La gran interna opositora que no fue

Imaginar lo que hubiera podido suceder si se organizaba la gran alianza que auspiciaba una parte de la oposición es un ejercicio contrafáctico que vale aquí analizar, cuando pasadas las PASO no se registra la polarización esperada.

Sin polarización a la vista y con un oficialismo por ahora distanciado de la posibilidad de asegurarse un triunfo en primera vuelta -aunque arañando la posibilidad de una victoria en esa instancia por una eventual paridad imprevista entre el segundo y el tercero-, vuelven los reproches que se escucharon fuerte en vísperas del cierre de listas, allá por el 20 de junio.

Antes de esa fecha, crecieron las presiones para conseguir la unión entre el macrismo y el massismo, sobre todo desde el denominado “círculo rojo”. Y desde ese mismo sector surgieron después de las PASO presiones en el mismo sentido. El período intermedio, fue el tiempo de los reproches.


Lo cierto es que hubo un momento en que el acuerdo era dado por hecho por muchos analistas y dirigentes cercanos a los principales protagonistas, y hasta los propios socios de Mauricio Macri en Cambiemos, UCR y CC, parecieron abiertos a tal acuerdo. Si hasta Elisa Carrió, que había dicho las peores cosas de Sergio Massa, se mostró brevemente dispuesta a reconsiderar sus prevenciones en pos de “un mal menor”, si ello aseguraba frenar la continuidad del Frente para la Victoria en el poder.

Por esos días se dijo que el macrismo esperaba una rendición incondicional del Frente Renovador, y a partir de esa decisión avanzar sobre sus despojos, para recoger lo que pudiera reconvertirse. Otros aventuraron la posibilidad de que Massa bajara sus pretensiones para ser finalmente el candidato a gobernador de Macri, cosa que nunca fue confirmada por los propios protagonistas, pero que todos consideran razonable. La negativa del jefe de Gobierno porteño fue atribuida por algunos a que el candidato presidencial no se aseguraba con ello la presidencia, y en cambio sí su rival renovador la gobernación. Otros dicen que, para el caso de ganar, Macri tampoco quería a un supuesto aliado como el gobernador más importante. Habladurías, tal vez.

Lo cierto es que detrás de la teoría del “purismo” promovida por Jaime Durán Barba y fogoneada desde adentro por el ascendente Marcos Peña, contemplaba una disolución gradual del Frente Renovador. Para las PASO, según confiaron a Parlamentario altas fuentes del Pro, esperaban que Massa cosechara 18 puntos y para octubre solo 8. El drenaje, interpretaban, iría en su mayoría hacia Cambiemos, con lo cual se atrevían a especular con la definición -en un sentido u otro- en primera vuelta. Hoy el macrismo habla solo de llegar al balotaje, pero hasta hace poco meneaban la posibilidad de una definición en octubre.

Hoy ya todos tienen claro que eso de que agosto sería una suerte de primera vuelta, quedó invalidado en los hechos.

Los radicales tuvieron, como se recordará, una agitada Convención en Gualeguaychú, donde prevaleció la propuesta de su presidente, Ernesto Sanz, de ir a la elección aliados con el Pro. Heridos quedaron aquellos que proponían una gran interna abierta, que era precisamente lo que sugería el massismo. Pasaron tres meses apenas, pero parece mucho más, y son muchos los que todavía se lamentan por no haber puesto en marcha esa estrategia, habida cuenta de que el 60 por ciento se pronunció en las PASO contra el kirchnerismo.

El razonamiento parece un tanto lineal y por lo pronto choca con una realidad: la diversidad que ofrecerían las PASO desaparecería prácticamente de manera total en octubre, facilitando la posibilidad de que el voto disconforme con el resultado del 9 de agosto migrara en octubre hacia fuerzas menores excluidas de ese “gran frente opositor”, hacia el voto en blanco y también, por qué no, hacia Scioli.

“Era un riesgo que bien valía la pena correr”, argumentan los que insisten con la teoría de la gran interna abierta. “Pero estamos hablando de la segunda vuelta, y esa sería una derrota en sí misma para el kirchnerismo”, argumentó ante Parlamentario un dirigente del círculo macrista.

En el radicalismo es donde se escuchan algunos de los reproches más sonoros, y todos le apuntan a quien terminara siendo el precandidato presidencial de la UCR, Ernesto Sanz. El senador mendocino, futuro ministro de Justicia si Mauricio Macri es presidente, rechaza las críticas, argumentando que hoy gracias a la estrategia puesta en marcha el partido cuenta con “una competitividad política extraordinaria en todo el país”. En una exposición realizada días pasados en el foro Consenso Republicano, Sanz destacó el panorama actual de su partido en el principal distrito del país. “En provincia de Buenos Aires, de 11 intendentes radicales, pasaremos a tener 47”, sostuvo, destacando a continuación la solidez de la candidata a gobernadora de Cambiemos, María Eugenia Vidal.

Los críticos de Sanz le facturan que también había vislumbrado que el radicalismo ganaría varias gobernaciones este año, y de momento solo se alzaron con la de Mendoza. En su defensa, debe decirse que en aquellas provincias donde la gobernación estuvo a tiro, el o la candidata radical compitió con el apoyo de Macri y Massa, y ni contando con la oposición unificada detrás suyo consiguieron doblegar a los oficialismos gobernantes. “Pero sí fueron mucho más competitivos”, aclara un radical cercano a la postura de Sanz.

Un detalle no menor que los radicales deberían tener muy en cuenta es que con el acuerdo establecido estarían sumando una cantidad de legisladores que de otra manera no conseguirían. Y eso a pesar de que en ciertos distritos debieron ceder lugares a sus socios macristas.

El reparto legislative

Hablamos líneas arriba de la insistencia del “círculo rojo” posterior a las PASO para habilitar negociaciones entre Cambiemos y UNA. Se habló de bajar listas en favor del candidato más competitivo y con eso se sigue especulando en algunos distritos. Suena casi tan disparatado como las especulaciones sobre un eventual acuerdo posterior al cierre de lista. En uno u otro caso, el “sacrificio” de una figura principal implicaría dejar de lado a innumerables candidatos legislativos, ya sean legisladores nacionales, provinciales o concejales. Y de una actitud así no se vuelve, por lo que es impensado imaginarlo en quien pretende que, en última instancia, esta elección lo deje en carrera para el futuro a largo plazo.

En esas especulaciones se sugirió un eventual e impensado paso al costado de Felipe Solá, candidato a gobernador de UNA, para dejarle a María Eugenia Vidal el monopolio de los votos opositores para enfrentar a Aníbal Fernández. Es impensado sugerir algo así, dejando sin sostén a decenas de intendentes, ya sin citar el desaire que significaría para los candidatos legislativos de ese sector.

Ahora bien, ¿qué hubiera significado esa gran interna opositora de la que hablaban massistas y radicales rebeldes? Era la posibilidad de dirimir un liderazgo único para enfrentar al candidato oficialista en octubre, ya sin dividir votos en primera vuelta. De la elección, se entusiasmaban en sugerir que no solo podrían participar las fuerzas integrantes de Cambiemos y de UNA, sino también las de Progresistas. Algo que la fuerza que postula hoy a Margarita Stolbizer no hubiera aceptado, según han dejado claro desde ese sector. También podría haber jugado allí Compromiso Federal, cuyo candidato presidencial Adolfo Rodríguez Saá se quejó amargamente de haber sido excluido del frente UNA.

Podría concluirse entonces que hubieran competido Mauricio Macri, Sergio Massa, Ernesto Sanz, Elisa Carrió, José Manuel de la Sota y Adolfo Rodríguez Saá, en una competencia más que interesante que, de todos modos no hubiera garantizado que los votos de los derrotados fueran para el ganador en octubre. ¿Es seguro que el líder del Pro hubiera retenido en caso de ganar todos los votos de los tres peronistas participantes de esa gran interna?

Pero hay otra duda respecto a cómo se hubieran armado las listas legislativas. Un dirigente del interior de UNA explicó que en ese caso cada candidato hubiera llevado candidatos a diputados o senadores propios y luego se hubieran armado las nóminas definitivas según el resultado de las PASO. Es ahí que puede hacerse un ejercicio fundamentado ya no en encuestas ni presunciones, sino en los resultados del 9 de agosto, más allá de que en caso de ser distinta la competencia, tal vez el resultado hubiera variado.

Si cada candidato hubiera llevado sus propias listas legislativas, es muy probable que cada fuerza hubiera optado por llevar nombres propios para todos los cargos. O bien, tal vez, con que en las provincias donde los radicales fueran más competitivos, compartieran listas, como hicieron donde todos apoyaron al candidato a gobernador. Hablamos del Chaco, Jujuy, La Rioja, Catamarca, Mendoza y Formosa. Pero en ese caso el candidato presidencial de la UCR hubiera llevado las de perder, si hubiera tenido que compartir con sus rivales a sus candidatos más competitivos.

Veamos qué hubiera podido pasar, distrito por distrito, según el resultado de las PASO.

Buenos Aires. En el distrito más grande, Cambiemos hubiera obtenido 11 escaños y UNA 7, obteniendo así dos más que el FpV. En esta provincia, Massa y José Manuel de la Sota presentaron lista legislativa unificada, lo mismo que el Pro y los radicales. Se supone que en caso de una gran alianza opositora, radicales y macristas hubieran ido separados, no así UNA. Por sistema D’Hont, 10 de las 18 bancas hubieran correspondido al Pro y el resto a UNA, con lo que el radicalismo no hubiera quedado sin las dos que hasta ahora estaría obteniendo, y el GEN no conseguiría la de Sergio Buil, que figura en la lista de Cambiemos. El Pro, en lugar de las 8 bancas que estaría logrando, conseguiría 10.

Ciudad de Buenos Aires. En el distrito que gobierna el macrismo, donde se ponen en juego 12 bancas, 7 hubiera conseguido Cambiemos y una sería para UNA. Aquí, cada partido que compone Cambiemos llevó listas por separado, pero se da un dato anexo digno de tener en cuenta. Si la oposición hubiera ido unida, habría conseguido una banca más: 9. Esto es, de acuerdo con lo sucedido en agosto pasado, Cambiemos habría logrado 7 bancas, el FpV 3, UNA un escaño y Progresistas la restante.

Una oposición unificada hubiera conseguido 9 bancas y el kirchnerismo las tres restantes. El Pro conseguiría el mismo número de bancas que habría conseguido en agosto, 7, y UNA duplicaría: dos.

Catamarca. Aquí había dos bancas en juego, que se hubieran repartido el FpV y el Frente Cívico y Social.

Chaco. Con tres bancas en juego, una gran alianza opositora no hubiera modificado las cosas. La de la minoría hubiera correspondido al radicalismo.

Chubut. De haberse repetido la situación planteada en las primarias, el dasnevismo hubiera ido solo a la elección, apostando a Daniel Scioli y Sergio Massa como presidenciables, por lo que se hubiera quedado de todas maneras con una de las 3 bancas y el FpV con dos. Nada para la alianza opositora.

Córdoba. En la provincia que gobierna José Manuel de la Sota, en agosto se hubieran repartido en partes iguales Unión por Córdoba y Cambiemos las 8 bancas en juego. El tema es que dos hubieran sido para la UCR, una para el Pro y la restante para la CC. Si cada uno hubiera ido por las suyas, el delasotismo hubiera conseguido 5 bancas en lugar de 4, pero el Pro se hubiera quedado con las 3 restantes. Nada para la UCR, ni para la CC.

Corrientes. En esta provincia hay cuatro bancas en juego y Encuentro por Corrientes estaría consiguiendo un escaño. Aquí, la UCR puso huevos en las dos canastas, pues si bien oficialmente se apoyó a Mauricio Macri, en la lista del massismo estuvo Eugenio “Nito” Artaza. En caso de que la oposición hubiera ido junta, considerando el resultado de agosto hubiera ganado el FpV, pero por poco, con lo que se hubieran repartido las bancas en partes iguales, y la UCR hubiera ganado una banca por sí misma y otra por la lista massista. Aunque en ese caso tal vez Artaza hubiera tenido que ir directamente en la lista oficial de la UCR… Pero bueno, dejémosle el beneficio de la duda.

Entre Ríos. Una alianza opositora hubiera vencido al Frente para la Victoria aquí, pero el resultado equilibrado hubiera mantenido el reparto que se dio, dos para cada lado. Pero en lugar de ir las dos bancas para el radicalismo, como hubiera resultado según las PASO, se las hubieran repartido el Pro y el massismo.

Formosa. Ninguna alteración. Dos bancas hubieran sido para el Frente para la Victoria y la restante para la oposición. Pero en ese caso, el escaño hubiera sido para el candidato de Massa, en lugar del radical, como sucedió.

Jujuy. En esta provincia el radicalismo venció al Frente para la victoria en el rubro diputados, y según las PASO se hubiera quedado con dos de las tres bancas, cosa que hubiera sucedido también con una gran alianza opositora.

La Pampa. Con dos bancas en juego, la UCR conseguiría un lugar en cualquier caso.

La Rioja. De las tres bancas en juego, una fue para Cambiemos, según las PASO. Esto es, para la UCR, que se supone también impondría allí su nombre.

Mendoza. Con 5 bancas en juego, el reparto según las PASO beneficiaba a Cambiemos por 3 a 2, de los cuales dos son radicales y la restante representante del Pro. Si hubiera habido una alianza opositora, el resultado hubiera sido similar, pese a la mayor cantidad de votos, pero dos bancas hubieran sido para el Pro y la restante para el massismo, lo que lleva a pensar que seguramente hubiera habido listas unificadas, para evitar esa situación en una provincia cuya gobernación acaba de ganar el radicalismo.

Misiones. Las cuatro bancas en juego quedaron para el oficialismo, según las PASO. Con la oposición unificada, el Pro hubiera ganado una.

Neuquén. Aquí el reparto de las dos bancas fue entre el Frente para la Victoria y el MPN. Si la oposición se hubiera unido, hubieran desplazado al MPN y el escaño hubiera sido para el Pro.

Río Negro. En esta provincia se repetiría lo sucedido en agosto pasado, con dos bancas para el Frente para la Victoria y la restante para la oposición, un representante del Pro.

Salta. Aquí una alianza opositora hubiera hecho la diferencia, venciendo al FpV, pero todo hubiera quedado como quedó en agosto, pues ese día el FpV hubiera incorporado dos diputados y la oposición repartió bancas entre UNA y Cambiemos, en ese orden. Aunque en ese caso, en lugar de un radical, hubiera ingresado un macrista.

San Juan. Dos a uno, a favor del FpV, fue el resultado según las PASO. Una oposición unida no hubiera cambiado nada.

San Luis. Como suele suceder, Compromiso Federal se alzaría con las dos bancas en juego y eso no hubiera cambiado con toda la oposición unida.

Santa Fe. Con diez bancas en juego, en las PASO el FpV hubiera conseguido 4 bancas, Cambiemos 3, UNA 2 y Progresistas la restante. Una oposición unificada hubiera ganado 5 bancas, a razón de 3 para el Pro y 2 para el massismo. La UCR hubiera ido dentro del Frente Progresista, sin sumar nada.

Santiago del Estero. Como suele suceder, en esa provincia el Frente Cívico Santiagueño se quedaría con las cuatro bancas en juego, unida o no la oposición.

Tierra del Fuego. De las tres bancas en juego, una conseguiría la oposición, que sería para UNA.

Tucumán. Hay cinco lugares en disputa. Según el resultado de las PASO, solo una sería para la oposición, un hombre del Pro en cualquier caso.

Conclusiones

Así las cosas, el Pro no hubiera tenido nada de qué quejarse con una oposición unificada. Según los cálculos de Parlamentario, el macrismo hubiera cosechado ocho diputados más de los que obtendría según cómo se dio el resultado de las PASO. En el caso de UNA, conseguiría tres diputados más que su cosecha del 9 de agosto. En cambio le hubiera ido muy mal a la Unión Cívica Radical, que perdería siete diputados con relación a cómo le fue en las PASO.

En cuanto al Senado, todo hubiera quedado igual, salvo dos modificaciones, en dos de los principales distritos que renuevan bancas. En Córdoba, al ir unida la oposición, el segundo lugar quedaría para el Frente para la Victoria y con ello la banca para la minoría, cuando según los resultados de agosto el delasotismo se quedaba con dos lugares y Cambiemos el restante. Pero en Santa Fe, la cuestión se invertía, al perder aquí el Frente para la Victoria frente a la oposición, contrariamente a lo que sucedió en agosto.

Nada indica que el resultado de las PASO se replicara con exactitud en las elecciones generales, en caso de que se hubiera conformado la gran interna opositora. De hecho, no es seguro que así como se presentaron las listas, en octubre se repitan los números de agosto. Pero este es un aporte para incorporar al análisis que se haga pasadas las elecciones, cuando llegue el momento de sopesar los aciertos y errores de estas presidenciales, en este caso del lado de la oposición.

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