De la euforia de París, a las tribulaciones en Tribunales

Por José Angel Di Mauro. Pudo haber sido una de las mejores semanas del kirchnerismo en el poder. Pero lo que arrancó con una Plaza colmada, en lugar de concluir con la celebración del acuerdo con el Club de París, lo hizo con el vicepresidente puesto a las puertas de su procesamiento.

Creyente al fin, la Presidenta debe haber interpretado los hechos posteriores a su vuelta a la Catedral Metropolitana como señales divinas. Es que fue sin dudas una semana soñada, opacada el viernes, de ahí la ira infinita del kirchnerismo en general con un juez en particular.

Comenzó de la mejor manera, con Cristina Fernández retribuyéndole al Papa los múltiples gestos que él le ha prodigado desde que llegó al máximo sitial del Vaticano, asistiendo al Tedeum al que había dejado de ir por decisión de su esposo ocho años atrás. Y logró con esa acción concitar la mayor atención pública. Horas más tarde fue protagonista central del acto celebratorio del 25 de Mayo en la Plaza, donde volvió a sentirse a gusto, como le pasa cada vez que un evento multitudinario de ese tipo le hace revivir la celebración del Bicentenario, clave en el repunte kirchnerista después del traspié con el campo.

La semana siguió con la confirmación de una invitación del BRICS a la Argentina para participar como invitada a su próxima reunión. Pero la frutilla del postre se dio el jueves, con el anuncio del arreglo con el Club de París, donde su funcionario preferido tuvo todo el protagonismo. Antes de volar a Francia, Axel Kicillof había buscado bajarle los decibeles a su viaje aclarando que si bien se había avanzado “decididamente” hacia un acuerdo, aun no se habían definido los plazos, “ni hemos avanzado más allá de los lineamientos presentados en enero”. La primera reunión sería con todos los acreedores “y eso es muy importante, pero no quiere decir que vamos a arribar a un acuerdo”, señaló el ministro de Economía el lunes. No hay que ser muy memorioso para recordar que en enero pasado, cuando Kicillof se vio las caras por primera vez con los popes del Club de París, entonces se reprochó que hubiera viajado él, cuando en realidad el ministro de Economía participa de esas negociaciones para cerrarlas.

O bien se trataba de otra muestra de tozudez del joven funcionario, o había garantías de un resultado positivo. Lo que en todo caso puede haber sorprendido -gratamente- es que se llegara a un entendimiento al cabo de esa maratónica primera reunión, pero lo cierto es que de lo contrario el ministro hubiera permanecido en París el tiempo necesario hasta acordar, según había trascendido.

La tercera fue la vencida con el Club de París. La primera vez que el gobierno quiso acordar fue en 2008. El 2 de septiembre de ese año, en el acto del Día de la Industria, Cristina anunció la firma de un decreto por el cual instruía al ministro de Economía para que “utilizando reservas de libre disponibilidad del Banco Central, cancele la deuda del Club de París”, que en ese mismo acto cuantificó en “aproximadamente 6.706 millones” de dólares. Pero sobrevino una crisis internacional que agudizó las dificultades crediticias en el mundo, y el gobierno optó por preservar sus reservas, por entonces de 47.146 millones.

Volvió a hablar del tema el 15 de noviembre de 2010, cuando por cadena nacional anunció que el Club de París había “accedido a la posición argentina de negociar la deuda que mantenemos, sin la intervención del Fondo Monetario Internacional”. Fue la última referencia pública concreta sobre liquidar esa deuda, pero se sabe que iniciado su segundo mandato, se vislumbró una vuelta al mercado de capitales. Fue en el marco de lo que algunos denominan el “Plan Boudou”, quien dejaba el Ministerio de Economía para asumir como vicepresidente, y el ejecutor del mismo sería Hernán Lorenzino, hoy embajador ante la Unión Europea, desdibujado entre los que acompañaron a Axel Kicillof en las negociaciones ante el Club de París.

Por esos días a Boudou le tocó dar detalles junto al ministro Julio De Vido de la quita de subsidios, que la Presidenta dio en llamar “sintonía fina”. Pero al poco tiempo estalló el caso Ciccone, que apagó la estrella de Boudou, y ocurrió la tragedia de Once, que frenó la baja de subsidios. Con tres años de demora, se reanudó la quita de subsidios y se arregló con el Club de París -pagando 3.000 millones más que los que en 2008 se adeudaban-, siguiendo la estrategia que había sugerido Amado Boudou, quien no pudo festejar, ni tuvo nadie que lo reivindicara.

Por el contrario, su situación judicial se precipitó de tal modo el viernes que apagó la euforia generada en torno al acuerdo crediticio. Un día antes, la Presidenta había celebrado en el Conurbano el acuerdo alcanzado, pero no se había extendido en sus apreciaciones: al joven ministro le correspondería el papel central de dar los detalles el viernes, durante una conferencia de prensa que sin embargo quedó eclipsada por la noticia impactante del primer vicepresidente en funciones convocado para una declaración indagatoria.

La manera elegida por el gobierno para defenderlo fue apelar a lo del “ensañamiento mediático” y un deliberado intento de opacar el resonante éxito que acaba de alcanzarse. Se asentó para ello en que el anuncio de la citación fue hecho al día siguiente del acuerdo con el Club de París y que la indagatoria tendrá lugar cuando la Presidenta esté en Brasil participando de la reunión del BRICS. Ese día justamente Boudou deberá entonces concurrir a Tribunales en su condición de presidente en ejercicio.

La citación fue fijada para el 15 de julio, dos días después de la final de la Copa del Mundo, a la que el gobierno asigna sus mayores expectativas, cifradas en la performance de Messi y compañía. Y más ahora: nada mejor que un éxito deportivo para que no se hable de otra cosa que de fútbol. Pero si la Selección queda eliminada antes…

En esta columna anticipamos hace dos semanas que luego de que la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal no hiciera lugar al recurso interpuesto por la defensa de Boudou en la causa Ciccone, había una certeza de que el vice sería finalmente citado a indagatoria después de la feria judicial. El juez Lijo decidió hacerlo una semana antes -la feria será entre el 21 de julio y el 1° de agosto-, presumiblemente azuzado por las presiones que trascendieron los últimos días, que hablaban de la probabilidad de que la Sala I de la Cámara Federal resolviera apartarlo de la causa. Supuestametne uno de sus integrantes estaba de acuerdo y solo faltaba entonces un voto para desplazar a Lijo.

Hay quienes sostienen que hacer caer al segundo juez de la causa Ciccone hubiera sido un desgaste político muy elevado para el gobierno, pero como contrapartida están los que recuerdan que no hubo reparos para proceder como se hizo con el fiscal Campagnoli, quien podría ser removido del cargo durante la disputa del Mundial -días en los que “no se hablará de otra cosa que de fútbol”, tales las palabras y el deseo del jefe de Gabinete-.

“Son casos distintos”, aclaró un hombre del gobierno consultado por este medio. En efecto, uno afecta a un funcionario al que están resignados a soltarle la mano; el otro salpicaba a otro miembro del Gabinete, a un empresario muy cercano al poder y podía escalar aun más alto.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password