Silencio de radio: ¿Fallo de logística, cautela o artimaña?

Por Mariela Blanco. Un análisis de la cobertura mediática de las elecciones del domingo, con mucho cotillón para tan pocos atractivos.

La cobertura de las elecciones nacionales tuvo mucho cotillón mediático y pocas certezas. La falta de datos oficiales hasta la medianoche provocó un desfile de ausencias en los búnkers y un continuado de programas especiales en Radio y TV que despertaban menos interés que una reunión de consorcio. Seis horas después de cerrado el comicio, se conoció que el verdadero ganador fue el pueblo soberano que se burló de aparatos y tendencias.

La elección presidencial arrojó inequívocos resultados, mensajes claros y acontecimientos inéditos: el 22 de noviembre habrá balotaje por primera vez. También por primera vez una mujer gobernará la Provincia de Buenos Aires gracias a un corte de boleta histórico en ese distrito. Y algunos feudos perdieron el pelo y las mañas.

Pero lo que realmente llamó la atención fue la cobertura mediática de una “fiesta de la democracia” que tuvo demasiado cotillón para tan pocos atractivos.

Desde las 18 horas, el periodismo especializado comenzó a estirar el aire con coberturas especiales en radio y televisión. El ida y vuelta con los cronistas apostados en los búnkers de los candidatos empezaba a tener sabor a poco debido a la ausencia de dirigentes, funcionarios y figuras representativas de los partidos políticos.

Las militancias estaban deslucidas y hasta el sitio web oficial de la Dirección Nacional Electoral estaba en blanco.

Mientras tanto, los cronistas repetían una y otra vez que todo era “inminente”, mientras relataban el desfile de ausencias. La noche fue tan larga para la prensa como las caras que empezaban a tomar las cámaras.

Asimismo, la innovación tecnológica y el prestigio periodístico desplegado por las señales de TV no alcanzaban para retener a las audiencias que zapeaban minuto a minuto en busca de la información oficial que hacía mutis.

Parecía que la veda continuaba después de la veda. Y pasadas las 21.00 horas, la cobertura mediática de todos los canales despertaban menos interés que una reunión de consorcio.

Finalmente, después de las 22.00 llegó la hora de escuchar a los candidatos que empezaron a dar indicios sobre números certeros que la ciudadanía no tenía, lo que acentuó la sospecha de una posible manipulación de datos.

A la medianoche, la sorpresa fue contundente y el escrutinio provisorio sorprendía a todos; incluso a los propios candidatos. El bunker de Cambiemos se colmó de euforia mientras en el Luna Park comenzó una retirada masiva. Los medios no alineados al gobierno ya no hablaban tanto de “cautela” y “prudencia” sino de un verdadero ardid para esconder un resultado inconveniente.

Finalmente, entre tanta inconsistencia, un dato aparece como irrefutable y es que la opinión pública ganó esta primera vuelta. La gente le sacó la lengua a las encuestadoras y no dejó que los operadores le tuerzan el brazo. Una verdadera lección cívica que seguirá dando que hablar. Definitivamente, ayer, ganó la democracia.

*Periodista y analista de medios

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