La senadora Norma Morandini lamentó que el Parlamento no funcione “a pleno” y advirtió que “tenemos un Poder Ejecutivo que se ha hecho poderoso a expensas de tener un Parlamento al que maneja con control remoto”.
En los últimos meses de sus seis años de mandato como senadora nacional, Norma Morandini lamentó “cómo de alguna manera hemos ido cediendo en el Parlamento” ante el avance del Poder Ejecutivo. Lo dijo a propósito de lo que implica la nueva Ley de Subrogancias, pero advirtió que también sucedió con otras normas. “Mi primera votación fue la reforma del Consejo de la Magistratura; venía de participar en organizaciones civiles como Poder Ciudadano y no tuve dudas de que tenía que oponerme, porque la garantía es que haya una representación equilibrada, no que la política tenga una mayor representatividad, y estamos viendo las consecuencias”.
“He aprendido mucho en este Parlamento y me quedo con un anónimo jurídico que dice que las constituciones son los chalecos de fuerza que se ponen encima las sociedades en momentos de lucidez para evitar suicidarse en momentos de locura. Y si hay algo progresista en nuestro país es la Constitución reformada en el 94, que ha creado institutos de control que hoy están casi inhibidos de trabajar”.
En diálogo con Parlamentario TV, Morandini señaló que “tendríamos que empezar a revisar qué es la democracia: la democracia no es solo tener las mayorías, las mayorías efectivamente legitiman a un gobierno a tomar decisiones en nombre de esa mayoría, pero es en el proceso que respeta a la minoría, porque si no es así, tenemos una tiranía”.
“La libertad sin ley es anarquía, pero la ley sin libertad es tiranía”, puntualizó.
La senadora cordobesa señaló que “lo que hemos tenido a lo largo de estos años es una concepción de poder, no democrática, porque si fuera democrática habría un Parlamento pleno”. En ese sentido se quejó porque “tenemos un Poder Ejecutivo que se ha hecho poderoso a expensas de tener un Parlamento que lo maneja con control remoto, porque tiene la mayoría y este intento de subordinar a la justicia”.
“Me parece que el problema es que hay una parte del país que porque ha hecho del poder un fin en sí mismo, interpreta la democracia como una ofuscación, y la democracia no puede ser ofuscación; la democracia es el antídoto a lo que hemos vivido en el pasado”, dejó claro.
Consultada sobre el manejo que el kirchnerismo ha hecho de la cuestión de los derechos humanos, la senadora dijo que “se redujeron los derechos humanos a su violación; hemos denunciado su violación, hemos ido más lejos que nadie con los juicios, pero no hemos construido una cultura de derechos humanos. En 30 años de democracia no es solo condenar el pasado, porque lo que uno advierte es que muchos de los que condenan a la dictadura no tienen convicciones democráticas. Falta construir una cultura democrática de valores compartidos y los derechos humanos conjugan con la vida”.