El debate presidencial y la erística

Por Juan Carlos Díaz Roig. El oficialista cuestiona lo que considera una pretensión de “trasladar la política a los sets televisivos”, presentando los debates como “requisito ineludible”.

Los griegos, cultivaban el arte de la erística, aquella disciplina que consistía en ganar las discusiones o los debates, formalmente. Es decir, con o sin razón, pero ganarlos.

En la polis griega, acudían los vecinos a la plaza, el areópago, donde dos contendientes desarrollaban sus argumentos. El aplausómetro era la medida del triunfo o la derrota de los contendores.

Cuentan los escribas griegos que muchas veces, al volver a sus casas, los derrotados, recién recordaban algún argumento que hubiera podido darles el triunfo. Ya era tarde.

La erística era el arte por el cual se enseñaba la forma de argumentar, de unir los razonamientos para convencer o volcar la opinión del público en favor de las posturas del que los defendía, poco o nada interesaba la verdad o la razón, sólo el poder de convencer y atraer los aplausos.

Idéntica es la pretensión actual de trasladar la política a los sets televisivos o a las redacciones de los diarios. Y particularmente la de presentar a un debate de los candidatos presidenciales, como un requisito ineludible de una democracia moderna.

De tal suerte que pareciera que ganar o perder un debate televisivo, en un corto lapso de minutos, más o menos reglamentados, ante moderadores generalmente opositores, como en la Argentina, resulta más importante que estudiar, por parte de cada ciudadano, serenamente, las propuestas, y sobre todo las conductas y los hechos de cada candidato y de sus respectivos partidos.

Cuando renunció Cámpora en 1973, se presentaron a elecciones Perón, Balbín y Manrique. El periodista Maidana, le traslada a Perón el desafío de Manrique a debatir públicamente en un canal de televisión. El viejo, socarronamente, al declinar la oferta, le contesta que le hace recordar a un gallego, que cuando él llegó exiliado a España, le ofreció poner un negocio para vender empanadas de pollo y empanadas de carne. Perón tenía que poner las vacas, y el gallego iba a aportar las gallinas.

La verdad es que todo debate solo puede favorecer al que va atrás en las encuestas.

Cuando debatieron Caputo y Saadi, sobre el tema del Beagle, don Vicente acudió al debate con historiadores, científicos, geógrafos y diplomáticos. Desarrolló sus argumentos con un lenguaje castizo de extraordinaria pertinencia, allí nos enteramos la gran mayoría de los argentinos el significado de “las nubes de Úbeda”, o “cháchara, pura cháchara”, pero Caputo solo fue asistido por un asesor en imagen, Rato, que se preocupó mas en instruirle cómo usar su tono grave de voz, la combinación de los tonos de su camisa y su corbata, y finalmente, la parquedad de sus argumentos, que el desarrollo de las razones de la conveniencia del acuerdo que se debatía.

El resultado electoral por el acuerdo con Chile, a ojos de toda la crítica política, tuvo mucho que ver con el aparente “triunfo” de Caputo ante Saadi, en aquel memorable debate.

A mayor abundamiento, se ha impuesto últimamente la técnica electoral de hacer que los candidatos propongan a la ciudadanía, lo que encuestas y sondeos previos de sus asesores de imagen, indican que los electores quieren escuchar.

El concepto de “dirigente” es abandonado. Ya no es necesario quien dirija a la gente, no hace falta a nadie que lleve a la gente propuestas propias y procure convencerlas de su conveniencia para el pueblo, para la patria, para sus familias.

Ahora van a triunfar los que son dirigidos por “la gente”, es decir, aquellos que prometen hacer lo que sus asesores les dicen que quiere escuchar “la gente.” Y de ser posible, como aconseja Durán Barba, no realicen ningunas propuesta concreta.

Es por eso que Macri, que votó contra la Asignación Universal por Hijo y contra la inclusión de los adultos mayores, las dos leyes, de amas de casa y de moratoria, ¿ahora promete un ingreso universal? Que además ya está.

En definitiva, el cacareado debate entre los candidatos presidenciales, que es una costumbre en otros países como Norteamérica, y que nunca se ha dado en nuestro país, no es sino otra maniobra más para pretender el traslado de la política de los barrios, de las ciudades y del territorio, hacia los sets televisivos.

Es creer que el futuro del país debe ponerse en manos del que mejor habla y contesta un “múltiple choice”, y no de quien con su vida, su testimonio y sus hechos, ofrece directamente a los habitantes de un país un proyecto y un modelo basado en el conocimiento directo de todos y cada uno de los argentinos.

Bastaría que cada argentino recordara cómo vivíamos en el 2003 y cómo vivimos ahora, qué tenemos en nuestras propias casas, y qué teníamos en el 2003, y si queremos seguir profundizando este modelo, o volver al 2001.

Y el debate de los candidatos presidenciales, pretende llevar la política a los sets televisivos y a juzgarla a través de periodistas “del corazón” y el “cholulismo”, que devenidos en comentaristas políticos, pretenden disimular su supina ignorancia en las cuestiones de Estado, con un lenguaje chabacano y efectista.

Por ello, como dice Francisco, evitemos la farandulización de la política.

Juan Carlos Díaz Roig

Diputado Nacional FpV – Formosa

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