¿Habrá balotaje?

Por Alberto Asseff. El autor da las razones por las que considera “inexorable” la realización de una segunda vuelta, pues nadie perfora los 40 puntos de intención de voto.

El interrogante del título está instalado en el escenario preelectoral. La mayoría de la gente descuenta que por primera vez desde 1995 –cuando rigió el sistema establecido por la Constitución reformada el año anterior – tendremos segunda vuelta el 22 de noviembre.

¿Qué ha pasado para que ningún candidato descuelle y saque neta diferencia? En primer término, el entusiasmo y la confianza del pueblo se hallan en franco declive y nada parece revertir esa lastimosa caída. En segundo lugar, desde la política baja demasiada confusión y escasa claridad. En este plano los pases y transferencias de dirigentes, que van de acá para allá como si nada, sin rubor y casi sin explicaciones, coadyuvan a oscurecer y a generar descreimiento. La gente intuye que si son flojas las convicciones igual de lábiles son y, lo peor, serán, los compromisos. Emerge con toda crudeza eso de que se habla mucho más y especialmente mejor de lo que se hace. En el pueblo esto de las promesas fáciles y de las realizaciones difíciles ha anclado fuerte y es uno de los factores que nutren a la apatía. Igualmente, en un tercer aspecto, existe un desplegado temor por la herencia que lega estos doce años y medio de gobierno, desde el 25 de mayo de 2003. Así como en apariencia el desendeudamiento externo, medido en relación al PBI, ha descendido, inversamente ha crecido la deuda interna en lo social, en la cultura del trabajo, en materia financiera- hoy las escasas reservas del Banco Central existen a costa de tomar deuda en Lebac al 30% de interés o por los préstamos chinos -, en seguridad, en calidad educativa, en credibilidad, en institucionalidad, en infraestructura, en estrategias de largo plazo, en sistema político – incluido el electoral -, en ética, en valores. Se podrían seguir enunciando – sin ánimo de ser taxativos – un sinfín de insuficiencias y de deformaciones. Este es el contexto de la indolencia cívica de los argentinos. Es la explicación.

No se habla de grandes objetivos. Ni siquiera se convoca a la cruzada para sanear al Estado, hoy gordinflón fofo, cada vez más grande e inútil. Los fines de semana cuando hay más violencia de género y los muchachos se muelen a palos a la salida de los boliches no hay un teléfono que atienda en los burocráticos organismo de la Mujer y la Minoridad.

Tenemos 6.850.000 km2 de espacios marítimos, nuestra enorme y desafiante nueva frontera y, no obstante su riqueza inmensurable, no le dedicamos ni un renglón en las propuestas. “No está en la agenda” ¿En qué agenda no está? Presuntamente, se halla ausente de las preocupaciones inmediatas de la gente, acuciada por otras urgencias. Pero, ¿acaso ser dirigente no implica orientar al pueblo y no ser meramente un recogedor de la ‘agenda’ cotidiana? Un dirigente tiene que disponer de una antena o sensor bidireccionado: por un lado capta las preocupaciones y angustias del pueblo y por el otro entrevé – con perspectiva larga – sus necesidades futuras y les va dando respuestas. El rumbo del dirigente nace del reclamo aquí y ahora del llano, pero también de su visión de estadista.

Ese gran argentino que fue Alfredo L. Palacios dijo en su largo discurso – más de cuatro horas – en la Convención Constituyente de 1957, en Santa Fe, que “la política es decente y docente”. Es notorio, salta a la vista irrefutablemente, que hoy adolece de esos dos decisivos y cruciales caracteres. Restaurar esas virtudes cardinales es tarea prioritaria e ineludible.

En este panorama, la segunda vuelta será inexorable. Nadie perfora los 40 puntos porque nadie ha suscitado la caudalosa confianza que se requiere para ello. Esto dicho sin alambiques o circunloquios y más allá de que uno tenga su alineamiento. Cuando se reflexiona se inducen caminos, pero no se manipula al lector acondicionándolo a nuestra conveniencia partidaria.

Votaremos por lo que nos parece mejor el 25 de octubre sin que nos desvíen falaces polarizaciones que no existen. Y pondremos nuestro sufragio en la segunda vuelta, ahí sí, en una opción, con dos polos, tal como es la naturaleza del ballotage. O, en castellano, balotaje.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password