Por Sigrid Kunath. A propósito de la convocatoria bajo la consigna Ni Una Menos, la senadora nacional entrerriana cree oportuno reflexionar sobre algunos aspectos.
En primer lugar, siempre conmueve en nuestro hermoso país la fuerza arrolladora de la gente en la calle, cuando con sus convicciones y desde la más íntima honestidad personal apoyan las causas y promueven los cambios. Entonces, bienvenido sea que esta manifestación sirva para visibilizar la problemática de la violencia de género hacia las mujeres en todas sus modalidades y para construir una patria más justa e igualitaria. Bienvenidas las redes que con su potencial de difusión han replicado hasta el infinito las consignas haciendo que este tema sea discutido en todos los hogares.
Abordar esta problemática es complejo y no debemos quedarnos en los diagnósticos. Debemos estar todos y todas atentos para construir nuevas leyes, normas, dispositivos, estadísticas con la suficiente eficacia para la atención de la emergencia y de cada situación, y oportunamente.
Pero esto debe estar acompañado necesariamente por una toma de conciencia de toda la sociedad y para lo que es fundamental el rol de la educación, que es la herramienta social más importante para transformar realidades, superar prejuicios e igualar oportunidades.
La expresión de muchas voces sobre el tema y la movilización social representa, a la vez, el reconocimiento explícito de la problemática y una apuesta a futuro para generar un verdadero cambio; que en cada pueblo o ciudad podamos juntarnos para decir basta de violencia hacia las mujeres; basta de femicidios.
Debemos dar el debate sobre cuáles son los patrones culturales que han signado nuestra historia y devienen en una cultura patriarcal con masculinidades dominantes, mujeres concebidas y tratadas como cosas que se poseen o de las que se puede disponer: “La maté porque era mía”. Pensar y desarmar conceptos de dominación y de desigualdad entre mujeres y hombres, desde las cosas más cotidianas, como el humor, la comunicación, las maneras de relacionarse, etc. Existen numerosísimos ejemplos de incorporación de la perspectiva de género y son válidos y valiosos, pero no alcanzan.
Si no empezamos por comprender que estigmatizar a la mujer o transformarla en un estereotipo escasamente inteligente –como muestran algunas publicidades de productos de limpieza, por ejemplo– fácilmente influenciable y destinada a un rol secundario y poco importante, deviene o deriva en consolidar prototipos de masculinidades que hoy por hoy son hegemónicas y que se fundan en relaciones desiguales de poder donde el varón domina a la mujer, no estaremos dando los pasos fundamentales.
Tampoco se trata de establecer una mirada simplona que culpa a las publicidades o a determinados comunicadores de la estigmatización de la mujer. Pero si es necesario tener en cuenta que en la era de las comunicaciones y de la instantaneidad de las ideas, quienes comunican deben asumir responsabilidades. Tampoco decimos que todos los varones ejercen la masculinidad dominante. Pero decimos que es un fenómeno al que debemos estar atentos para poder desarticularlo y consolidar nuevos modelos basados en relaciones de igualdad entre los géneros.
En mi caso personal, reconozco con pavor haberme hecho eco en el pasado de algunas de estas “humoradas” o de comedias televisivas que basaban su construcción argumental en el estereotipo de mujer sin inteligencia. Y más allá de la autocrítica, reafirmo mis intenciones de seguir trabajando en conjunto para deconstruir mandatos tan nocivos para la convivencia igualitaria.
En lo personal, desde el 2012 y en ocasión de ser Secretaria General de la Gobernación de mi provincia, por mandato del Gobernador Urribarri, comenzamos a andar un camino distinto en el abordaje de las violencias (de género, familiar, en el ámbito escolar, laboral) generando un protocolo intersectorial y un consejo. A este último se invitaron a los otros dos poderes del Estado, además del Poder Ejecutivo, a las Universidades, los colegios de profesionales, los gremios de estatales, las organizaciones dedicadas a la problemática.
Se creó un ámbito de articulación y a su vez un espacio de capacitaciones y acciones tendientes a la visibilización de las violencias. Se invitó a los municipios a generar observatorios locales. Se contó con el aporte del Consejo Nacional de las Mujeres para la construcción de dos hogares de protección integral para mujeres en situación de violencia. El trabajo es sostenido y respetuoso, reconociendo aún todo lo que falta por hacer. Venciendo resistencias desde las propias instituciones, muchas veces. Se consolidó en la agenda política pública esta problemática y con defectos y virtudes se ha construido un camino. Como a nivel nacional y como en tantas provincias. Aceptando todos y todas la convocatoria permanente de nuestra Presidenta a empoderarnos y sostener las grandes inclusiones de los últimos años.
El mismo espíritu que nos inspira a trabajar en la provincia es el que me impulsa desde el Senado de la Nación, a continuar en este camino complejo de la lucha contra las violencias, al igual que muchas legisladoras y legisladores comprometidos en este sentido. Es así que planteamos iniciativas legislativas, para las que hemos trabajado con especialistas y organizaciones de la sociedad civil, como la prohibición de la probation cuando se trate de un delito cometido mediando violencia de género contra las mujeres o la imprescriptibilidad de los abusos sexuales a menores, para superar la impunidad que muchas veces gana en estos hechos atroces. La creación de un Registro Nacional de Datos Genéticos Forenses, que centralice la información de todo el país y sirva para la mejor administración de justicia en delitos como la trata de personas, violaciones u homicidios y también en la búsqueda de personas desaparecidas.
La concientización para un verdadero cambio cultural a partir de la creación de días nacionales que sirvan para poner el eje de la discusión en temas importantes como la discriminación o la violencia mediática contra las mujeres, como así también, la inclusión en la Ley de Educación Nacional de la educación contra las violencias.
A medida que hemos avanzado en este camino afirmamos que no nos enamoramos de las herramientas, sino de los objetivos que persiguen. Para eso debemos estar presentes y atentos asumiendo los desafíos que las circunstancias indican pero con solidaridad y en conjunto. Las víctimas anónimas del machismo merecen el esfuerzo de todas y todos. Para que no haya NI UNA MENOS