Un Estado mastodóntico, pero ausente

Por Alberto Asseff. El diputado advierte sobre organismos estatales que crecen solo para su autosatisfacción, no para servir a la ciudadanía.

Tenemos -¿sufrimos?- un gigantesco Estado, no sólo nacional, sino provinciales y municipales. En una década el nacional incrementó sus agentes 695%. Si uno se toma el trabajo de mirar, caminando por el macrocentro porteño, no hay cuadra en la que falte un edificio público, con placa y bandera – algunas veces bochornosamente raída – incluidas. Esto se replica en las capitales provinciales y en las ciudades en general. Ni hablar de los entes y organismos autónomos y descentralizados. La ANSES falta poco para que abra filiales rurales…

En este contexto por supuesto que pululan oficinas estatales dedicadas a la Familia, la Mujer y la Minoridad, incluyendo las comisarías de la Mujer y el área creada por la Corte que se ocupa de esta problemática, sin omitir a las dependencias de los Juzgados de Familia. Lastimosamente se ha instalado una ominosa regla: la relación entre cantidad de órganos estatales es inversamente proporcional al crecimiento de los problemas que proclaman atender y solucionar. Nunca padecimos, por caso, más violencia de género con desenlaces fatales que en la actualidad.

Hay centenas de ejemplos, algunos no sólo insólitos, sino hirientes para quienes aspiramos a una gestión razonable de la cosa pública. La reparación del rompehielos Almirante Irízar – indispensable para un país que hace 111 años ocupa la Antártida – viene demorándose desde 2007 porque el 70% de los fondos asignados se aplican a… ¡sueldos! Existe más personal que reparaciones ¡Inaudito! En la era de internet el Correo estatal incorporó 5 mil nuevos empleados ¡Inexplicable! En la ciudad tucumana de Concepción, de pronto antes de irse, el intendente agregó a la plantilla a 470 agentes.

Recursos dinerarios no faltan. Si no que lo diga el intendente electo del distrito bonaerense Alte. Brown quien gastó 30 mil dólares – algunos adunan un cero – para visitar al Papa. El viaje lo solventó el Instituto de Previsión Social que actualmente dirige. Esta erogación acaece mientras los pobres subieron de 8 a 12 millones desde 2003, con haberes mínimos para el 75% de los jubilados que apenas alcanzan para pan, leche, fideos, arroz y medicinas, incluyendo el costo de la inyección que se coloca en la farmacia y que el PAMI no cubre. Quizás quede un resto para algún bife por mes.

El circulante aumentó exponencialmente y, con él, el déficit fiscal superó los 7 puntos del PBI. Sin embargo, las autovías 3, 5, 7, 8, 33 y varias más siguen como estaban, sin hacerse. El tren circular paralelo a la Gral.Paz permanece siendo un sueño, al igual que la extensión y ampliación de los subtes, único transporte público capaz de hacer vivible la existencia en la megalópolis. En Quito, casi 7 veces más pequeña que Buenos Aires, con financiamiento del Banco Europeo de Inversiones, del BID, el BM y de la Corporación Andina de Fomento se construyen 23 km de subte, obra que en vez de eternizarse como acá, se hará en tres años ¿Cuándo llegará el turno para el subte de Córdoba?

Se ha arquitecturado un nuevo falso dilema: políticas públicas vs mercado. Acá estamos plagados de ‘políticas públicas’ y simultáneamente de un mercado que se estrecha. No obstante, cada vez sobrevivimos más penosa y dificultosamente. A más policías, menos seguridad; a más Juzgados, menos justicia; a más oficinas estatales, menos prevención (¿cuántos asistentes sociales diplomados cuentan las municipalidades?¿cuántas horas-calle acreditan los agentes comunales? ¿acaso no saben que prevenir es mejor que curar, que no hay que aguardar que el problema llegue al escritorio, sino salir a evitarlo?). Ahora han creado monumentales Entes para el Deporte y para la Juventud ¿Cuántos ‘ni-ni’ (el millón que ni trabaja ni estudia) recuperarán?

El Estado crece autosatisfactivamente. Engrosa para su satisfacción porque no está pensado para servir. Hay otra ecuación: en el escenario actual las proclamaciones teóricas son inversamente proporcionales a las realizaciones prácticas.

El Estado como primer empleador nos hace grises y mediocres como sociedad. Salvo ínsulas como cierta parte del CONICET o empresas modélicas como INVAP, la mentalidad de burócrata constriñe la innovación, la creatividad, la mirada de largo plazo. A más conformismo con el conchabo menos pujanza y dinamismo para el país y para sí mismo. El Estado fofo nos achancha a todos. Dice que nos auxilia, pero en rigor es abandónico de las ilusiones de ser un gran pueblo y por ende una poderosa nación. Así como acrecen las ‘políticas públicas’ disminuye la cultura del trabajo que conlleva al esfuerzo y al mérito. En verdad, las ‘políticas públicas’ mal concebidas conducen a desvalorizarnos como personas y como pueblo.

Paradójicamente padecemos de dos males – calamidades – a la vez: mucho y asfixiante Estado y escasa presencia pública en la solución concreta de nuestros problemas. Es decir una negativa redondez.

*Diputado nacional y del Parlasur

www.unirargentina.com.ar

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password