El año en el que el oficialismo impuso todo en el Congreso

El kirchnerismo cierra un año en el Parlamento en el que impuso su mayoría en todos los debates. Contrariamente a lo que se preveía, el número de sesiones en ambas cámaras fue muy elevado.

Por José Angel Di Mauro

Tuvo sentido que prácticamente la última actividad oficial que cumpliera la Presidenta este año en la Casa de Gobierno fuera recibir a los diputados y senadores que integran los bloques oficialistas, para cumplir la no habitual tarea de ponderar el papel desempeñado por ellos a lo largo del año.

No es para menos: todas las propuestas que envió el Poder Ejecutivo durante el presente año al Congreso de la Nación fueron aprobadas en tiempo y forma por la mayoría kirchnerista. Durante el encuentro, Cristina se ufanó de que “los profetas del apocalipsis se equivocaron”. Se refería a los vaticinios de un fin de año patas para arriba -que no se concretaron-, pero también podría haberse referido a las perspectivas muy distintas que se planteaban cuando el año pasado el kirchnerismo perdió las elecciones.

Habrá que reconocer que los datos que sugerían el cierre del año legislativo no hacían prever en absoluto lo sucedido durante 2014. En efecto, sobre el cierre de ordinarias del año pasado, el Ejecutivo apuró el trámite de los proyectos que le interesaban en la Cámara baja y sólo convocó a extraordinarias en el Senado. Los flamantes diputados emergentes de las elecciones de octubre se quedaron con las ganas de debutar. Apenas tuvieron oportunidad de jurar el 4 de diciembre.

Recién pudieron sesionar el 3 de abril, pero esa fue una sesión informativa en la que el jefe de Gabinete brindó uno de los ocho informes de gestión que dio durante el año en el Congreso. La Cámara baja recién tuvo una sesión normal el 23 de abril, de manera tal que los legisladores elegidos en octubre, con Sergio Massa a la cabeza, debieron esperar casi cinco meses para meterse de lleno en sus roles.

Todas las señales parecían corroborar lo que se anticipaba desde diciembre de 2013: que el Ejecutivo congelaría al Parlamento de modo tal de evitar darle oportunidad de lucimiento a la oposición. Pero no fue así; pasados esos meses de indefinición, el kirchnerismo cambió la táctica y avanzó decididamente en el Parlamento con las leyes que se propuso.

Los malos augurios habían sido apaciguados, ante el “cierre del libro de pases”, sin que se registraran traspasos que hicieran peligrar las mayorías del oficialismo en ambas cámaras. Así las cosas, con la convicción de que los números le serían favorables durante todo el año, el kirchnerismo avanzó sin darle oportunidad a la oposición para frenar los proyectos oficiales, ni mucho menos imponer los propios.

Así sucedió por ejemplo con la elevación del mínimo no imponible, que infructuosamente la oposición intentó imponer a lo largo de toda la primera parte del año. Hubo cinco intentos fallidos para sesionar, que terminaron en sesiones en minoría, destinadas a brindar discursos pero sin ninguna posibilidad de aprobar nada.

Para contrarrestarlas, el Frente para la Victoria adoptó la costumbre de convocar siempre a sesiones especiales, esto es, con un temario fijo establecido. Y las sesiones en minoría quedaban siempre para el final de esas reuniones que le interesaban al oficialismo. Con el tiempo, dejaron de realizarse.

Lo que sí siguió utilizando a lo largo del año el kirchnerismo fueron las sesiones especiales. De las 16 sesiones realizadas en el año -sin contar los informes de Capitanich- nada menos que 13 fueron especiales. Una cifra inédita.

Durante el año el kirchnerismo se dio el lujo de aprobar todas las normas que se propuso y como quiso. La reforma del Código Civil y Comercial, que el propio jefe del bloque oficialista del Senado, Miguel Pichetto, había sugerido que la Cámara baja modificaría, se aprobó cuando la Presidenta lo dispuso y sin ningún cambio. Esa actitud motivó el retiro de parte de la oposición, que usó ese recurso en numerosas oportunidades.

Del mismo modo se aprobaron, sin espacio para las modificaciones, el Presupuesto 2015, la polémica Ley de Abastecimiento, o la estatización de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, entre tantas otras iniciativas.

Sobre el final del año hubo un cambio de estrategia de parte del kirchnerismo, al menos con un par de proyectos. Sucedió con el Código Procesal Penal y la nueva ley de Telecomunicaciones, denominada “Argentina Digital”. Esas iniciativas sí tuvieron un tiempo importante de debate en el Senado -la Cámara elegida por el Ejecutivo para mandar los proyectos más controvertidos-, con audiencias, visitas de especialistas y hasta hubo lugar para los cambios. Pero esa amplitud no continuó en Diputados, donde por el contrario no hubo audiencias públicas, ni debate en comisión, ni mucho menos modificaciones. “Alcanza con lo que se hizo en el Senado”, fue el argumento que se utilizó de parte del oficialismo.

Así las cosas, la actividad fue sumamente elevada, sobre todo en Diputados, donde los números contrastan claramente con los registrados el año anterior. Mientras en 2013 hubo solo 13 reuniones, en el año que está a punto de concluir se registraron exactamente el doble: 26.

El único proyecto que logró frenar la oposición fue la reforma del Código Penal. Pero la manera de conseguirlo fue haciéndolo antes de que llegara al Congreso.

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