Por José Mongeló. El diputado del Frente para la Victoria pide valorar la enorme estatura de dignidad que el trabajo brinda a cada hombre o mujer de nuestro suelo.
Cada 1° de mayo, el pueblo trabajador de nuestra Patria evoca el merecido homenaje a aquél grupo de obreros estadounidenses que en 1886 se movilizó reclamando una jornada laboral de 8 horas, que luego explotó en una masiva adhesión en todo ese país y consagró a esta fecha como un antes y un después en ese sentido.
Sin embargo, en nuestra tierra y recién 57 años después, se convirtió este acontecimiento en una génesis social y política que supo convertirse en una lección, para propios y extraños, que aún perdura en la memoria de los pueblos que se sienten dignos de sus destinos: la llegada del Justicialismo a la Presidencia de la Nación Argentina.
Desde entonces, la celebración de este Día del Trabajador, tuvo su mejor definición en boca de uno de los grandes estadistas de nuestra historia. El que señalaba, en los festejos de 1953, que este acontecimiento "constituye para cada argentino un altar levantado en cada corazón para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos, esos héroes anónimos que nadie recuerda porque han sido abandonados en la lucha anónima de todos los días".
Es que Juan Domingo Perón, constructor de la catapulta histórica de la clase trabajadora en junio de 1943, marcó a fuego - con reformas y decisión - un destino de justicia e inserción social en la vida de millones de personas. Y en ese camino de reivindicaciones, fue también este gran líder político que ya advirtió desde aquella vieja Secretaría de Trabajo y Previsión, la necesidad de que "seamos unidos, porque estando nosotros unidos, somos invencibles. Que la política no divida a los sindicatos, ni ponga a unos contra otros".
En momentos, en que mucho se dice y reclama, es válido recordar que desde aquella irrupción que dio nacimiento al movimiento nacional y popular, cada trabajador atesora diez derechos básicos: derecho al trabajo, a una justa distribución, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo y de vida, a la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de la familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales.
Sepamos entonces, en este Día del Trabajador, valorar la enorme estatura de dignidad que el trabajo brinda a cada hombre o mujer de nuestro suelo. Y a la necesidad de asumir el compromiso, como trabajadores y ciudadanos, de enfrentar los desafíos del presente con el único objetivo de consolidar el bienestar de todo nuestro pueblo.
Recordemos a cada uno de nuestros trabajadores caídos en las luchas de sus reivindicaciones, pero también valoremos y respetemos a quienes brindan desde sus diarias y permanentes tareas, un aporte que suma - y mucho - a la grandeza de nuestra bendita Argentina.