Escenario electoral: La fisura, la grieta y el mariscal

Por Mariela Blanco. Un análisis de los efectos del resultado del 25 de octubre sobre la solidez del entramado político kirchnerista.

Hasta ahora, el polémico concepto de “grieta” ha definido en el imaginario una especie de rendija virtual que dividía a la masa social en dos grandes porciones semejantes. Sin embargo, de un lado todo era homogéneo y compacto mientras la otra mitad hacía agua por todos lados.

A uno de los “bandos”, se le ha cuestionado falta de liderazgo, matrimonios por conveniencia, uniones forzadas insostenibles y estrepitosos portazos. Al otro, en cambio, se le reconoce su capacidad para saber construir un sueño colectivo y sostenerlo en el tiempo.

Ciertamente, no se puede dejar de admirar esa condición del oficialismo de cautivar y cultivar doctrina y pasión. Desde el atril, su principal referente expone atributos supremos en un cóctel de sapiencia, fortaleza y emoción que no pueden despertar otra cosa que devoción.

Desde ese atril para abajo, no hay lugar para voces discordantes. Cristina Kirchner es convincente, categórica. Hacia adentro reúne, unifica y protege a las ovejas negras que pudieran haber incurrido en conductas non sanctas. Funcionarios, legisladores y candidatos se alistan, se comprometen con el proyecto y se dan baños de humildad. Parece todo bajo control. Por la trinchera kirchnerista no pasan las balas.

Pero algo pasó el 25 de octubre. Un resultado no esperado despertó el titular que nunca se pensó que se iba a leer: “La interna K”. Y como en un efecto dominó, una voz empujó a otra y por primera vez parece que se formaron dos filas dentro del partido.

Hebe y Samid tuvieron un ataque de sincericidio, a Randazzo le cayeron mal los ñoquis del 29, el de Quilmes toma distancia y la campaña electoral parece haber perdido el rumbo; vira de la conciliación al ataque sin escalas.

Falta poco para la segunda vuelta y quedan muchas más maniobras de campaña. Pero más allá de quien gane el balotaje, al kirchnerismo le quedó una herida profunda en el cuero que será difícil cerrar post Cristina. Definitivamente, el mariscal de la derrota no es otra cosa que una fisura inédita del lado más resistente de la grieta.

Periodista y Analista de Medios

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