La fiesta de despedida y la hora de las definiciones

Por José Di Mauro. Con la fiesta del 25 de Mayo, el kirchnerismo apeló una vez más a recuperar poder y profundizar la mística en las calles. Los nombres van definiéndose en el oficialismo y en la oposición el FR sigue perdiendo gajos.

Una de las características salientes de los gobiernos kirchneristas ha sido la ausencia de reuniones de gabinete. Más que una costumbre del matrimonio Kirchner, debería considerarse un dato que muestra un rasgo saliente de su manera de gobernar: las decisiones siempre fueron tomadas en la más cerrada intimidad; el trabajo en equipo fue relegado a otras instancias de la administración.

En este marco, no fueron muchos los ministros que sobresalieron. Es verdad que la mayoría perduró en el tiempo y hay algunos que acaban de cumplir doce años en sus cargos -Julio De Vido y Carlos Tomada-, constituyendo verdaderos récords, pero ninguno brilló tanto como para distinguirse más en un universo en el que el astro omnipresente es el la Presidenta.

Habrá que reconocerle a ella que ocasionalmente les brinda participación, al nombrarlos durante sus presentaciones públicas. Y el lugar preponderante que le otorgó a Axel Kicillof, al que destacó como su “mano derecha y mejor asesor”, aunque se arrogó responsabilidad plena en los destinos de la economía.

Hay colaboradores que no son ministros, pero que se destacan aún más. Son los casos del omnipresente Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnica, y Eduardo “Wado” De Pedro, secretario general de la Presidencia, figuras clave dentro del cerrado círculo presidencial. Hay uno más, al que por lo bajo algunos citan como “ministro sin cartera”: Javier Grosman, el cerebro de los actos presidenciales, a los que la Presidenta asigna un papel preponderante en su destino. Y bien que hace.

Grosman fue el organizador de la fiesta del Bicentenario, que para los Kirchner resultó emblemática y produjo un clic en una sociedad que entonces dejaba atrás el enojo por la crisis con el campo. Grosman fue también el encargado de organizar el multitudinario funeral de Néstor Kirchner. Estamos hablando de dos hitos clave en el camino al 54% de 2011.

Cargada de la épica a la que es tan afecta el kirchnerismo, la recepción a la Fragata Libertad en Mar del Plata estuvo también a cargo de ese ministro sin cartera. Y por supuesto, los actos recientes del 25 de Mayo, fecha que el kirchnerismo considera fundacional para su movimiento, cosa que enerva tanto a los no afines. No se escatimó en gastos para los actos que congregaron a cientos de miles de personas en Plaza de Mayo y alrededores y los resultados fueron acordes a las expectativas oficiales.

El discurso presidencial no tuvo sorpresas, ni ofreció resquicios sobre las dudas principales que hoy subsisten, como aquel de semanas atrás en el que reclamó un baño de humildad, que tuvo efectos inmediatos. En este caso, Cristina se preocupó por la preservación del proyecto -“este proceso de transformación de doce años debe ser profundizado, debe continuar”-; rechazó a la oposición -“no es continuidad o cambio, por Dios. Y los que quieren cambios, que nos expliquen a todos los argentinos qué cambios quieren”-; no ofreció datos sobre su eventual destino electoral -“les pido que no tengan miedo, muchos me miran inquisidores a los ojos y me dicen: ‘¿qué va a pasar?’ y yo les contesto: ‘va a pasar lo que ustedes quieran que pase’. Porque ustedes son los que están empoderados, ustedes son los titulares de los derechos”-. “Mi único heredero es el pueblo”, le faltó decir.

Con su mensaje a los sindicalistas respecto a lo exigentes que deben ser con su sucesor -“espero que a partir del 10 de diciembre los mismos dirigentes sindicales pongan la misma fuerza y la misma enjundia para obtener todos los aumentos y todos los beneficios que los trabajadores argentinos han logrado en estos doce años”-, no solo mandó un mensaje frente a las resistencias actuales en paritarias, sino también a su sucesor, respecto del papel controlador que ella espera tener fuera del poder.

Se verá cuando eso suceda, fuera de Balcarce 50 ya no es lo mismo. Por lo pronto, eso sí, sigue teniendo plenos poderes en el armado de las listas oficialistas, todas las fórmulas K. El “baño de humildad” dejó solo dos fórmulas presidenciales en pie, es la cantidad que buscaba. En la provincia de Buenos Aires quiere lo mismo. Los elegidos son Aníbal Fernández y Julián Domínguez, aunque todavía hay dos más que no se han bajado: Fernando Espinoza y Sergio Berni.

No es barato hacer campaña y ese factor sacará de carrera al secretario de Seguridad, con probable destino de vice. El intendente de La Matanza avisó que seguirá “hasta el final”, y en última instancia podría habilitarse que fueran tres los candidatos, pero habrá que esperar novedades para los próximos días. El kirchnerismo no quiere multiplicidad de candidatos en las PASO que terminen mostrando a sus candidatos repartiendo votos y abajo. Lo cual no implica que hacia el final sorprenda dejando candidaturas únicas para competir, fundamentalmente en el rubro presidencial. Deberían tenerlo en cuenta los que insisten en sugerir que se deje a Daniel Scioli compitiendo por el premio máximo, poniendo a Florencio Randazzo en la provincia de Buenos Aires.

Esa no es una opción, ni para el ministro del Interior y Transporte, que avisó que es candidato presidencial o se va a la casa -aunque ningún kirchnerista es capaz de rechazar un pedido presidencial-, ni para la Casa Rosada, que no quiere a un candidato presidencial propio consolidado seis meses antes de dejar el poder. De hecho, trabaja para que el muy probable triunfo del gobernador bonaerense en agosto no sea tan holgado, como para poder seguir marcándole el paso.

Con todo, la polarización avanza a pie firme, como para darle la razón a los que sugieren que no habrá segunda vuelta, que las PASO cumplirán el papel de primera vuelta. El desgajamiento del Frente Renovador alienta esa expectativa y tan seria es su situación que en el frente de Margarita Stolbizer se ilusionan con subir al podio en octubre.

No pasa semana en la que alguna figura importante del massismo se vuelva al Frente para la Victoria. Si hasta se van antes de lo anunciado, como pasó con Raúl Othacehé, al que se esperaba un viernes y terminó formalizando su retorno el jueves. La oficialización de cada pase tiene una ceremonia simple y bien gráfica: una foto. En general, en el despacho del jefe de Gabinete, a veces con la presencia del influyente Wado De Pedro. Puede ser también con otros, como sucedió con el intendente José Eseverri, que se fotografió con Randazzo, al que elogió de manera encendida. Su pase está al caer.

Con todo, cerca de Sergio Massa insisten en que resistirá hasta el final, que buscará recuperar posiciones en sociedad con José Manuel de la Sota y que el macrismo “se arrepentirá de hacerle el juego al kirchnerismo”.

Cerca del líder del PRO, piensan que es cuestión de tiempo: que las PASO marcarán el camino, que Macri será el candidato que más votos obtenga el domingo 9 de agosto y que en octubre se definirá todo. A suerte o verdad.

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