Diputados dio el primer paso en la regulación de las técnicas de reproducción asistida

La Cámara baja aprobó y giró al Senado un proyecto consensuado con organizaciones que establece los alcances de estos tratamientos, sumidos en un vacío legal. Fue con 205 votos a favor y 11 en contra. Algunos artículos dividieron a los bloques y hubo modificaciones sobre el descarte de embriones.

La Cámara de Diputados aprobó y giró al Senado este miércoles, con 205 votos a favor y 11 en contra, el proyecto de ley que complementa el nuevo Código Civil al regular las técnicas de reproducción humana asistida y la protección de los embriones no implantados.

La iniciativa, que reglamenta los alcances, los derechos y las relaciones jurídicas derivadas del uso de estas técnicas, fue elaborada en base a propuestas de las diputadas oficialistas María del Carmen Bianchi y Mara Brawer, con el aporte de organizaciones.

En general se abstuvieron los representantes de Compromiso Federal de los Rodríguez Saá y los de Unión por Córdoba, del gobernador Juan Manuel de la Sota, además de la cobista Patricia Giménez.

La votación se realizó luego por artículos ya que algunos dividieron transversalmente a los bloques, incluido el Frente para la Victoria, como suele ocurrir en temas sociales donde opera la libertad de conciencia. No obstante, el texto que llegó al recinto sufrió modificaciones.

Los diputados que votaron en contra fueron Oscar Aguad, Agustín Portela, Gustavo Valdés, María de los Ángeles Semhan (UCR), Ivana Bianchi, Berta Arenas (Compromiso Federal), Alberto Asseff (Frente Renovador), Graciela Boyadjián (Movimiento Popular Fueguino), Eduardo Brizuela del Moral, Myrian Juárez (Frente Cívico y Social de Catamarca) y Guillermo Durand Cornejo (Unión Pro).

La presidenta de la Comisión de Salud, Andrea García (FpV) explicó que “esta ley viene a cubrir un vacío legislativo”, luego de que el Congreso sancionara el año pasado la Ley de Fertilización Asistida (26.862).

Esa norma garantizó la cobertura integral de las técnicas de baja y alta complejidad de Reproducción Médicamente Asistida, así como los medicamentos y terapias de apoyo.

Según indicó García, estos tratamientos “se vienen practicando en Argentina desde hace más de 20 años” y ahora estarán supervisados por el Ministerio de Salud.

El texto aprobado establece quiénes pueden ser aportantes, en qué condiciones y con qué requisitos de deber informado.

La miembro informante del oficialismo señaló que “las personas que se sometan a estas técnicas pueden aportar su propio material genético o recibir gametos femeninos o masculinos aportados por terceros”.

Las mujeres podrán donar material genético hasta los 35 años, y los hombres, hasta los 40. Además, deberán “someterse a un estudio clínico sujeto a protocolo” para detectar posibles enfermedades, apuntó García.

El texto dispone cómo debe crioconservarse el material genético, con sus plazos y modalidades; se establece el derecho a la confidencialidad y la reserva de la información para los aportantes.

Además, García agregó que “todo aportante deberá formalizar en convenio escrito con el centro de salud su declaración de voluntad informada”.

La legisladora indicó que “el material genético se puede usar hasta en un máximo de seis personas o parejas” y asimismo “se prohíbe la comercialización de embriones y gametos crioconservados”.

En uno de los artículos más polémicos, el proyecto reza que una vez transcurridos cinco años desde el momento del aporte de gametos, si éstos no fueron utilizados en estas técnicas “deberán ser descartados”.

El rechazo vino de la mano de la puntana Ivana Bianchi, de Compromiso Federal, quien se manifestó “en total desacuerdo con la manipulación de embriones”.

“¿Sobre qué motivos jurídicos estamos realizando esta manipulación?”, se preguntó la diputada, y añadió que “se están destruyendo numerosos seres humanos”.

Bianchi se quejó de que con este tipo de normas “la vida humana queda reducida a términos de utilidad biológica” y sostuvo en este sentido que “el embrión humano se ha convertido hoy en un mero objeto la experimentación” que “se lleva a cabo del mismo modo que con embriones y fetos de animales”.

“La ciencia ha prevalecido en función de un frío cálculo de la calidad de vida sobre los indefensos embriones humanos”, sentenció.

En el mismo sentido se manifestó el radical Agustín Portela, quien habló de una “cosificación” de los niños por nacer.

Mara Brawer retrucó esos argumentos: “No se considera a los embriones como ‘cosas’, pero tampoco se considera a los embriones in vitro ‘personas’, no porque lo digamos nosotros, sino porque ya lo dijo la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, aseveró.

Pero además, aclaró que los embriones in vitro “tampoco son cosas, por eso nuestro Código Civil dice que tienen que estar regulados por una ley especial”.

“Esta ley se rige por los principios de igualdad y no discriminación”, expresó la diputada, una de las impulsoras de la ley.

La oficialista Bianchi, quien elaboró otro de los proyectos puestos en debate, destacó que “hemos hecho un gran esfuerzo de consenso para llegar hasta acá”.

En el mismo sentido que Brawer, explicó que se busca saldar este vacío legal para terminar con “las sentencias que desigualan a los ciudadanos, que deben estar en iguales condiciones”.

El Frente Renovador votó dividido por “cuestiones de conciencia”, según señaló el presidente de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, Felipe Solá.

Por Unión Pro, Jorge Triaca reveló que tuvo a sus dos hijas gracias a las técnicas de fertilización, pero opinó que “este proyecto no es para nada coherente” con su título porque “sobre la protección” de los embriones no implantados “hay muy poco”.

Elisa Carrió (Coalición Cívica-ARI) consideró que “el problema de los embriones no hay que ponerlo en el tema ‘persona’, porque en realidad nadie sabe cuándo hay una persona, ni siquiera desde el punto de vista espiritual”. “Lo que sí hay en un embrión congelado es una posibilidad de vida”, dijo.

Desde el Frente de Izquierda, Pablo López reclamó una ley que sea “totalmente independiente de este Código Civil y Comercial reaccionario” por el artículo referido al inicio de la vida “desde la concepción”.

A su turno Juan Schiaretti (Unión por Córdoba) sentenció que “esta ley, tal como está, está plagada de contradicciones y no contempla legislación que hay en otros países”, y además no regula “qué pasa cuando se congela el semen y el hombre muere”.

El monobloquista Carlos Brown (FE) consideró que “se avanzó en un proyecto que no protege al embrión; por el contrario, se lo considera descartable” y opinó que “no todo lo que técnicamente sea posible es éticamente aceptable”.

Artículos polémicos y modificaciones

Entre los puntos más objetados por diputados de distintos bloques figuró el descarte de embriones una vez transcurridos diez años desde la donación de material genético que no haya sido utilizado.

Por eso, se suprimió de los artículos 11 , 12, 19 y 20 la palabra “descarte” y en su lugar se hablará del “cese de la crioconservación”.

De esta forma, “cuando se trate de gametos aportados para terceros, transcurridos diez años desde el momento en que se haya realizado el aporte (…) y no hubiesen sido utilizados para efectuar técnicas de reproducción humana asistida, deberá cesar la crioconservación”.

En el mismo sentido, “en caso de crioconservación de gametos o embriones obtenidos de quienes se constituyan como beneficiarios de técnicas de reproducción humana asistida, transcurridos diez años desde la obtención del material genético, cesará la crioconservacion”.

Ese artículo exceptúa “a aquellas personas o parejas beneficiarias de técnicas de reproducción humana asistida que manifestaren de modo expreso, y previo al vencimiento del plazo, la decisión de crioconservar su material genético para someterse a un procedimiento en el futuro”.

A propuesta del Pro, se agregó un párrafo que indica las parejas que crioconserven embriones deberán acordar y dejar sentado en forma expresa el destino que se les dará en caso de divorcio, debiendo optar entre la posibilidad de que sean utilizados por otra pareja o persona o que cese la crioconservación.

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