“El camino para resolver la pobreza es la inclusión social y la reindustrialización”

Más allá de las estadísticas, Gastón Harispe, diputado nacional y presidente del Frente Parlamentario Contra el Hambre, asegura que la gestión macroeconómica y las políticas concretas del kirchnerismo disminuyeron la pobreza y garantizaron seguridad alimentaria en Argentina.

Por Pablo Riveros

En diálogo con Semanario Parlamentario el referente del movimiento Octubres, el diputado Gastón Harispe no titubea en afirmar que la administración kichnerista ha disminuido la pobreza. En otro tramo de la entrevista también se refirió sobre la coyuntura política del país y la continuidad o no del modelo económico de los últimos 12 años.

Harispe justifica el regreso de dirigentes del Frente Renovador al Frente para la Victoria y hace explícito su apoyo a la precandidatura a gobernador de Julián Domínguez en la provincia de Buenos Aires: “creo en la construcción del Movimiento San Martín porque hay una apuesta a la comunidad organizada”.

– El país fue reconocido por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) por haber mantenido el nivel de malnutrición en menos de cinco por ciento durante los últimos 25 años. ¿Qué reflexión hace al respecto?

– Lo importante es que hay un reconocimiento a los procesos que se han dado en América Latina. Porque dentro de los 25 años no hay que olvidarse que pasamos una etapa más cruda, que fueron los años de neoliberalismo, donde hubo una situación de descenso en las condiciones de lucha contra el hambre; los años noventa generaron la peor hambruna que pasaron nuestros pueblos en su historia. Los movimientos sociales se constituyeron en la lucha contra el hambre; así que aquí lo primero que se generó como lucha contra el hambre fue una respuesta fuera del Estado. Recuerdo que en ese momento lo único que hacíamos era buscar alimentos para bancar los comedores. Y un porcentaje bien alto del pueblo argentino fue a ellos. Me acuerdo que en La Plata, el “Payasito” Lugüercio, hoy goleador de fútbol reconocido, fue a un comedor nuestro. Desde el 2003 a esta parte, la regeneración de las condiciones de la lucha contra el hambre ha sido enorme.

– Son conocidas algunas de las políticas kirchneristas que disminuyeron la pobreza: la Asignación Universal por Hijo (AUH) y para Embarazadas, las pensiones y programas de seguridad social. ¿Qué medidas fueron importantes en términos de mayor seguridad alimentaria?

– En 2001, y luego con mayor entidad cuando asume Néstor en 2003, se lanza el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria.

– Con una ley

– Claro. También hubo una ley de enriquecimiento con hierro para un plan materno infantil. Y hoy esos planes han perdido vigencia frente a la inmensidad de la inclusión social. Pero el decreto de AUH ha sido muy fuerte. En realidad nosotros decimos, y lo discutimos con la FAO, que hicimos una política de reindustrialización de la Argentina, de generación de condiciones para la seguridad alimentaria. La Argentina a partir de condiciones macroeconómicas generó las condiciones para que haya resolución a los problemas de seguridad alimentaria. La Argentina exporta agroalimentos por los cuales cobra una retención a los pools de siembra, a los grupos económicos. Pero el alimento que consume nuestra población está en el agricultor familiar, campesino, indígena; y ese sector se vio beneficiado por las políticas macroeconómicas pero también por las políticas focalizadas. Antes no existía el Ministerio de Agricultura. En el 2008 se fundó la Secretaría de Agricultura Familiar. Esa tarea la tomaba el área de Desarrollo Rural, en el marco de una Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Después se genera un ministerio. El crecimiento en el presupuesto de la agricultura ha sido enorme. Y hoy hay una Ley de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena. En 2003 se generó el foro nacional de la agricultura familiar, un hito para la visibilización del sector, que lo primero que resolvió fue el relacionamiento con el Estado y el fortalecimiento con las cooperativas y entidades intermedias. A esto sumo la Ley Contra la Extranjerización de las Tierras (rurales), el Registro Nacional de Agricultura Familiar y el Registro de Trabajadores Rurales con la Ley del Peón Rural.

– ¿Por qué el país exporta alimentos y a la vez tiene sectores sociales en condiciones de pobreza y hambre?

– Argentina vive en el marco de un capitalismo que ha degenerado en un desarrollo desigual de regiones y que tiene asimetrías muy marcadas entre sectores sociales y regiones. Las condiciones para que haya crecimiento productivo ha generado fuertes beneficios de sectores económicos que producen alimentos para exportación. Y este sector disputa no solamente renta, sino también tierra y modos de producción que generan crisis localmente –“El glifosato mata”-. El Estado interviene cada vez más en esas disputas. Cuando había hambre acá no se producía ni soja y la gente comía en comedores. Todavía hoy tenemos en algunos lugares políticas en las que hay que focalizar.

– ¿Cuáles?

– Por ejemplo, comunidades originarias que tienen historia de agricultores, de cazadores recolectores, cuyo acceso al trabajo formal es complejo; zonas con desarrollo locales deprimidos frente a otras como la zona núcleo de producción sojera que tiene condiciones mayores; la expansión de la frontera productiva que ha generado que las zonas marginales ahora sean ganaderas y que disputan tierras con la agricultura; la situaciones de desplazamiento del pequeño productor, agricultor familiar, que es avasallado por los sectores concentrados por la titularidad de la tierra. Por eso a mí cuando se nos corre con la cuestión del hambre frente a la producción de alimentos como commodity propongo que se vea todo el escenario: donde cuando quisimos limitar la producción, a partir de retenciones, los sectores concentrados nos condicionaron; y hoy generamos que el sector que verdaderamente produce alimentos para satisfacer necesidades de mercado de Argentina, lo haga en mejores condiciones para el consumo, con menor agroquímicos, producción amigable con el medio ambiente.

– ¿Por qué es tan importante la Ley de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena?

– La ley es verdaderamente revolucionaria y hecha de abajo hacia arriba: requirió la participación de movimientos sociales campesinos y la voluntad política de un Gobierno que está dispuesto a pelearse con quien sea. Ese elemento agroecológico tiene en esta base campesina un aliado en sus intereses, el sector urbano. Es una ley de seguridad y soberanía alimentaria. Hoy está mirada en toda América Latina como una oportunidad. Esta ley da oportunidades a un sector que sino migra a las ciudades. Es un régimen de reparación histórica de agricultura familiar, campesina e indígena. Una ley que pone un freno de mano a estas condiciones de desarrollo actual, donde la producción de alimentos está hecha para la exportación por parte de sectores eminentemente financieros. Son los fondos buitre los que producen alimentos e interviene de verdad, así como empresas de otros países.

– ¿Cómo se para frente a la polémica sobre los números de pobreza en el país? Hoy no se difunden estadísticas oficiales.

– Hoy no se mide. He consultado a algunos economistas que me dijeron que medir la pobreza es utilizar parámetros que han sido dejado de lado: por ingreso, por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Argentina mide NBI y tiene otro sistema como la canasta básica. La UCA nos pide siempre la medición por ingresos y dice que tendríamos un 25 por ciento de pobres. Es una medición que usa los parámetros de la década del noventa y que no mira el desarrollo en infraestructura: aguas, cloacas, vivienda. Incluso la FAO reconoce que tiene que haber distintas metodologías de acuerdo con los distintos momentos sociopolíticos que se viven en cada país. El economista Agustín D’Attellis dice, en el marco de las mediciones de NBI, que la pobreza es del 16 por ciento. Ahora, todo el mundo se enganchó con la polémica de la UCA, a partir de que el Grupo Clarín dijo que ese era el único indicador de la Argentina. Pero no ha habido noticias de otros actores de la economía. Seguimos dando vuelta alrededor de aquella noticia de UCA. Medir por ingresos es insatisfactorio. ¿Por qué no miden que en mi barrio pasa la cloaca y antes no; el precio de alimentos en el conurbano? Toman muestras en la Capital Federal, pero la oposición presenta el índice a nivel nacional cuando en mi barrio los alimentos salen 50 por ciento menos que lo que veo en la Ciudad de Buenos Aires. La última medición del INDEC da un índice del cinco por ciento que también debemos tenerlo en consideración. Pobreza en la Argentina hay, nos duele y no debemos ocultarla. El único camino para resolver la pobreza es la inclusión social y la reindustrialización del país.

– Hablamos de la Asignación Universal por Hijo. ¿Hay que fijarla por ley con un mecanismo de actualización automático, parecido a la movilidad jubilatoria, y con una fuente de financiación que no dependa exclusivamente de la seguridad social?

– La AUH tiene que ser ley. Es deseable frente a la posibilidad de que los posibles presidentes no garanticen la lucha contra el neoliberalismo que hemos tenido en este tiempo, el alimento y la salud de los pibes, como hace la AUH. Debe haber un mecanismo que garantice la actualización.

– ¿Qué aportes hizo el Frente Parlamentario Contra el Hambre bajo su gestión?

Vamos a presentar un proyecto de Fondo Nacional de Compra a la Agricultura Familiar, que es la compra directa de alimentos a la agricultura familiar por parte del Estado Nacional, los provinciales y municipales. El Estado compra alimentos siempre: para las cárceles, escuelas, hospitales y el mecanismo actual es comprar en supermercados. Tenemos redactado para presentar un proyecto consensuado con organismos públicos y legisladores del Frente. Es una propuesta histórica de movimientos sociales que producen alimentos. Por otra parte, para poner en marcha el proyecto y para fortalecer la puesta en marcha de la Ley de Agricultura Familiar pretendemos hacer un encuentro federal con invitación los consejos deliberantes y los congresos provinciales. Pasa con El Parlamentario y todo el mundo que parte de la rendición de cuentas de lo actuado es cuántos proyectos presentaron. Eso es una parte. Acá lo que vemos es que desde el Frente Parlamentario tenemos la posibilidad de instalar temas de agenda que son centrales para la lucha contra el hambre en el marco de la estrategia del CELAC, por ejemplo, o la Ley de Agricultura Familiar. Por ejemplo, hemos intervenido en el conflicto de Abasto como legisladores preocupados por conflicto por la tierra suscitado hace poco, donde un juez penal hizo una orden de desalojo a los productores y habitantes que ocupaban una tierra de herencia vacante donde producían. Ahora intervenimos planteando que la LAF propone un banco de tierras y después vino la expropiación. Aquí también hubo acción por parte de nosotros.

– En un año electoral donde se pone en juego la continuidad de estas políticas usted está trabajando para la candidatura de Julián Domínguez: un dirigente que construyó un perfil, propuestas y un movimiento propio dentro del peronismo-kirchnerismo. Incluso diferenciándose de otros dirigentes oficialistas como Daniel Scioli, que tiene otro perfil dentro del peronismo.

Es un dirigente que construyó un perfil, propuestas y un movimiento propio dentro del peronismo-kirchnerismo. Incluso diferenciándose de otros dirigentes oficialistas como Daniel Scioli, que tiene otro perfil dentro del peronismo.

Todas las candidaturas en marcha en la provincia de Buenos Aires tienen un reconocimiento y un aval de la presidenta de la Nación. Aquí no hay conflicto; el Frente para la Victoria es bastante homogéneo. No veo matices; no veo que Domínguez exprese una cosa más o menos peronista que otra.

– ¿No percibe diferencias entre dirigentes como Otacehé, Domínguez o “Wado” De Pedro, por ejemplo?

– El kirchnerismo, que en todo este tiempo se mantuvo unificado, coherente políticamente, ¿pierde o gana con el reingreso de tipos que se habían ido con Massa? Yo diría que hay una situación en que tenés que juntar a cualquier precio, frente a la coherencia política que se requiere para que haya autoridad política para superar la crisis de representación que se vivió en la política; nadie sigue algo que no sea coherente, homogéneo y por eso le va mal a la oposición. Hoy hay una conducción política que supera incluso la figura presidencial, en el caso de Cristina Fernández de Kirchner, que va a conducir el movimiento nacional, por encima de quien sea presidente. Entonces, ¿qué hacen estos tipos cuando vuelven al FpV? Acrecentar la mayoría electoral que requiere la conducción política que es acompaña por las masas populares. Hoy pocos no consideran seria la posibilidad de triunfo del FpV en las elecciones. La gobernabilidad requiere una conducción política, peso territorial y capacidad de ejercer el poder para conducir a estos que volvieron.

– Se menciona su trabajo para el regreso de dirigentes del Frente Renovador al Frente para la Victoria.

– Yo milito. En mi barrio hablo con los vecinos y quiero que voten al Frente para la Victoria. Y si me cruzo con un militante ya construido también lo invito. Y con un intendente también. Esto lo estamos haciendo todos. Acá hay un ejército de militantes que estamos haciendo esto, que es casi natural.

– Volviendo a lo otro, ¿por qué trabajas con Julián Domínguez y no con Aníbal Fernández?

Porque creo que Domínguez tiene una propuesta para el movimiento obrero, para el conjunto del peronismo-kirchnerismo; tiene iniciativas concretas para los movimientos sociales, comunitarias, populares que nacimos y nos desarrollamos posteriormente a la crisis del 2001; una visión integral de los problemas a resolver, pensando a futuro; porque tiene respeto por lo que hemos construido como kirchneristas en todo este período; y además porque cree en la construcción de poder social, popular, de base, territorial, sindical. Ese es el perfil más importante de Domínguez: la apuesta a la construcción desde abajo.

– Algo que es afín a tu experiencia en los movimientos sociales.

No solo por la afinidad o perfil. Yo no creo que haya oportunidad para el avance de los pueblos sin organización popular. No creo en la política de los medios, en la política mediática, aunque a veces voy a algún programa porque también hay que hacer política de instalación, construirse como referente en la sociedad de masa. Los mass media inciden en la política y construyen agenda; eso lo tenemos claro. Pero para avanzar en términos históricos para una mayor distribución de la riqueza, para que los procesos democráticos sean populares, se requiere fuerza social organizada, como decía el general Perón. Y esa fuerza social organizada es una construcción diaria, de base, que requiere un sujeto histórico-social que son los más humildes y los trabajadores. La Argentina en este período ha reconstruido esto. Lo otro es el reconocimiento explícito e implícito a la conducción de CFK hecha por este abanico en construcción en la provincia de Buenos Aires. Pero creo en la construcción del Movimiento San Martín por esto: porque hay una apuesta a la comunidad organizada.

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