranquilo en la intendencia tigrense, pero él tenía bien claro -como dijo en 2011- que para potenciar realmente su figura necesitaba legitimarse con un gran triunfo propio como fue el que finalmente obtuvo. En 2013 hizo un pleno y ahora debe ocuparse de no cometer errores y mantenerse presente en la opinión pública para poder ir por todo en 2015.
La oposición no peronista
Según las encuestas, el tercer lugar del podio de aspirantes presidenciales es ocupado hoy por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien confía en que los candidatos peronistas terminen restándose votos entre sí y él pueda colarse en un balotaje.
El cuadro de figuras con pretensiones lo completan los precandidatos que ofrecerá el flamante Frente Amplio UNEN, que cuenta nada menos que con cinco dirigentes que desean competir por la presidencia y se da aquí la particularidad de que todos son diputados o senadores nacionales. Ningún gobernador o intendente de este espacio está terciando en la carrera presidencial.
Primero por los pergaminos que le da haber sido segundo en las últimas elecciones -con 3.684.970 votos-, citaremos al diputado nacional Hermes Binner. Líder del Partido Socialista y próximo a cumplir 71 años, el exgobernador santafesino considera que la próxima es su última oportunidad para llevar al socialismo a la primera magistratura y espera que su experiencia al frente de la gobernación de una provincia tan importante sirva a la hora de pensar en un presidente no peronista. Tiene a su favor no haber sido nunca salpicado por la corrupción, pero la crisis de seguridad en Rosario no lo deja bien parado y, por el contrario, tiende a ofrecer flancos suyos para que sus adversarios le peguen.
El radicalismo ofrece dos candidatos, ambos legisladores nacionales y los dos también mendocinos. El senador Ernesto Sanz es actualmente el presidente del Comité Nacional de la UCR y ya fue precandidato en 2011, aunque finalmente bajó su postulación antes de competir, dejándole el camino libre al diputado Ricardo Alfonsín. A los 57 años, sus antecedentes son más bien legislativos, pues lleva once en el Senado, aunque también tuvo un paso por el Ejecutivo, ya que entre 1999 y 2003 fue intendente de San Rafael. Excelente orador, es una de las mentes más claras de su partido, pero conspira contra él su bajo conocimiento público, lo cual se puede observar claramente en las encuestas que circulan.
El otro competidor radical es Julio César Cleto Cobos, quien a diferencia de su comprovinciano es mucho más conocido por haber sido vicepresidente de la Nación durante el primer mandato de Cristina Kirchner. Algo que le juega a favor, pero también en contra, pues muchos correligionarios no le perdonan aún al mendocino ese acercamiento al kirchnerismo que en su momento le valió la expulsión partidaria. Contra esas críticas, Cobos puede exhibir su voto “no positivo” cuando la 125, que le valió el odio eterno del kirchnerismo, pero que para muchos consiguió pacificar el país en un momento crítico. Fue su momento de gloria, cuando escaló en la consideración pública hasta niveles a los que nunca un radical soñó tras la defección de la Alianza, pero con el paso del tiempo y la recomposición kirchnerista su estrella se fue opacando. Al punto tal de que ni siquiera pudo ser candidato presidencial en 2011, cuando como Sanz optó por retirar su candidatura. Como Massa, este mendocino de 59 años tuvo en las elecciones legislativas del año pasado un rotundo espaldarazo en las urnas, cuando ganó por el 47 por ciento las elecciones en su provincia, consagrándose por primera vez diputado nacional.
Elisa Carrió es desde hace dos décadas una figura excluyente de la política argentina, y ha tenido tantas idas y vueltas en su relación con la gente, como partidos ha construido. De 57 años, esta diputada nacional se fue del radicalismo en 2001, y desde entonces construyó el ARI, la Coalición Cívica y ahora ha vuelto a los primeros planos como pilar del frente UNEN. Es, de los aspirantes presidenciales, la que más veces compitió en esas lides: tres. La primera fue en 2003, por el ARI junto al mendocino Gustavo Gutiérrez, cuando resultó quinta, con el 14,05 por ciento de los votos; la segunda cuatro años después, cuando en su mejor elección salió segunda detrás de Cristina, con el 23,04 por ciento, y la tercera fue su debacle en 2011, cuando junto al hoy renovador Adrián Pérez obtuvo apenas el 1,82 por ciento y anunció su retiro de la política.
Distanciada de su partido, Carrió se reconfiguró a partir de un sorpresivo acuerdo con Fernando “Pino” Solanas y luego un no menos sorpresivo entendimiento con radicales y socialistas, entre otros, de los que supo estar mortalmente distanciada. Y a través de la alianza que se dio en llamar UNEN, “Lilita” se recuperó con dos grandes elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, logrando el 32 por ciento en las definitivas de octubre. Cuenta a su favor ser muy conocida, su constante prédica contra la corrupción, pero muchos recelan de ella por su nula experiencia ejecutiva y, sobre todo, su excesivo personalismo y tendencia a enemistarse con sus compañeros de ruta.
Su socio político, “Pino” Solanas, sabe que a partir de la figura de Carrió y la novedosa experiencia de UNEN consiguió no solo una banca en el Senado, sino también relegar al kirchnerismo al tercer lugar en el distrito, dejándolo así sin un escaño en la Cámara alta. Es difícil que entre tantos competidores dentro de ese mismo espacio, él sea quien surja, pero por lo pronto es precandidato presidencial, tal cual lo confirmó el fin de semana, al descartar ante una pregunta puntual que vaya a postularse para jefe de Gobierno: será precandidato presidencial.
El cineasta es el más longevo de los aspirantes, con 78 años de edad, y ya tuvo experiencia como candidato presidencial, pues lo fue en dos oportunidades, aunque con magros resultados. La primera en 1995, cuando junto a Carlos Imizcoz cosechó apenas un 0,41 por ciento de los votos. La segunda en 2007, junto a Angel Cadelli, del socialismo auténtico, con el que apenas obtuvo un 1,58 por ciento.
Hemos mencionado entonces más de diez nombres de aspirantes, ocho de los cuales son legisladores nacionales. Primarias mediante, esta cantidad seguramente se reducirá sustancialmente para octubre, sobre todo teniendo en cuenta que del Frente Amplio UNEN debería quedar uno de cinco. De tal manera, probablemente solo queden dos de todos los legisladores con aspiraciones a ser el futuro presidente, pero con serias posibilidades.
Quiénes fueron candidatos desde sus bancas
Obviamente en 1983 ningún candidato presidencial estaba ocupando una banca en el Congreso, que llevaba más de siete años cerrado. Pero dos tenían antecedentes legislativos. Oscar Alende fue diputado nacional entre 1952 y 1955, mientras que Rafael Martínez Raymonda lo había sido entre 1964 y 1966.
En 1989, Alvaro Alsogaray era diputado nacional, lo mismo que el socialista Guillermo Estévez Boero.
En las presidenciales de 1995, el entonces senador nacional José Octavio Bordón resultó segundo. Participó también el excarapintada y entonces diputado nacional Aldo Rico, lo mismo que el también diputado Fernando “Pino” Solanas.
En 1999, Domingo Cavallo fue candidato presidencial siendo diputado nacional.
En las elecciones de 2003, también hubo un solo candidato legislador: Elisa Carrió, diputada nacional.
En 2007 compitió la senadora Cristina Fernández de Kirchner, consagrándose presidenta de la Nación. El segundo lugar fue para la diputada nacional Elisa Carrió. También participó en esas elecciones el diputado Fernando “Pino” Solanas.
Por último, en las elecciones de 2011 compitieron dos diputados como candidatos presidenciales: Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió. No pudo sortear el escollo de las PASO la diputada Alcira Argumedo, quien formando fórmula con el también diputado Jorge Cardelli sólo obtuvo el 0,89 por ciento de los votos y quedó inhabilitada para las elecciones generales.