Acelerar hasta el último instante

En la negociación para evitar el default, el Gobierno abusó de su estilo jugando al máximo riesgo y, sobre todo, sin desatender algo que se sabe que le preocupa mucho: el manejo comunicacional. El resultado en esta oportunidad fue claramente negativo.

Por José Angel Di Mauro

Si al exsenador nacional Daniel Varizat le preguntan por los inicios políticos de Néstor Kirchner, seguramente se acordará de cuando a bordo de un Renault 12 recorrían Santa Cruz en tiempos de la campaña para la gobernación de esa provincia. Verdadero kirchnerista de la primera hora, Varizat recordará cuando en esos días debieron lidiar con las cenizas del volcán Hudson, que dificultaba sus traslados. Y también la nieve, claro. Hoy retirado de la política, puede evocar la vez en que llegaron a un lugar donde no podían ver la ruta, tan tapado estaba todo por la nieve. En el auto iban él, Kirchner, José Salvini -otro histórico del kirchnerismo original- y un “compañero de El Calafate” de apellido Quiñónez. Kirchner se quedó en el auto, todavía en marcha, y el resto bajó para verificar la profundidad que tenía la nieve y por dónde podrían pasar, si se animaban. En eso andaban cuando escucharon que quien terminaría ganando la gobernación aceleraba el auto y encaraba…

El auto avanzó no más de diez metros y terminó enterrado hasta el capot. Pudo haber sido peor… Pero mostraba a un Kirchner pleno, en una instancia capaz de ilustrar sus decisiones. Ante situaciones extremas, el santacruceño avanzaba a toda marcha, buscando verse dominador de la situación, por más riesgosa que ella fuera. Alguna vez no le fue bien; pero la mayoría de veces alcanzó a frenar justo antes de chocar.

Es una buena alegoría de lo que fue la negociación del canje de deuda, en la que propuso una quita de nada menos que el 75%. Durante el tiempo que duró la propuesta, Kirchner se mostró inflexible y a la postre tuvo éxito: contra los pronósticos de quienes auguraban un fracaso, el canje tuvo un nivel de aceptación del 76,15%.

Pero no era suficiente, más allá de que por esos días -a fin de sumar más adhesiones al canje- el entonces presidente asegurara que era la última oportunidad para que los bonistas cobraran.

Así fue que en busca de poner fin al problema, su sucesora anunció en septiembre de 2008 en Nueva York que se estudiaba cómo resolver la deuda con los que no habían ingresado al canje. Estaba a su lado Amado Boudou, entonces titular de la ANSeS, quien en octubre del año siguiente -ya como ministro de Economía- anunció la reapertura del canje que terminó incluyendo a un 96,4% de los acreedores.

Se temía que en el acto del Día de la Bandera -hace un mes- la presidenta acelerara hacia la nieve, o el precipicio, como muchos vislumbraban. Había muchas señales de que así lo haría: en principio, el discurso emitido la noche del día en que la Corte Suprema de Justicia norteamericana resolvió no tomar el caso argentino, precipitando así los tiempos; además, la línea que se le había bajado a la militancia, que organizó para ese mismo 20 de junio marchas a la embajada de Estados Unidos, y la que concurrió a Rosario imbuida de la mística K, dispuesta a presenciar el inicio de un nuevo capítulo de la “gesta” kirchnerista.

Tan era así que el gobernador santafesino, el socialista Antonio Bonfatti, fue silbado por los militantes oficialistas cuando al anteceder a Cristina pidió que el Gobierno dialogara con los holdouts.

Pero el elemento de mayor peso para pensar en un nuevo y definitivo embate contra Thomas Griesa y los buitres eran sin dudas los antecedentes de Cristina, siempre más a gusto en la confrontación que con el diálogo.

Lo cierto es que las idas y vueltas ensayadas a partir de que se conoció el lunes 16 de junio la decisión de la Corte mostraban que, pese a que la presidenta dijo no haberse sorprendido, nadie en el Gobierno esperaba semejante adversidad. Y a pesar de que el ministro de Economía aseguró al día siguiente que esa situación ya había sido calculada, todo pareció indicar que no había en absoluto un plan B definido. De hecho, las medidas emprendidas a partir de conocerse el fallo resultaron contraproducentes. Desde ese discurso presidencial de la noche del lunes, en el que habló de un intento de “extorsión”, a la conferencia de prensa de Axel Kicillof posterior, en la que adelantó el cambio de jurisdicción para el pago de la deuda a los holdins. Muy atentos a las reacciones del Gobierno, el calificativo presidencial no podía haber caído peor en el juez Griesa, al que en simultáneo el jefe de Gabinete se ocupó también de fustigar. Había algo alentador de todos modos en los dichos del ministro de Economía, quien en la parte final dejó abierta la puerta para la negociación. Así lo hicieron saber los abogados que defienden a la Argentina, durante la muy negativa audiencia que tuvo lugar al día siguiente, en la que el magistrado neoyorquino expresó su falta de confianza en la presidenta argentina.

Ese miércoles 18 de junio en el Congreso de la Nación se vivió una situación inédita en la era K. Los principales funcionarios del Gobierno -excepto Cristina- concurrieron al Palacio Legislativo para reunirse con los jefes parlamentarios de todas las bancadas. Fueron el ministro de Economía, el jefe de Gabinete y el secretario Legal y Técnico, para informar sobre la situación del país tras el revés judicial, y se retiraron con el respaldo de los legisladores al Gobierno, “en defensa de los intereses del país”, aunque con distintas miradas sobre el tema. Y por supuesto, un sector insistió entonces en la postura de no pagar una deuda “ilegítima”.

“Rechazamos todo pago y toda negociación con los fondos buitre, a diferencia de lo que sostiene el oficialismo y la mayoría de las bancadas de la oposición. Hoy quisieron esconder cómo se pactaba entre todos estos ‘pagadores seriales’ de la deuda externa”, expresó ese día el diputado de izquierda Nicolás Del Caño.

En el sector de los cuestionadores de un arreglo se ubicó también el senador Fernando “Pino” Solanas. Como para incomodar a sus aliados radicales, el senador deslizó entonces que “UNEN no los acompaña al entierro”, acusando al kirchnerismo de no haber hecho nada para “recuperar la soberanía de los tribunales argentinos”, por cuanto el litigio se resolvía en los Estados Unidos.

Los radicales, en tanto, dejaron claro ese día que acompañarían “todas las decisiones (del Gobierno) que sean prudentes”. El titular partidario, el senador Ernesto Sanz aclaró que “hay que respetar la reestructuración de la deuda y no entrar en default”.

A través de su jefe en Diputados, Darío Giustozzi, el massismo calificaba como “frágil” la posición del Gobierno, y proponía crear “una bicameral con la incorporación de especialistas, uno por cada fuerza política”. Cuestión de no desatender la interna infinita, el senador Aníbal Fernández volvió a apuntarle al carácter de abogado recientemente recibido de Sergio Massa, citándole el artículo 75 inciso 7° de la Constitución, que le atribuye al Congreso “arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación”, estableciendo entonces que se trata de una atribución delegada al Poder Ejecutivo por la Ley de Administración Financiera, por lo que “YA EXISTE la Comisión Bicameral Permanente de Trámite Legislativo creada por la Ley 26122”, tal cual tuiteó para rechazar aquello de la bicameral.

Visiones contrapuestas

Se sabe que en los días de incertidumbre que transcurrieron a partir de entonces confrontaron dos tendencias en la Casa de Gobierno; una inclinada a negociar, y la otra que sugería patear el tablero y marchar hacia el default, sin arriar las banderas del proyecto. Se asegura que Cristina estaba originalmente más inclinada a optar por la épica. Quienes sugerían este último camino advertían que los “sacrificios” hechos por la administración kirchnerista en los últimos meses en aras de normalizar las relaciones con los mercados no darían resultados tangibles para el Gobierno. No vendrían inversiones hasta 2015, ni llegarían préstamos para recomponer las reservas. Así las cosas, ¿para qué seguir sembrando para el gobierno siguiente?

Los mercados en general y los gobernadores en particular vivieron días de zozobra. Daniel Scioli ya había percibido la cruda realidad cuando al día siguiente del acuerdo con el Club de París debió suspender la emisión de un bono por 500 millones de dólares que tenía previsto, porque las tasas estaban por arriba del 12%. Y estaba a punto de volver a intentarlo para pagar el aguinaldo sin problemas, pero por razones obvias debió retirarse del mercado.

Algo similar pasó con Mendoza, imposibilitada de colocar un bono de 250 millones, y con Ciudad de Buenos Aires, que busca financiar obras de cara al año electoral.


La certeza de que nada justificaría volver a entrar en default y dejar al país como estaba en 2003, terminó de inclinar a la presidenta por hacer el discurso que dio el Día de la Bandera. Un mensaje en el que cuidó minuciosamente las palabras, ya sin citar ni una vez la palabra “buitres”, ni mucho menos al juez Griesa. Un magistrado que, dicho sea de paso, falló una docena de veces a favor de la Argentina, hasta que terminó haciéndolo en contra luego de que la presidenta y su ministro de Economía Hernán Lorenzino aseguraran públicamente que nunca se les pagaría a los fondos buitre.

Cristina insistió con “un trato igualitario” para el 100% de los acreedores, cuestión de dejar claro que si no resultara así, como obviamente no lo será -los holdouts cobrarán el 100% de la deuda- es porque el juez nos obliga. Cuidó las formas para evitar la reacción del 93% que sí entró al canje.

Pero con el tiempo el perfil duro comenzó a ganar posiciones en el seno del Gobierno en general y la presidenta en particular. Los holdouts volvieron a ser “fondos buitre” y el juez parte del eje del mal. La presidenta volvió a acelerar hacia la nieve y cada comunicado del Ministerio de Economía estuvo imbuido del espíritu beligerante del que tanto disfruta el kirchnerismo. Pese a que Paul Singer, cabeza visible del fondo NML, dio las señales más claras de un posible entendimiento al marcar su disposición a un acuerdo como los que el Gobierno acababa de establecer con Repsol y el Club de París – esto es, una parte en efectivo y el resto en bonos-, ese mismo día el Ministerio de Economía emitía un comunicado muy duro para con los acreedores, más allá de que reiterara la disposición a negociar.

Si bien todo el mundo financiero interpretó siempre que la solución a este conflicto llegaría antes de fines de julio, y que el endurecimiento oficial estaba destinado al plano interno, para conformar a los fieles, el nerviosismo comenzó a crecer conforme se llegó a la convicción de que el Gobierno había resuelto asumir el default.

Una oportuna faringolaringitis dejó postrada a la presidenta en vísperas de otra fecha patria, el Día de la Independencia, debiendo levantar el Gobierno el acto organizado en Tucumán con la presencia de cuatro presidentes afines de la región: Mujica, Correa, Morales y Maduro. El día en el que el Seleccionado disputaba las semifinales del Mundial con Holanda, se evitó azuzar el fuego con un acto que podría haber tenido características flamígeras para con los acreedores y el juez de la causa.

Un default por 5 meses

Cuando la presidenta decía que no contaran con ella para devaluar, y desde el kirchnerismo se descartaba de plano cualquier ajuste, se especulaba conque la crisis no llegaría tan pronto. Fue una cuota de pragmatismo la que llevó al Gobierno a hacer parte del “trabajo sucio” que no quería afrontar y generó alivio entre los precandidatos presidenciales propios y ajenos.

El Gobierno devaluó primero, subió las tasas luego, eliminó algunos subsidios y más tarde, urgido por la necesidad de divisas, arregló el pago a Repsol por YPF y acordó con el Club de París. Quiso evitar Cristina el fantasma de un final de mandato caótico, ese es su principal objetivo. Independientemente del eventual deseo de volver en cuatro años, quiere irse bien del poder.

Pero hay otro objetivo tanto o más poderoso que aquel: no quiere tener problemas judiciales. A sabiendas de que es un clásico para los presidentes que dejan el poder tener que recorrer los tribunales, le aterra pensar siquiera en tal posibilidad. De ahí la obsesión oficial de ocuparse tanto de la Justicia, pensando en el día después del 10 de diciembre.

Esa es una de las razones por las cuales la presidenta se resistió de la manera que lo hizo a acordar un pago con los fondos buitre antes de 2015, temerosa de que esa negociación pudiera activar la temida cláusula RUFO y precipitar las demandas de los bonistas que accedieron a los canjes de 2005 y 2010. Si bien las consecuencias de esos eventuales juicios recaerían en las administraciones siguientes, preocupaba a Cristina ser demandada en el futuro por esa decisión. Una preocupación que compartía Axel Kicillof, partidario de llegar a un acuerdo, pero también temeroso de terminar viviendo en carne propia las culpas que le endilgan a Cavallo y compañía por el famoso megacanje.

De hecho, es más que probable que en un futuro cercano deba responder por el costo del acuerdo que él mismo timoneó con el Club de París.

Así las cosas, el fantasma del default se corporizó con fuerza. Si bien no había grandes expectativas por lo que fuera a surgir de las reuniones de mediación, los términos de la reacción del juez Griesa no dejaron lugar para el optimismo. Y los que especulaban conque el Gobierno estuviera estirando la cuerda para negociar en mejores condiciones comenzaron a acercarse a la conclusión de que a la luz de los resultados, ya estaba decidido afrontar las consecuencias de un nuevo default.


El Gobierno seguiría con su discurso de que ha pagado, lo que refutaría el concepto de default, decidido incluso a depositar en el Bank of New York los vencimientos sucesivos, de aquí a fin de año, amén de que ese dinero no llegara a los bonistas. El país ingresaría así en una suerte de “default a plazo fijo”, por el término de cinco meses. Quedó claro que esa era la decisión tomada cuando diversos voceros oficiales se ocuparon de difundir la idea de que el 30 de julio no sería el fin del mundo, ni mucho menos.

Desenlace ¿inesperado? Se sabe que el ministro Kicillof es el preferido presidencial. De la valoración que de él tiene la presidenta se sabía aun antes de que fuera designado al frente del Palacio de Hacienda. Pero desde que eso sucedió, el hombre no hizo más que ganar posiciones.

Fue el encargado de negociar personalmente el acuerdo con Repsol, acordando con los españoles a pesar de las cosas que llegó a decir luego de la expropiación de YPF. Y luego se ocupó de rubricar el acuerdo con el Club de París, por el cual fue muy ponderado públicamente. “Cuando se comenzó a contraer la deuda, Kicillof no había nacido”, remarcó la presidenta en un discurso a fines de mayo. Ese acuerdo se firmó al cabo de una extenuante reunión en París encabezada por el ministro de Economía, que terminó en horas de la madrugada.

Kicillof viajó a Estados Unidos para participar de las negociaciones por la deuda con los fondos buitre, pero regresó inmediatamente. Se sabía bien que no había perspectivas de arreglo si él no estaba presente. Por eso el pesimismo cuando el último fin de semana previo al día D el ministro permaneció en Buenos Aires.

Renacieron las esperanzas cuando se sumó a la comitiva presidencial que viajó a Venezuela por la reunión del Mercosur, a sabiendas de que se buscaba tenerlo más cerca de Estados Unidos, para el caso de que las negociaciones se encaminaran y él tuviera que viajar para dar el toque final. En la era de Internet no es necesaria la presencia física de las personas. La tecnología ha hecho un invalorable aporte y el Skype sirve para dar mayor sensación de proximidad. Pero Axel no puede faltar nunca cuando se trata de la rúbrica final.

En rigor, quedó claro que en los últimos días se había establecido la vieja estrategia kirchnerista de estirar la cuerda hasta el extremo y sacar mayor rédito de un acuerdo final y supuestamente exitoso. El viejo estilo de frenar antes del choque. Proporcionándole de paso al joven ministro de Economía el aura triunfante que ya consiguió en las anteriores negociaciones mencionadas, en las que deliberadamente se le otorgó un rol principal.

No fue este el caso, al menos al cierre de esta edición. El Gobierno siguió avanzando con sus convicciones, pero del otro lado hubo un jugador distinto, más hostil y convencido de que, tarde o temprano, ganará la pulseada. De hecho, su mayor convicción es que ya ha ganado en los tribunales.

En su conferencia de prensa en el consulado argentino en Nueva York, Kicillof habló largamente y, según se dice, dinamitó con sus palabras el acuerdo “privado” que a instancias del Gobierno avanzaba paralelamente. El cual, no se descarta que pueda ser reflotado.

Aunque con posterioridad, volvieron las diatribas contra el juez y ahora el propio Gobierno norteamericano. Un estilo conocido y una vez más puesto en práctica por el Gobierno, aunque con consecuencias ahora desconocidas.

Paso a paso, pari passu

05/03/2012

El juez Thomas Griesa ordena a la Argentina pagar los intereses por sus bonos del fondo NML Capital, que cayeron en default tras la crisis de 2001. El Gobierno apela y la medida es suspendida de forma momentánea.

02/10/2012

La Corte Superior de Ghana ordena detener a la Fragata Libertad en Puerto Tema, a pedido de un grupo del fondo NML Capital, con el objeto de embargar el buque.

26/10/2012

La Corte de Apelaciones de Nueva York avala una sentencia del juez Griesa, determinando que el Estado argentino discriminó a bonistas que quedaron fuera de los canjes de 2005 y 2010, violando una cláusula del contrato de los bonos, denominada Pari Passu (tratamiento igualitario a los acreedores).

30/10/2012

El ministro de Economía, Hernán Lorenzino, afirma: “Pagaremos el 93% que entró en el canje, pero jamás a los fondos buitres (…) No es casual lo de la fragata y el fallo de Nueva York, son ataques a los que no siguen el libreto”.

1/11/2012

La presidente Cristina Kirchner asegura que el país va a pagar sus deudas “con dólares, porque los tenemos”.

12/11/2012

Un resumen del fallo de la Corte de Apelaciones norteamericana realizado por el estudio Shearman & Sterling LLP avala la idea de un default técnico de la Argentina.

20/11/2012

El ministro Hernán Lorenzino dice sobre los holdouts: “Más que buitres, parecen caranchos”.

22/11/2012

El juez Griesa ordena pagar el 100% de la deuda a los acreedores en default, un total de u$s1.330 millones. A su vez, realiza duros cuestionamientos hacia las declaraciones de funcionarios argentinos respecto de que no cancelarían la deuda a los acreedores con bonos en default.

25/11/2012

Argentina pide suspender el fallo del juez Griesa. Solicita la medida de no innovar (stay) para cumplir con el vencimiento de deuda del 15 de diciembre.

28/11/2012

La Cámara de Apelaciones de EE.UU. suspende el fallo de Griesa contra la Argentina y otorga al país un plazo para defenderse hasta el 27 de febrero.

14/12/2012

El Tesoro norteamericano afirma que la interpretación del juez Griesa del pari passu es contraria a su política económica.

15/12/2012

El Tribunal del Mar ordena la liberación inmediata de la Fragata Libertad, afirmando que la nave es una “expresión de soberanía argentina” y su retención afectó a la inmunidad diplomática.

26/01/2013

El fondo Aurelius Capital Management presenta el descargo contra Argentina en la Justicia de Nueva York y pide que se sostenga el fallo de Griesa.

31/01/2013

Argentina realiza la última presentación contra los acreedores externos, en la que vuelve a rechazar el pago total de los bonos en default.

27/02/2013

Se lleva a cabo la audiencia con la exposición oral de las partes involucradas -la Argentina y los holdouts- para revisar el fallo del juez Griesa.

16/06/2014

La Corte Suprema de EE.UU. rechaza la apelación de la Argentina contra un fallo que ordenaba pagar la totalidad de la deuda en default a los fondos NML, Aurelius, Blue Angel y otros pequeños inversores que no entraron en el canje y habían obtenido fallos favorables en instancias inferiores.

24/06/2014

El juez Griesa designa a un mediador entre la Argentina y los acreedores que representan a los fondos Elliott, Olifant y Aurelius. Se trata de Daniel Pollack, abogado especialista en litigios financieros.

26/06/2014

El ministro de Economía, Axel Kicillof, anuncia que se realizaron los depósitos para el pago de los vencimientos de la deuda reestructurada y se volvió a pedir al juez Griesa una suspensión de la sentencia que obliga a la Argentina a pagarle a los buitres.

30/06/2014

La Argentina entra en un período de atraso en el pago a los tenedores de bonos reestructurados para los que estaba programado ese día un pago total por 539 millones de dólares.

30/07/2014

Vence el plazo adicional de gracia para el pago del vencimiento correspondiente al 30 de junio pasado.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password