La guerra contra Bonadío es total y con final incierto

Por José Angel Di Mauro. La fuerte reacción oficial ante las medidas judiciales dispuestas por uno de los últimos jueces sobrevivientes de la “servilleta” de Corach fue el rasgo más saliente de la semana.

Entre tantas obsesiones, una de las más fuertes que tiene Cristina es la de figurar positivamente en los libros de historia. Más que acumular poder, que sabe que se le irá escurriendo a lo largo del año que le queda de mandato, quiere que su imagen se mantenga en niveles elevados para cuando llegue el momento de dejar la Rosada.

Dos espejos en los que nunca quiso verse reflejada son los de Fernando de la Rúa y Carlos Menem; no quiere irse como ellos. Siempre denostó la imagen del helicóptero, de ahí que no puedan considerarse en serio las especulaciones que recurrentemente se dejan correr respecto a una eventual salida anticipada del poder; sólo sería factible en el caso de un golpismo que le diera un final épico a “la gesta” kirchnerista, cosa por demás imposible, por cierto. Y respecto al ejemplo del riojano, la Presidenta no quiere pasar el tiempo fuera de la Rosada visitando Tribunales.

Por eso reacciona como lo hace cuando siente una amenaza sobre sus objetivos. Fue capaz de llevar a juicio a una periodista italiana y al director de Il Corriere Della Sera, por una nota publicada en ese medio en 2008 tras la visita que ella realizó a Roma, para asistir a la Cumbre de la FAO, dedicada en esa oportunidad al “Hambre y Biocombustibles”. Días después se publicó en Il Corriere un artículo que hablaba de gastos exorbitantes realizados por la Presidenta durante su estadía en esa ciudad. Sintiéndose difamada, Cristina Kirchner querelló a la periodista María Egizia Fiaschetti y el director del Corriere, Paolo Mieli.

El juicio lo ganó, y durante el mismo Cristina prestó declaración testimonial a través de una videoconferencia. En los monitores de la residencia presidencial de Olivos se podía ver la sala del Tribunal Penal de la Sección 6° de Roma, donde estaban la jueza Elena Scozzarella y los abogados de cada una de las partes, más una traductora. En Buenos Aires, a la derecha de Cristina se ubicó su intérprete, y a la izquierda, para cumplir las formalidades legales, se sentó el juez federal Claudio Bonadío.

Fue el 28 de noviembre de 2012, hace exactamente dos años, y por entonces el magistrado no era el enemigo a destruir en el que hoy se ha convertido para el gobierno. Ya tenía la mayoría de las causas que aún hoy se tramitan en el Consejo de la Magistratura -tres de ellas están listas para ser desestimadas, confió a este medio un miembro de ese organismo-, y sus antecedentes seguían siendo los que hoy le reprochan. Era un juez ligado a Carlos Corach y por ende figuraba en la servilleta donde el entonces ministro del Interior de Menem garabateó los nombres de aquellos magistrados afines al gobierno, según reveló Domingo Cavallo.

De esos magistrados solo quedan en funciones Bonadío y Norberto Oyarbide, quien fue protegido hasta ahora por el oficialismo de los embates de la oposición. Trascendió esta semana que el gobierno estaría dispuesto a ofrecerle a la oposición un acuerdo por el cual ambos pudieran ser sometidos a juicio político. Ese tipo de versiones sobre posibles acuerdos son recurrentes en los últimos tiempos en el ámbito judicial; recuérdese que se habló de un supuesto entendimiento entre el kirchnerismo y los radicales para nombrar sendos miembros de la Corte afines. Fueron esas versiones, precisamente, las que dispararon la reacción de la UCR en el Senado, que decidió cerrarle las puertas a cualquier miembro que el gobierno elija para cubrir la vacante que dejará Zaffaroni.

Está claro entonces que tampoco tiene posibilidades de prosperar el mencionado “trueque” en el Consejo de la Magistratura.

Ante el avance de la investigación de Bonadío y la inminencia de que comience a hablarse ya no del allanamiento de una empresa de la Presidenta, sino de lavado de dinero, liso y llano, se echó mano a una lista de 4.040 cuentas en el banco HSBC de Suiza, supuestamente no declaradas ante la AFIP. Si bien el titular del organismo dijo que no iba a revelar identidades, comenzaron a circular nombres de personas y entidades que integrarían esa nómina. ¿Cómo esconder a un elefante? Rodeándolo de elefantes. Una reacción de manual…

El kirchnerismo querría apartar al juez así como Amado Boudou logró en su momento con Daniel Rafecas, aunque el vice no pudo evadir luego su destino infausto. Convengamos también que Bonadío parece tener el cuero mucho más curtido que Rafecas.

Decíamos que el kirchnerismo en pleno salió a defender a la Presidenta y fustigar al magistrado. Tardó unos días, pero también lo hizo finalmente el gobernador Daniel Scioli, notoriamente incómodo ante estas novedades que amenazan complicar su campaña. Esa fue una de las razones por las cuales el precandidato presidencial no tuvo una semana tan positiva como las recientes. Para su objetivo presidencial, Scioli necesita que no se registren ese tipo de “ruidos” en torno al gobierno y que la economía de un respingo el próximo año. Las malas novedades no se limitaron al plano judicial: economistas vinculados al gobernador mostraron su preocupación esta semana ante la posibilidad de que el acuerdo con los holdouts no se alcance el año entrante tan rápidamente como esperaban, si es que llega.

Sergio Massa, en tanto, optó por hacer campaña con el Código Procesal Penal, preparando uno alternativo al que el próximo jueves se convertirá en ley en Diputados. La propuesta del Frente Renovador es más severa que la del Ejecutivo, aunque no hubo tiempo como para que “prendiera” como en su momento pasó con la reforma del Código Penal, que tomó como “caballito de batalla”.

El tercer candidato favorito para 2015, Mauricio Macri, coqueteó esta semana con Elisa Carrió, con la que habló por teléfono. Ya es un avance. En las encuestas que se dan a conocer sigue figurando tercero, pero desde su entorno se asegura que pasado el verano estará entre los dos primeros lugares. Basan su optimismo en las mediciones del jefe de Gobierno en distritos clave como Córdoba, Santa Fe y, por supuesto, Ciudad de Buenos Aires. Dicen que ganan en los tres, pero claro, el talón de Aquiles sigue siendo para el PRO la provincia de Buenos Aires.

El jefe de Gobierno porteño trata de minimizar ese problema asegurando que “el Presidente pone gobernador”. La ilusión difícil de cumplir sería repetir lo que Alfonsín hizo en el 83 con el desconocido Alejandro Armendáriz en la Provincia, pero eran otras circunstancias y tiempos de fuerte bipartidismo. A falta de un candidato taquillero, es el propio Macri el que se ha puesto sobre sus hombros la campaña en el principal distrito del país. Por eso es que comenzó a sonar fuerte la posibilidad de que baje su precandidatura María Eugenia Vidal, a quien Macri ofrecería un cargo importante en un eventual gobierno nacional del PRO, y confirmaría para la Provincia a su primo, el intendente de Vicente López. Así, la lista bonaerense sería puramente macrista y llena de “emes”: Macri presidente, Michetti vice, y Jorge Macri para la gobernación.

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