La histórica transversalidad

Por Aníbal Hardy. La mera transversalidad no es una política sino un método de construcción de consensos, sostiene el autor, al hacer historia sobre el tema.

Visto el pase de dirigentes de la UCR al oficialismo local formoseño, y que el centenario partido de Yrigoyen a la vez apoya la candidatura nacional de un hombre del PJ, para entenderlo es bueno recordar la experiencia histórica argentina de la transversalidad, que nos servirá para profundizar el análisis de esta herramienta política, que los medios de comunicación han puesto de moda.

La palabra transversal significa atravesar de un lado a otro, o que se aparta de una dirección principal. (Diccionario Espasa). Desde el punto de vista político la transversalidad atraviesa las paralelas que trazan los Partidos que forman el sistema político de la democracia argentina. Esa es la dirección principal. Y de eso, lo transversal se aparta, aunque no lo modifica, porque no es la transversalidad en sí lo que transforma; lo transformador es la política que una estrategia transversal acarrea. Es construir el Poder, tanto desde lo social como de lo institucional enarbolando una política nueva al servicio de un solo interés: el de la Nación.

Transversal fue la construcción de los ejércitos de la emancipación americana que, bajo el liderazgo de españoles revolucionarios y criollos liberales, alinearon gauchos, esclavos, negros, indios y jóvenes militantes revolucionarios. Transversal era la integración de las montoneras del siglo XIX, que encuadraron a todos los hombres y mujeres sin contemplar raza, procedencia ni adscripción política tras los caudillos surgidos de las economías regionales. Transversal fue en sus orígenes el radicalismo que supo llevar a la lucha por la ciudadanía a criollos e inmigrantes de diferentes ideologías del campo y las ciudades junto a cooperativistas rurales y militares como Savio y Mosconi.

En 1945, los forjistas quizás hayan sido el primer intento de fundar una política transversal, con la acepción más moderna del término.

También fue transversal el bloque de clase media, empresario, terrateniente, católico y militar que la oligarquía y el imperialismo lograron constituir para otorgar consenso a la sedición que provocó el golpe de estado del 16 de setiembre de 1955.

En 1958, con los votos proletarios del peronismo y el liderazgo de Don Arturo Frondizi, se encontró una salida a la feroz antinomia peronismo-antiperonismo y sepultó así en el olvido las conspiraciones con que el radicalismo había jaqueado al gobierno popular de Perón y abrir un proceso de fructífera colaboración transversal entre la burguesía nacional y el movimiento obrero.

El golpe de 1976 también soportó una transversalidad entre aquellos que se sentían ajenos al combate entre la derecha conducida por López Rega y la izquierda peronista que expresaba Montoneros. Desde ese consenso y con diferentes grados de miedo, pasividad y complicidad le abrieron las puertas a Martínez de Hoz y legitimaron por 28 años el neoliberalismo, el genocidio, la corrupción y la impunidad en que se sustento un modelo que ha erosionado hasta hoy profundamente la conciencia, la organización y la histórica costumbre de participación del pueblo argentino.

La mayoría obtenida en 1983 por Alfonsín, que capitalizó votos peronistas y de izquierda progresista, fue también una composición transversal. En 1989 la estrategia de Menem, logró un consenso transversal entre un discurso de caudillo federal y los favores de la gran burguesía argentina, aplicando una política vergonzante, claudicante y humillante a la historia nacional.

En 1995, el objetivo de lograr un consenso transversal había sido parcialmente logrado en los comicios nacionales cuando el FREPASO perforó casi exclusivamente al PJ. Luego concurrió en una alianza con estamentos transversales del radicalismo y otras fuerzas menores. La Alianza y el delarruismo, nunca cultivaron una voluntad nacional de cambio, y la victoria electoral fue efímera, dejando a la ciudadanía sumergida en otra frustración, que hizo perder tiempo y esperanzas al Movimiento Nacional.

La experiencia recorrida tiene que servir para aprender que la mera transversalidad no es una política sino un método de construcción de consensos y que para el pueblo la única transversalidad exitosa es la que se verifica entre las diferentes expresiones de lo nacional.

Algunos divulgadores mediáticos hablan de un kirchnerismo, creando expectativas falsas entre el Presidente y las fuerzas sociales que están acompañando la gestión de cambios. Kirchner se sostenía en un seguidismo meramente práctico y oportunista de las dirigencias partidarias hacia quien las encuestas lo ubicaban en posición de liderazgo.

Transversalidad es el camino hacia un proyecto colectivo del pensamiento nacional, e involucra construir mucho más que un partido o fuerza propia y requiere preparación, conocimiento, experiencia, vocación de servicio y ética. El peronismo “K” no es el mismo aliado histórico de Frondizi que integró el Movimiento Nacional y dio nacimiento a la doctrina desarrollista. Debe darse con los que vienen luchando sin desertar de ninguna batalla política y no con los viejos actores, fórmulas y profesionales de la política perimida.

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