Con números ajustados, aún hay escenario de balotaje

Por José Angel Di Mauro. Si bien el candidato oficialista se siente ganador en primera vuelta, todavía no cuenta con los votos necesarios, aunque está muy cerca. Volvieron los nubarrones al massismo con el desaire de Mónica López.

El último discurso de Cristina Kirchner en Naciones Unidas estuvo precedido nada menos que por la espectacularidad que acompañó el paso de Francisco por Estados Unidos, visita a la Asamblea de la ONU incluida. ¿Cómo hacer para evitar comparaciones que siempre resultarían adversas? ¿Cómo equilibrar el interés ante la magnitud desproporcionada del paso papal? El ingenio oficial siempre encuentra resquicios, y esta vez logró instalarse una insólita especulación sobre la posibilidad de que el futuro de la Presidenta pudiera estar nada menos que al frente de la ONU. El mandato de su titular, Ban Ki Moon, vence a fines de 2016.

Hace tiempo que se dice que tras abandonar la Casa Rosada, Cristina vería con agrado después de un tiempo de descanso un destino internacional, pero cualquier especulación nunca había llegado tan lejos.

Otra vez surge el espejo chileno, y allí aparece Michelle Bachelet, que tras dejar la presidencia trasandina asumió como secretaria general adjunta de las Naciones Unidas, con el fin de desempeñar la dirección ejecutiva de la entonces flamante agencia ONU Mujeres. Si de trazar parangones se trata, recordemos que Bachelet volvió luego a su país y recuperó la presidencia que había quedado en manos de la centroderecha chilena.

Hasta hace un tiempo no eran pocos los que sostenían que Cristina aspiraba en el fondo a una salida “a la chilena”, con Mauricio Macri sucediéndola y ella volviendo al poder en cuatro años. Hoy queda claro que más allá de esa especulación, ella hace esfuerzos para que el actual oficialismo siga gobernando, le guste más o menos el sucesor elegido.

En ese contexto Daniel Scioli debe lidiar con sugerencias de todo tipo que le aportan desde su entorno. Se le ha pedido dar señales de “deskirchnerización”, que por las circunstancias que se sucedieron tras las PASO, él no ha considerado conveniente mostrar. Se afirma que también le insisten en que trate de “ocultar” a Aníbal Fernández, a lo que él ha respondido negativamente, temeroso de generar rispideces con Cristina. Pero no hay afiches que los muestren juntos.

Con todo, podría concluirse que el gobernador bonaerense vive el momento de más euforia desde que se inició la campaña. Se lo ve entonado, convencido de que será presidente. Semejante entusiasmo solo puede interpretarse en quien está convencido de que habrá resolución en primera vuelta. Es lo que tratan de transmitir desde su entorno, donde afirman que conseguirá “tres puntos” vitales en la provincia de Buenos Aires. Cuando se indaga sobre la procedencia de esos votos, se responde vagamente señalando a “los que por las inclemencias climáticas no fueron a votar en agosto”, y algo del voto de UNA. Se hace hincapié también en una baja del voto de Cambiemos. Esas mismas fuentes consultadas minimizan el “factor Aníbal” como lastre para el gobernador.

Obviamente, no es lo que se dice en tierras macristas, donde de todos modos no destilan optimismo. Con cautela y sin dar cifras, aseguran que los números que manejan marcan hoy un balotaje, con ellos bordeando los 30 puntos, a diez de Sergio Massa. ¿Por arriba o por abajo del 30%? “Ligeramente por arriba del 30”, es la moderada respuesta, que remite entonces al resultado de las PASO, con dígitos congelados que de momento nadie puede superar.

Lejos de los números sesgados que pueden transmitir desde sectores interesados, las encuestas que se manejan en otros ámbitos coinciden en que hasta ahora persiste el escenario de balotaje, si bien el candidato oficialista estaría muy cerca del objetivo de pasar los 40 puntos y tomar diez de ventaja. Pero esos trabajos aclaran que Scioli todavía no ha podido superar el 40%, y Macri, si bien ha encontrado un techo en los 31 puntos que no alcanza a marcar, podría eventualmente acortar distancia con una parte del voto massista, en caso de que el electorado anti K percibe que el primero se distancia.

Ese es el objetivo que dio lugar a las hostilidades desatadas los últimos días entre Cambiemos y el massismo, que encontraron una colaboración invalorable para el macrismo en Mónica López, cuya salida del Frente Renovador impactó de lleno en la campaña ascendente de Sergio Massa. “Fue un golpe de nocaut”, deslizaron en la provincia de Buenos Aires a poco de conocido el portazo de la exprecandidata a gobernadora del massismo.

Podría sonar exagerado el comentario, pero lo cierto es que semejante anuncio llegó en un momento inesperado para el candidato presidencial de UNA, que venía haciendo una campaña audaz y propositiva que le venía dando muy buenos resultados. La decisión de Mónica López se anunció al día siguiente del relanzamiento de la campaña de Massa, que vio así como esta semana el péndulo de las penurias apuntó hacia él.

No es que la diputada provincial tuviera muchos votos, pero flaco favor le hace a las aspiraciones de Massa semejante desplante de una candidata propia. Además, el esposo de López es nada menos que el presidente del bloque de diputados massistas, Alberto Roberti, quien sucedió en el cargo a Darío Giustozzi, otro de los empinados dirigentes massistas que se volvió al kirchnerismo. Si bien Roberti dijo que seguiría presidiendo el bloque “salvo que me rajen”, este fin de semana analizaba irse antes de que el Frente Renovador se le adelante apartándolo, como se descuenta sucederá.

Roberti es titular del gremio petrolero, y como tal un importante sostén financiero de la campaña de Massa, lo cual no es un dato menor ante las estrecheces económicas con las que debe lidiar el tigrense. Pero cuando el viernes dijo que entre Scioli y Macri “el 90% del FR votaría a Scioli”, pareció sumarse a la campaña de Cambiemos contra Massa.

Y entre tantos cruces, chicanas, desaires y polémicas, llegó el esperado debate presidencial, que si bien constituye un hito por su carácter inédito, logró ser desvalorizado por la ausencia del candidato que va ganando la elección, que se descuenta no sufrirá ninguna consecuencia electoral por su actitud. Tras ciertas discusiones en el seno partidario, el candidato que va segundo en las encuestas resolvió concurrir al debate, a pesar de exponerse a la artillería del resto de los candidatos, que en ausencia de Scioli, lo elegirán como blanco.

No prosperó el amparo presentado por la candidata a vicepresidente Liliana Negre, para que la TV Pública televisara el evento, y a último momento los organizadores lograron que un canal de aire lo transmitiera. América aceptó hacerlo, tal vez en aras de la buena relación que mantiene con uno de los principales interesados en la televisación del debate, Sergio Massa. Por el contrario, desde el entorno de Mauricio Macri no se quejaban de que la difusión del evento quedara limitada al streaming.

Con todo, no fue una semana mala para el candidato de Cambiemos, que el viernes hizo un alto a sus intensas recorridas por el interior, para practicar para el debate. Además de celebrar la desdicha de su rival Massa por el affaire Mónica López, el exabrupto del actor Gerardo Romano que lo comparó con Hitler terminó haciéndole un gran favor, al victimizarlo. Por aquello de que lo que no te mata, te fortalece…

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