Carta abierta a los argentinos

Por Fernando “Pino” Solanas. El senador nacional de Proyecto Sur expresa su postura frente a la segunda vuelta presidencial que se realizará el 22 de noviembre, cuestionando a ambos candidatos.

El balotaje del 22 de noviembre enfrenta al pueblo argentino a una falsa opción entre dos versiones de un mismo proyecto que, en sus rasgos esenciales y al margen de los matices que puedan diferenciarlos, son una continuidad del modelo neoliberal implementado en los años noventa. No es un dato menor que Mauricio Macri y Daniel Scioli -así como una parte importante de sus respectivos equipos- hayan sido protagonistas principales y beneficiarios del gobierno de Carlos Menem. No representan a las auténticas corrientes populares -peronismo, radicalismo, socialismo- y son candidatos construidos por las élites mediáticas, empresariales y partidarias. Los dos proponen un programa que no modifica la dependencia estructural de la Argentina. A ellos nos hemos opuesto siempre y no hay razón para que encarnen la esperanza o votar por ellos.

Tanto Scioli como Macri coinciden en continuar con un diseño productivo basado en la exportación de productos primarios, que consolida relaciones neocoloniales con los dos polos principales del poder mundial -Estados Unidos y China-Rusia- similares a las de fines del siglo XIX y principios del XX. Los dos mantendrán la farsa de una industrialización basada en el armado de piezas importadas -automotrices, electrónicos y similares- y en la importación de bienes industriales, sin siquiera concebir la posibilidad de promover un desarrollo industrial impulsando sectores básicos a través de empresas públicas -industria ferroviaria, naval y aeronáutica- capaces de crear miles de puestos de trabajo legítimos y fortalecer un desarrollo científico-técnico autónomo.

Los dos candidatos proponen continuar con la entrega de nuestros recursos estratégicos a corporaciones extranjeras o locales y en continuar con el inadmisible sistema de subsidios a las petroleras; la creciente extranjerización de la economía; las concesiones pesqueras en el mar; la privatización de las exportaciones y los puertos y en aceptar las condiciones de pago de una deuda externa fraudulenta que jamas fue auditada. En suma, ambos coinciden en negar el fracaso de la República Neoliberal implementada desde 1990: ningún otro proyecto destruyó tanto el sistema productivo nacional; ninguno endeudó tanto; empobreció tanto; enajenó tanto nuestros recursos estratégicos y públicos; alimentó tanto la macro-corrupción y el crecimiento del crimen organizado; ni degradó tanto las instituciones de la República.

Un país desangrado, cuyos costos lo pagan con sufrimiento y desesperanza las mayorías sociales y sectores cada vez más amplios de hombres, mujeres, jóvenes, jubilados y niños, considerados descartables por la lógica económica imperante: más de medio millón de chicos desnutridos y el 50% de la población activa está en negro, precarizada o desocupada. ¿Cuántos más accidentes destructivos -Jáchal en San Juan, Minas Gerais en Brasil- serán necesarios para prohibir la megaminería?¿Cuántos más enfermos de cáncer para terminar con el glifosato o erradicar la locura del fracking?¿Cuánta más pobreza y dolor se necesita para distribuir con justicia el ingreso nacional?

Lamentablemente, el 22 de noviembre será el comienzo de una nueva frustración para las aspiraciones de cambio de una ciudadanía harta de maltratos, promesas incumplidas e imposiciones autoritarias. Ni la impostura pejotista del Frente para la Victoria, ni la demagogia y antiperonismo de Cambiemos, son opciones para quienes impulsamos un auténtico proyecto nacional para los argentinos. La construcción de una verdadera alternativa popular seguirá siendo el desafío a partir del 10 de diciembre.

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