“Decir que el Pro es de derecha es un rótulo para prejuzgar”

Federico Sturzenegger defiende la gestión macrista en la Ciudad de Buenos Aires y asegura que el Gobierno pagará las consecuencias de haber intervenido en la economía. Además, admite haberse sentido un “perseguido político” en la causa por el “megacanje”, por la que finalmente fue sobreseído. Su visión del fenómeno inflacionario, el impuesto a las Ganancias y la ley de trabajo registrado.

Por Carolina Ramos

Con su gestión en el Banco Ciudad como leitmotiv, Federico Sturzenegger no tardó en convertirse en el referente económico del Pro en la Cámara de Diputados. Como tal, augura para el segundo semestre del año un panorama que combina “confusión, destrucción e inflación”.

“El Gobierno empieza a pagar los platos rotos de haber intervenido en algunos mercados”, sentencia, aunque aclara que la discusión por la regulación de la economía “no es ideológica”, sino que tiene que ver con la “capacidad de gestión” del Estado.

En una extensa entrevista con Semanario Parlamentario, el macrista asegura que la inflación es producto de la emisión monetaria. Además, sostiene que “el error más grande que cometió este Gobierno fue la nacionalización de YPF” y que el kirchnerismo “perderá las próximas elecciones por esa decisión”, aunque destaca por otro lado la política de desendeudamiento.

En otro pasaje, Sturzenegger analiza que la gestión K “tiene una gran falta de respeto por el manejo de los recursos públicos” y afirma que el costo de eximir de impuestos al biodiesel “es prácticamente el mismo que se necesita para subir el mínimo no imponible” del impuesto a las Ganancias. Por otra parte, recuerda que él fue “el primero que propuso bajar los impuestos al trabajo”. “El kirchnerismo primero me acusó de noventista, y después lo propuso”, indica.

En tanto, rechaza que el Pro sea una fuerza política “de derecha” al señalar que “la gestión en la Ciudad de Buenos Aires echa por tierra todos esos prejuicios”, y bromea con un paralelo entre el Frente Amplio UNEN y La Alianza.

Por último, admite que se sintió un “perseguido político” tras ser procesado y luego sobreseído en la causa por el “megacanje”, cuando era secretario de Política Económica de Domingo Cavallo. En este sentido, asevera que “no tuvo ninguna responsabilidad formal” ya que “era un tema de la Secretaría de Finanzas”. “El Gobierno empezó a reflotar todas las causas posibles de funcionarios de otros gobiernos para tapar a (Amado) Boudou, a (Ricardo) Jaime y a (Juan Pablo) Schiavi”, asegura.

– ¿Qué panorama vislumbra para el segundo semestre del año a nivel económico?

– Vislumbro un panorama bastante parecido al que estamos viviendo en este primer semestre; un panorama con una recesión que está creciendo en intensidad y una inflación que probablemente se mantenga en valores bastante elevados. Yo digo que se combinan tres cosas: confusión, destrucción e inflación. “Confusión” significa que el Gobierno no da señales muy claras en qué sentido ir: no se sabe si quiere endeudarse o si quiere desendeudarse; si quiere devaluar o no quiere devaluar; si quiere mentir con las estadísticas o dejar de mentir… si uno repasa todo el cúmulo de política económica, es muy difícil entender dónde está parado el Gobierno y hacia dónde apunta. De la mano de esa confusión se da una caída en los niveles de inversión y con eso el empleo, que es lo que está ocurriendo ahora. “Destrucción” es que el Gobierno empieza a pagar los platos rotos de haber intervenido en algunos mercados y de haber generado casi un estrangulamiento de la actividad económica: el mercado del trigo, de la carne, de la leche, el mercado inmobiliario, el sector energético, la minería, ahora el automotriz; son todos sectores donde el kirchnerismo intervino con su regulación, generando una falta de credibilidad. Esto ha afectado mucho el nivel de actividad económica. Todo eso da un combo de economía en caída. Por último, la “inflación” significa que de esta torta “que lamentablemente es cada vez más chica-, el Estado cada vez se lleva una parte más grande, porque ha aumentado los impuestos y como eso no alcanzó, usa la emisión monetaria como vía para financiarse. Esa emisión monetaria genera inflación. Esos son los tres condimentos, “confusión”, “destrucción” e “inflación”, y no se ve al Gobierno saliendo de ese esquema.

– Cuando se refiere a la “destrucción”, usted habla de la intervención del Estado, ¿cree entonces que el Estado no debería intervenir para regular la economía?

– Pensar eso es demasiado genérico. Nosotros no tenemos un enfoque ideológico con respecto a este tema. Creemos que las cosas hay que analizarlas caso por caso, y a veces también teniendo en cuenta si se tiene el recurso humano para gestionar. Por ejemplo, uno no puede decir que se va a hacer cargo de una aerolínea sin tener a cargo los cuerpos técnicos para gestionar. Lo mismo una empresa petrolera. Cada área del Estado necesita cuerpos técnicos idóneos. Esta discusión no sólo no es ideológica, sino que tiene que tener en cuenta la capacidad de gestionar.

– ¿Qué país le dejará el kirchnerismo al próximo gobierno?

– Le va a dejar un país donde se perdió mucho tiempo en los últimos años. Se perdió mucho tiempo en inversiones, en infraestructura y en todas las inversiones que necesitan mucha estructura institucional. Por ejemplo, si se van a invertir cinco mil millones en un proyecto minero, se necesita una cierta idea de estabilidad. Eso no estuvo, entonces se perdió tiempo. El error más grande que ha cometido este Gobierno fue la nacionalización de YPF, que paró las inversiones en energía durante dos años. Yo digo que este Gobierno pierde las próximas elecciones por esa decisión. Si no hubiera hecho eso, en este momento habría miles de millones de dólares entrando para financiar proyectos de energía. Pero se hizo un quiebre tan fuerte en la seguridad jurídica del sector que lo paró. Después hay un montón de intervenciones, por ejemplo los ROE, el cepo cambiario, cosas que están puestas solamente porque el kirchnerismo las usa como un mecanismo de coerción y de ejercicio del poder. Todo esto es algo que hay que desarmar, lo que tampoco es una cosa tan complicada. Por otro lado, hay algunos aspectos positivos, como el hecho de que es un país que está desendeudado. El kirchnerismo, dentro de su lógica, ha optado por no acceder a los mercados externos.

– ¿Entonces destaca la política de desendeudamiento de este Gobierno?

– Me parece que es el activo más importante que le deja el kirchnerismo al Gobierno que viene, porque le da muchos márgenes de acción.

– ¿Cómo haría el Pro para combatir la inflación?

– La inflación se produce estrictamente por el uso de la emisión monetaria como fuente de financiamiento. Si no, no hay manera de que haya inflación. Eso para mí requiere gestionar mejor los recursos públicos, que es lo que el kirchnerismo no hace. El kirchnerismo tiene una gran falta de respeto por el manejo de los recursos públicos. Entonces, como aumentó los impuestos y no le alcanzó, necesita apelar a la emisión monetaria. Se necesita básicamente una mejor gestión. El gasto público no orientado a la corrupción o al clientelismo da amplísimos márgenes para hacer lo mismo que hace el Estado, pero con un menor costo para el contribuyente. Ese menor costo implica menores impuestos, y el primer impuesto que hay que sacar es el impuesto inflacionario. Esto llevará un tiempo, tampoco en el Estado uno hace las cosas de un día para el otro, y el Pro no tiene el ánimo de hacer las cosas de manera abrupta. Eso no es bueno, por lo tanto cabe la posibilidad de usar durante uno o dos años algo de financiamiento externo, también aprovechando el crecimiento económico que nosotros creemos que va a venir. Una vez que se normalice la situación de credibilidad y de relación con el mundo, eso también va a dar más márgenes en términos de recursos para ir reduciendo la necesidad de uso del impuesto inflacionario.

– Otro de los impuestos que preocupa es el de Ganancias, ¿cómo harían para subir el piso del mínimo no imponible sin desfinanciar al Estado?

– Hace tres semanas, el Gobierno trajo al Congreso el proyecto para bajar los impuestos al biodiesel, más la baja de retenciones, fueron 3300 millones: es prácticamente lo mismo que se necesita para subir el mínimo no imponible. Parece que el Gobierno siente que los recursos están, pero no los aplica a esto, sino a otra cosa.

– ¿O sea que si se eleva el mínimo no imponible, no se verían afectadas las arcas del Estado?

– Lo afectaría marginalmente, pero repito: el Gobierno en la última semana le pidió al Congreso que apruebe una baja de impuestos que es más o menos del mismo monto. El problema no es si están los recursos, sino adónde se están orientando y cómo se están gestionando esos recursos. Está raro el kirchnerismo, porque en vez de hacer esto, que favorecería a más de un millón de familias, decide subsidiar a 1500 personas y a las 10 empresas con capital más concentrado de la Argentina.

– Por otra parte, durante el debate por el proyecto de trabajo registrado, usted pidió bajar los impuestos al trabajo, ¿esa no es una receta que ya fracasó?

– Eso fue lo que aplicó el Gobierno. En marzo, yo fui el primero que propuso bajar los impuestos al trabajo. En ese momento, cuando lo dije en mi discurso, el diputado (Héctor) Recalde me contestó a través de la agencia Télam que era algo de los “90. Nos quedamos intercambiando opiniones, y a los dos meses aparece el proyecto del Poder Ejecutivo para bajar los impuestos. O sea, justamente lo que yo decía. No sé si es que los convencí. Indefectiblemente, bajar los impuestos al trabajo tiene que ayudar para combatir el trabajo no registrado, porque si hay una cuña del 40% entre lo que paga el empleador y lo que recibe el empleado, eso genera un incentivo muy grande a evadir ese impuesto. Yo estoy totalmente de acuerdo con la baja de los impuestos. El kirchnerismo primero me acusó de noventista, y después lo propuso. Una cosa increíble en términos de la ductilidad argumentativa que tiene.

– ¿Entonces por qué votó en contra?

– Porque la ley tenía tres capítulos, y la verdad que la baja de aportes era bastante marginal y acotada, de hecho yo planteé una baja mucho más agresiva y con un sentido de equidad distributiva, bajándole más los aportes a los que menos ganan. No necesariamente a los que trabajan en empresas chicas, que yo demostré que no son los que tienen los menores sueldos. Yo pretendía ir al foco de la informalidad, que son los “ni-ni”, el primer trabajo, el empleo joven… yo dije que esto venía como “la manzana envenenada” de Blancanieves, que eran los títulos uno y tres de la ley, pero se le da la potestad de controlar a las empresas y de hacer las inspecciones de trabajo al Gobierno nacional, cuando eso es potestad de las provincias. Entonces yo dije que no iba a votar una ley porque me ponen esta pequeña “zanahoria” de la baja de aportes, que es muy poco lo que hace, y vienen con un “caballo de Troya”, que es empezar a tener el control sobre todas las empresas, y, conociendo el modus operandi del kirchnerismo, eso se va a usar para extorsionar, apretar y coaccionar. Además, si ese poder de policía hoy lo tienen las provincias, queremos un país más federal. La verdad que se dieron situaciones insólitas: por ejemplo, el radicalismo votó la ley en general y votó en contra todos los títulos. Por lo menos nuestro bloque votó en general a favor y también a favor el título dos, que era el de rebaja de aportes.

– ¿Y por qué su bloque no llegó a un acuerdo para votar unánimemente a favor o en contra?

– Porque con el presidente del bloque, Federico Pinedo, decidimos que con mi voto en contra, que era acorde al dictamen que habíamos presentado en la comisión, podíamos transmitir esto de una manera mucho más contundente. Como partido queríamos dar el mensaje de que estamos en contra del trabajo no registrado, pero con mi voto en contra pusimos una señal de alerta. Nos pareció interesante desde el punto de vista de la comunicación.

– Al Pro se lo suele tildar como una fuerza política “de derecha”. El último en plantear esta visión fue Hermes Binner, ¿qué piensa?

– Son rótulos. Me parece que esta elección no va a ser sobre ideologías, sino sobre valores. Eso me parece que implica una división de aguas mucho más interesante que la ideología. Decir que el Pro es “de derecha” es un rótulo que utilizan algunos para encasillar y prejuzgar. Yo le diría al diputado Hermes Binner que él tiene una responsabilidad muy importante de no prejuzgar. En buena fortuna, nosotros tenemos la gestión en la Ciudad de Buenos Aires para echar por tierra todos esos prejuicios. Por ejemplo, ¿cuál es el único distrito en la República Argentina donde la gente está volviendo al colegio público? La Ciudad de Buenos Aires, por todo lo que se ha hecho, se han hecho más escuelas, se han mejorado, se les da inglés a los chicos, se les da computadoras… los chicos de la provincia de Buenos Aires están viniendo en masa a estudiar a nuestros colegios públicos, ¿eso es de derecha o de izquierda? No sé qué es, lo que sí sé es que es un Estado al servicio de la gente y al servicio de un concepto que es nuestra “estrella”: la igualdad de oportunidades. Creer en la igualdad de oportunidades, ¿es de derecha o es de izquierda? Poner el foco de la política de transporte en el transporte público y no en el transporte automotor, ¿es de izquierda o de derecha? Estar en contra de la nacionalización de Aerolíneas Argentinas… cuando a Lula le pidieron que tomara Varig, que había quebrado, dijo que “ni loco” iba a usar plata de los trabajadores para financiar una aerolínea donde viajaban los ricos; cuando a José Mujica en Uruguay le pidieron que tomara Pluna, que también había quebrado, dijo que no podía comprometer impuestos de trabajadores uruguayos para financiar una aerolínea… ¿eso es de izquierda o es de derecha? Cuando creemos que hay que compatibilizar el derecho de circulación con el derecho de expresión, ¿eso es de izquierda o de derecha? Sería bueno que la política deje de trabajar sobre la base de prejuicios ideológicos, y que empiece a discutir más en concreto cuáles son las políticas que se impulsan.

– En estos términos, ¿se puede llegar a un acuerdo con el Frente Amplio UNEN?

– Creo que hay una cercanía en valores, mucho más cercana que con el peronismo. Durante 30 años se gobernó de una manera, y los argentinos tienen que buscar otra manera. La Alianza (hace una pausa), perdón, UNEN (se ríe), la gente dice que es “kirchnerismo con buenos modales”, entonces, ¿qué es verdaderamente un cambio conceptual a una Argentina moderna, diferente, con un Estado al servicio de la gente, una Argentina integrada al mundo? Esa es nuestra identidad. No queremos un Estado al servicio de las clases políticas ni del clientelismo, que sería el peronismo, ni un Estado al servicio de una ideología, que sería la Alianza/UNEN, sino un Estado al servicio de la comunidad. Eso no tiene ideología.

– Usted fue procesado en la causa por el “megacanje”, y recientemente sobreseído, ¿qué tiene para decir?

– Me sentí un perseguido político, porque en el tema del “megacanje” yo no tuve ninguna responsabilidad formal. No era un tema de mi área. Era un tema de la Secretaría de Finanzas. A mi me involucraron sin absolutamente ningún tipo de fundamentos. Es una causa en la que se dictó hace seis, siete años la falta de mérito, y es sorprendente que a los cinco días que yo asumo como diputado nacional se haciera esto. Además, en el contexto de una movida donde el Gobierno empezó a reflotar todas las causas posibles de funcionarios de otros gobiernos para tapar a (Amado) Boudou, tapar a (Ricardo) Jaime, a (Juan Pablo) Schiavi.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password