La economía metió la cola en vísperas de las PASO

Por José Angel Di Mauro. Si algo estaba seguro el kirchnerismo de tener controlado para estas elecciones era la economía. Más allá de la herencia que vaya a quedar para el sucesor, no se esperaban alteraciones antes de noviembre. Pero llegaron.

Los economistas suelen quejarse cuando los ruidos de la política provocan alteraciones en los mercados y alteran la economía. Ahora fue al revés: la economía metió la cola en la última parte de la campaña y generó malestar en el oficialismo, donde no esperaban olas por ese sector al menos en las primarias.

Economistas de un lado y del otro daban por seguro que la calma económica se mantendría al menos hasta pasadas las elecciones de octubre. A lo sumo, se había comenzado a especular con la posibilidad de que hubiera “ruidos” antes de las elecciones generales, pero nada hacía pensar en que la economía terciara antes de las PASO.

El temor oficial no es ingenuo. Está visto y comprobado que el caso Nisman no ha tenido peso en la campaña ni tendrá efecto en la elección, y las encuestas dicen lo mismo con los temas relacionados con la corrupción. Pero la economía es otra cosa, y cuando hablamos de economía hablamos del dólar, que se desmadró las últimas semanas, y las perspectivas no son buenas para los días que vienen.

Para colmo de males, el ministro de Economía se ha puesto el traje de candidato y como tal ha salido a hablar. Y los resultados de su primera semana de campaña han hecho fruncir el ceño en lo más alto del gobierno, y sobre todo en Villa La Ñata. Axel Kicillof concedió una larga entrevista el miércoles y al día siguiente tuvo que pedir otra para salir a desmentir dichos del día anterior. Como era de esperar, el joven funcionario culpó a quienes “malinterpretaron” sus expresiones, pero todo parece indicar que hubo un llamado desde lo más alto para que saliera a desmentir.

Ese mismo día la Presidenta tenía previsto reaparecer en la sede de la Bolsa de Comercio recuperada de su laringitis aguda, pero un comunicado de la Unidad Médica Presidencial dio cuenta de que Cristina alargaría el reposo un día más, con lo que el acto de la entidad que preside Adelmo Gabbi quedó postergado para después de las PASO. No pocos piensan que los dichos de Kicillof sobre el tema alquileres habían causado malestar en los hombres de negocios y la Presidenta entendió la inconveniencia de agregar más tensión a la economía, de ahí el día extra de reposo.

Ese mismo día el titular de la Bolsa de Comercio había deslizado que “con libertades económicas el blue tendría un precio menor”, y de paso le puso a la economía un puntaje de “5 sobre 10”. Si iba, Cristina tendría que salirle a contestar y es inconveniente en este momento abrir un debate de ese tipo.

El oficialismo hubiese preferido que el debate siguiera en torno al cambio de discurso de Mauricio Macri, el supuesto plan de ajuste que se busca adosarle al candidato del PRO, y los curiosos consejos del demonizado consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, pero la atención se la llevó la economía. Un operador de la city señaló a este medio la paradoja de que el dólar paralelo hubiera comenzado a salirse de cauce tras el ajustado resultado de la segunda vuelta porteña. Ese dato que generó alegría en el sciolismo, causó desazón no solo en el macrismo, sino también en operadores inquietos respecto de los resultados de octubre. Es más, cuanto más favorable al candidato oficialista sea el resultado del próximo domingo, mayor será la tendencia a dolarizarse que se observará en las semanas siguientes. Al revés, un resultado más ajustado en las PASO podría generar calma en los mercados de cara a octubre y favorecer al FpV. Toda una rareza.

Se llega así a la última semana de campaña en la que, según los operadores más cercanos al líder del PRO, define su voto entre el 25 y el 30% del electorado aún indeciso. A ese sector le apuntó Mauricio Macri con su controvertido reacomodamiento del discurso. Es el mismo público en el que Daniel Scioli busca el porcentaje que le de vuelo a su sueño de evitar el balotaje.

El jefe de Gobierno porteño cerró la semana exteriorizando su preocupación por la fiscalización del comicio. Bienvenido al mundo real… Hasta hace un tiempo, cuando se les advertía a los del PRO sobre la fiscalización, hablaban del ejército de voluntarios que estaban reclutado a través de Facebook. De pronto surgieron las dudas sobre la idoneidad y el valor de esas personas para lidiar en las zonas más controvertidas del Conurbano profundo. Y más dudas aparecieron al advertirse que dentro de tanta oferta podría haber más de un “doble agente” puesto allí para operar para el kirchnerismo. Cuánto hubiera podido solucionarse sino acordando con el Frente Renovador, al menos no desechando a los intendentes que terminaron yéndose a último momento ante el ninguneo del cierre de listas…

Esos jefes comunales volvieron al massismo con más deseos de derrotar al PRO que al propio oficialismo. Y en este último tramo de la campaña en el massismo han recuperado la autoestima. Primero fue una encuesta que dio muy bien a Felipe Solá, luego el resultado del balotaje porteño que aguó el despegue de Macri. Lo cierto es que Sergio Massa decidió abocarse de lleno a la Provincia y desentenderse del resto del país, con el objeto de remontar la pendiente en el distrito más afín y más grande del país. Si bien un buen resultado bonaerense podría diluirse con una exigua performance en el interior, en el FR resolvieron no distraer los escasos recursos conque cuentan y concentrarse en la Provincia. Creen allí que la figura de Felipe Solá les suma mucho y apuestan a aguarle al macrismo un deseo: que María Eugenia Vidal sea la precandidata a gobernadora más votada el 9 de agosto, habida cuenta de que el Frente para la Victoria, al llevar dos candidatos, divide votos.

Esa es otra pelea grande que genera gran expectativa: la de Aníbal Fernández con Julián Domínguez. El presidente de la Cámara de Diputados no ha ahorrado esfuerzos para remontar la cuesta que le plantea el alto nivel de desconocimiento del que padece ante su rival. Dicen que lo ha logrado en gran parte, pero según las encuestas que circulan, aún no ha conseguido siquiera ponerse a tiro del jefe de Gabinete. Primero en las encuestas gracias al altísimo nivel de conocimiento del que goza, Aníbal es el candidato preferido del arco opositor, que no oculta su deseo de que él se imponga, habida cuenta el alto grado de imagen negativa que paralelamente tiene. No tienen dudas de que Fernández, puesto a defender cada mañana los temas más controvertidos de la agenda pública, es un lastre para Scioli.

El gobernador bonaerense se mantiene prescindente, pero cerca suyo admite que luego de la experiencia porteña, en la que Martín Lousteau estuvo a punto de dar la nota desbancando a Horacio Rodríguez Larreta -con lo que el sueño presidencial de Mauricio Macri hubiera sido herido de muerte-, cambió de parecer. Y deslizó entre los suyos que lo mejor para él sería tener un candidato a gobernador como Domínguez. Pero mucho más no puede hacer, salvo la asistencia en materia de recursos que se advierte en favor del hombre de Chacabuco.

Aunque Aníbal no se queda atrás, lo que ha hecho pensar en un respaldo aún más encumbrado en favor suyo.

Todo se definirá en pocos días. Pues mientras para las presidenciables la del domingo es solo una primera instancia, en la interna del FpV bonaerense se juegan a matar o morir.

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