Archivar la denuncia no da garantías definitivas

Por José Angel Di Mauro. Tal cual como había trascendido, la denuncia del encubrimiento impulsada por Alberto Nisman se encaminó la última semana hacia su cierre definitivo.

Pragmática al fin de cuentas, Cristina Fernández de Kirchner fue adecuando su gobierno a las circunstancias. Llegada al máximo sitial tras haberle cedido el paso su esposo, habría que darle crédito al supuesto de que su destino era brindarle un marco de mayor institucionalidad a la administración kirchnerista, pero se encontró con imprevistos que alteraron los planes.

De entrada nomás, estuvo el caso Antonini Wilson y su valija comprometedora, e inmediatamente pasadas las vacaciones estalló el conflicto con la 125 y sobrevino la guerra con el campo, que marcó a fuego al kirchnerismo, cambió las coordenadas y dividió aguas.

Tras el 54% en 2011, cuando el camino parecía ir hacia la quita de subsidios y la vuelta al mercado de capitales, ocurrió la tragedia de Once y más tarde una aceleración del conflicto con los fondos buitre, que obligó otra vez a corregir rumbos. Y ni hablar de que entre el primer y segundo mandato sobrevino la muerte de Néstor Kirchner.

PAE

Cristina estaba convencida del brillo internacional que alcanzaría y para eso le sacó jugo a las citas del G20. Con el devenir del tiempo, las cosas tampoco evolucionaron como lo deseado, y hasta se perdió por enfermedad la última reunión de ese organismo, realizada en Brisbane, Australia.

El presidente Obama, que tanto había ilusionado a los Kirchner, no recibió a Cristina jamás en la Casa Blanca, y ella termina su mandato denostándolo. Mirada con recelo por otras potencias, enemistada hasta con Israel, esta semana su canciller reaccionó con dureza ante las informaciones provenientes del Reino Unido que dan cuenta de un refuerzo de las defensas en Malvinas, con el supuesto fin de prevenir cualquier “amenaza” que pueda provenir de la Argentina. Más allá de lo disparatado del análisis británico, la medida da cuenta de la visión que ciertos países tienen hoy de la Presidenta.

Una buena parte de ese concepto puede atribuírsele al caso Nisman. En el exterior, la muerte del fiscal tuvo una repercusión incluso más grave para el gobierno que la que se percibe fronteras adentro. Pero a esta altura a la administración kirchnerista la tiene bastante sin cuidado esa percepción, privilegiando en cambio el destino de la denuncia original, que esta última semana se encaminó decididamente hacia el cierre definitivo. El resultado en la Sala I de la Cámara Federal -adelantado en esta columna la semana pasada- fue festejado en el gobierno. Se le notaba la alegría a Cristina, que poco después de conocido el veredicto favorable a los deseos presidenciales se mostró exultante por cadena nacional, anunciando una nueva batería de medidas destinadas a reactivar el consumo.

Están convencidos en lo más alto del poder de que la estrategia emprendida en los últimos tiempos para enfrentar el caso Nisman fue la atinada, modificatoria de los zigzagueos iniciales. No importa si ofendió el buen gusto el tratamiento destinado al fiscal muerto; el fin justifica en este caso los medios.

La semana concluyó con el único imputado de la causa afirmando en un reportaje que el fiscal le había hablado hace ya meses de su denuncia, asegurando que “con esto me llevo puesta a la Presidenta”. Mientras muchos siguen dando por seguro todo lo que Lagomarsino dice, el juez de la causa AMIA, Rodolfo Canicoba Corral -que dejó claro desde un principio su distanciamiento del muerto-, diciendo que “si Nisman estuviera vivo, le tendría que hacer una denuncia jurídica”. La estrategia de demoler la figura del fallecido sigue adelante sin tapujos, y queda cada vez más claro que, pasado el estupor inicial, es más conveniente el fiscal muerto que vivo.

Con tres jueces habiéndole bajado el pulgar, contra la opinión de un magistrado y tres fiscales, el destino de la denuncia parece definido, más allá de que resten instancias de apelación que podrían llegar hasta la misma Corte Suprema. Pero si bien, como dijimos, el kirchnerismo festejó alborozado el fracaso de la apertura de la investigación, no son pocos los que dentro del propio oficialismo no ven las cosas con tanto entusiasmo. Es que así como las encuestas indicaban desde el principio que mayoritariamente la opinión pública piensa que la muerte de Nisman nunca será esclarecida, el cierre de la causa sin haber sido investigada dejará abiertas las sospechas dentro y fuera del país.

Si la denuncia era tan endeble como se afirma, en nada hubiera afectado entonces que se abriera y pudiera haberse llegado a un sobreseimiento definitivo. Pesó aquí, como siempre, la decisión presidencial, vinculada además con el deseo de evitar que el tema dominara los meses de campaña electoral. Pero el riesgo no es menor: al haber sido archivada, en lugar de ser resuelta, queda la posibilidad de que en un futuro mediato alguien resuelva reabrirla. Bien se sabe que los jueces argentinos son remisos a investigar al poder, pero a partir del próximo año las cosas pueden ser diferentes…

Son esas vicisitudes las que llevan a muchos a repensar hoy aquel supuesto de que Cristina podría no ver con malos ojos entregarle la banda presidencial a un opositor. Fuentes consultadas por este medio afirman que la Presidenta les habría transmitido a algunos gobernadores el deseo de que no desdoblen sus comicios. Señal de que no apuesta a una derrota. También habría tenido buena acogida el pedido de un decreto que evite que las listas puedan ir “colgadas” de más de un candidato presidencial, como pretenden los radicales con firmes posibilidades de ganar.

La frutilla sería que la mismísima Cristina K resuelva poner su nombre en las listas. La posibilidad que ganó más espacio los últimos días es la de que la Presidenta juegue en la provincia de Buenos Aires, como candidata a diputada nacional. Pero como el mensaje de estos días estuvo dirigido a los gobernadores, muchos interpretan que Cristina podría estar especulando con ser candidata a parlamentaria del Mercosur, postulación que le permitiría figurar en las boletas del FpV de todo el país.

Por ley, es una alternativa u otra. No las dos.

Una candidatura legislativa tendría el doble objetivo de traccionar las listas oficialistas y garantizar fueros. De ahí que además crezca la posibilidad de que Máximo Kirchner sea también candidato en Santa Cruz, aunque al hijo presidencial la actividad legislativa le guste menos aún que a su fallecido padre.

Estas especulaciones han reforzado el espíritu de los candidatos oficialistas. Sobre todo el del gobernador bonaerense, al que asignan un papel activo en la definición del voto decisivo de la Sala I. El hombre fuerte de La Ñata confía en que tarde o temprano, en lo más alto se convencerán de que, en última instancia, él puede ser la llave que cierre los peores temores que hoy albergan en Olivos.

http://www.diariopopular.com.ar/notas/220919-archivar-las-denuncias-no-da-garantias-definitivas

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