Idas y vueltas en torno a un final cantado

Por José Angel Di Mauro. Hasta último momento se especuló con una solución que no llegó y que ahora es improbable. El gobierno mantendrá su postura al menos hasta el año que viene.

Los hechos posteriores, sobre todo los registrados los últimos días, permiten deducir que la afirmación que el ministro de Economía expresó al día siguiente de que la Corte Suprema norteamericana rechazó hacerse cargo del caso argentino, el 16 de junio pasado, era en gran medida errónea. Axel Kicillof garantizó ese día que todo había sido calculado y se sabían muy bien los pasos a seguir. La noche anterior la Presidenta había parecido más sincera. Más allá de alardear con que no se había sorprendido: “Yo esperaba este fallo”.

En ese mensaje por cadena nacional dijo también que el presidente del Banco Central le había reconocido haber sido “la única que creyó que esto iba a pasar”. Habrá que creerle: de ahí la falta de planes alternativos concluyentes, como quedó expuesto en las idas y vueltas del último mes y medio.

Debiera la Presidenta ser más severa con los colaboradores que le anticipan la información. El caso extremo fue cuando los servicios de inteligencia le aseguraron que Sergio Massa no se presentaría en las PASO, razón por la cual le hizo la cruz a la exSIDE y el jefe del Ejército comenzó a ganar posiciones. Por lo visto no fue ese el único caso, ni el más grave.

Podrá haber sido la proverbial desconfianza de Cristina -atenta además a estos “errores”- lo que la llevó a dudar de quienes le garantizaron que no habría problemas con la cláusula RUFO si se les pagaba a los holdouts obedeciendo un mandato de la Justicia norteamericana. En efecto, la Presidenta y su ministro de Economía comparten temores respecto a la posibilidad de activar esa cláusula que tendría efectos devastadores para la deuda externa argentina. Y luego de las explicaciones públicas brindadas por ambos los últimos días, queda claro que la decisión de no pagarles a los fondos buitre al menos hasta el año que viene no tiene vuelta atrás. Fueron ellos mismos los que dieron argumentos a los holdins para accionar judicialmente en caso de que se le reconociera a los fondos en litigio el 100% que reclaman.

Las dudas del ministro se extendieron a la negociación que emprendieron los banqueros encabezados por Jorge Brito, a la postre desautorizados por Kicillof y Cristina, el mismo día y en ese orden. El titular del Palacio de Hacienda advirtió que podría correrse el mismo riesgo con esa maniobra, si después el Estado terminaba abonándoles por cualquier vía a los bancos que intervinieran el 100% de lo desembolsado. Hay además participación accionaria estatal por ejemplo en el banco de Brito, producto de la estatización de las AFJP.

Al frenar esas negociaciones, el cada vez más poderoso ministro de Economía no desairó solo al presidente del Banco Macro. El titular de ADEBA no actuó solo, ni por iniciativa propia: había recibido previamente instrucciones de parte del jefe de Gabinete y nada menos que del secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Se dice también que la idea original correspondía al ministro Julio De Vido, alguien que desde hace un año no ha hecho otra cosa que perder poder a expensas de Kicillof. El mismo día de esa negociación frustrada, el titular de Planificación era internado por una hemorragia interna abdominal.

Con todo, no se espera que ninguno de estos funcionarios desautorizados vaya a dar un paso al costado por ello. No es el caso del titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega -otro que disputa el poder palmo a palmo con Kicillof-, partidario de evitar el default a como diera lugar. Fuentes oficiales aseguran que ante un amague de renuncia, la Presidenta le pidió que se tomara unos días para pensarlo. Si no se va será porque se convence de que tomar esa actitud sería agravar seriamente la situación en momentos ciertamente críticos.

No es del todo creíble que la Presidenta haya decidido no arreglar con los buitres alentada por la encuesta de Poliarquía que reveló un apoyo mayoritario a su manejo de esta crisis. Pero no deja de ser un valor agregado para el gobierno en esta coyuntura. Hay otros trabajos que también revelan un crecimiento de la imagen presidencial en las últimas semanas. Si pudiera participar de las elecciones de 2015, esos datos sería determinantes para los pasos futuros, pero hoy la Presidenta está más preocupada por la manera como terminará su mandato. La realidad permitirá verificar si no estaban errados los técnicos que minimizaron los daños que podría causar este default de “baja intensidad”.

Pasa que si bien el mundo sigue andando después del 30 de julio, es innegable que habrá consecuencias en la economía. Un rápido repaso sugiere esperar una sensible baja en las reservas; una búsqueda de dólares por parte de la gente, como reserva de valor, y el consiguiente aumento del blue; suba de tasas para retener a los ahorristas y en consecuencia se hará más oneroso tomar crédito; se sugiere pagar la mayor parte del gasto en tarjetas. Los productores que aún tienen que liquidar granos, los retendrán mientras puedan, pues además ha bajado el precio, y el gobierno seguirá emitiendo pesos, ya que si algo no hará es bajar el gasto.

Las empresas advierten que podrían comenzar a despedir empleados y esa es la máxima preocupación del gobierno.

La falta de ingreso de dólares con los que contaba el gobierno para esta segunda parte del año tras haber arreglado con el Club de París, el CIADI y Repsol, es un problema de difícil solución, que sufrirán sobre todo las provincias que esperaban financiarse con plata de afuera. Entre ellas, Buenos Aires, que a fines de mayo -tras el arreglo con el Club de París- quiso colocar títulos por 500 millones de dólares, pero debió recular porque no obtuvo ofertas a una tasa por debajo del 12%. Se dijo entonces que si bien el acuerdo con el Club de París había sido positivo, los mercados consideraban más importante la decisión de la Corte de Estados Unidos en el juicio con los holdouts, que todavía no se conocía. Daniel Scioli quería dinero para pagar sueldos y hacer obras, en un año electoral. No pudo ser, y ahora, como otros colegas, deberá depender de la asistencia financiera del gobierno nacional, que ya se sabe cómo actúa en esos casos. Prueba de ello es que cuando el jueves firmó convenios para reestructurar deudas, excluyó a las cuatro petroleras que resisten la nueva ley de hidrocarburos.

Scioli fue uno de los oficialistas más optimistas, apostando hasta último momento a una solución que no llegó. Más allá de que estará atento a la manera como la crisis afecta a los candidatos oficialistas, tiene sus propios problemas inmediatos. Deberá volver a lidiar esta semana con los maestros que tras las vacaciones retoman los paros. Su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, les recordó a los sindicatos docentes que durante estos 7 años han tenido aumentos por un total acumulado del 354%. Se considera extemporánea esta protesta en un contexto en el que el mayor temor son los despidos y cuando hasta los jefes de las centrales obreras oficialistas y opositoras, que se disponían a lanzar inminentes medidas contra el impuesto a las Ganancias, han postergado esos anuncios en plena pelea con los buitres.

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