Debates presidenciales: punto de inflexión

La realización de un debate presidencial parecía imposible en nuestro país, pero este año pudo concretarse. Con aspectos para mantener y otros para mejorar, la Argentina rompió con la vieja resistencia de los candidatos que especulaban con una ventaja electoral. ¿Es necesaria una ley? El camino recorrido y el balance de los dos encuentros, en distintas visiones.

Por Carolina Ramos

Los debates presidenciales ya no tienen vuelta atrás. Nuestro país sentó un antecedente que rompió con la vieja idea de que “el que gana, no debate”. La silla vacía de Daniel Scioli en la primera contienda discursiva de la historia quedará como algo que ningún candidato podrá volver a permitirse. Cuando parecía que la Argentina nunca podría imitar el ejemplo de tantos países, este año se dio el primer gran paso para comenzar a instalar los debates presidenciales en la cultura democrática. A partir de ahora y en los próximos cuatro años, sólo quedará perfeccionarlos.

Todavía resuenan los ecos del enfrentamiento protagonizado por el candidato del Frente para la Victoria y el de Cambiemos, Mauricio Macri, que tuvo en vilo al país. Picos de 53 puntos de rating y casi dos millones de menciones en Twitter le dieron al encuentro un impacto inesperado. Ahora, ambos postulantes esperan que ese impacto se traduzca en votos. Sobre todo Scioli, quien apostó fuerte a esta instancia para salir a la caza del voto de los indecisos, aquellos que no habían elegido a ninguno de los dos candidatos en primera vuelta.

¿Influirá el debate presidencial en el resultado del domingo? La pregunta difícilmente encuentre respuesta. Hay un consenso generalizado en sostener que quien ya tiene su elección definida no la cambiará por nada que suceda en el camino. Pero la heterogeneidad en la percepción pública torna prácticamente imposible cualquier intento de medir el impacto del fenómeno. Sobre todo, con encuestadoras que este año erraron sus proyecciones como nunca antes.

Fue un conjunto de organizaciones el que se puso al hombro la organización del evento. Tras sucesivas y arduas negociaciones, Argentina Debate logró concretar, con aciertos y errores, el primer debate presidencial. La iniciativa comenzó a gestarse temprano, allá por octubre del año pasado. En ese entonces, no había un favorito demasiado claro y la intención de voto se repartía entre Scioli, Macri y Sergio Massa. Esa paridad virtual entusiasmaba a los organizadores del debate, que con el correr de 2015 fue tomando color.

El modelo de otros países del continente sirvió como ejemplo de la enorme deuda en la que incurría nuestro país. En Estados Unidos, desde aquel legendario debate entre John F. Kennedy y Richard Nixon en 1960, los debates presidenciales se desarrollan con absoluta normalidad. Pero no es necesario mirar muy lejos en tiempo y espacio para notar esa diferencia abismal con la Argentina. En Brasil, la actual presidenta, Dilma Rousseff, se sometió el año pasado a nueve debates, incluso hasta dos días antes de la primera vuelta electoral, al mismo nivel que el resto de los candidatos. Y, tras esa sucesión de discusiones, la ecologista evangélica Marina Silva pasó de ser favorita para el balotaje a quedar afuera de la segunda vuelta. En esa instancia, Rousseff realizó cuatro debates con el opositor Aécio Neves.

Los ejemplos de discusiones previas al balotaje se replican en la región. En Chile, en 2013, la mandataria electa Michelle Bachelet tuvo dos duelos con su oponente Evelyn Matthei, la misma cantidad que Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga en Colombia, en 2014. Desde este año, donde Argentina logró terminar con un estigma, República Dominicana se convirtió en el único país de América en no haber realizado nunca un debate entre candidatos a presidente.

El voto ciudadano quiso que seis candidatos pudieran competir en octubre en nuestro país. A Scioli, Macri y Massa se sumaron Margarita Stolbizer, Nicolás Del Caño y Adolfo Rodríguez Saá. Todos ellos protagonizaron la “experiencia piloto”, el 4 de octubre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, bajo un formato acartonado que priorizó la exposición de propuestas y no dio lugar a fuertes cruces ni chicanas. “Civilizado” y “moderado” son los calificativos que mejor describen aquel encuentro. La sensación final fue que no hubo ganadores ni perdedores. “Ganó la democracia”, fue el latiguillo más escuchado.

El argumento de Scioli para ausentarse en el encuentro fue la falta de una ley que regule las reglas del juego. Una excusa difícil de justificar, cuando por primera vez la iniciativa estaba tan madura. Por eso, el atril vacío del oficialista terminó dominando los titulares de todos los diarios del lunes posterior, y el golpe de efecto de Massa pidiendo un minuto de silencio quedó grabado en el imaginario colectivo. Como en un partido de fútbol donde una jugada es más recordada que el resultado final.

Con los resultados electorales sobre la mesa, Scioli dio un ¿previsible? giro de 180 grados y aceptó el desafío de debatir. Fue casi lo primero que se le preguntó el lunes posterior a la elección, cuando el kirchnerismo lucía vapuleado por los flojos resultados a nivel nacional y la pérdida de la provincia de Buenos Aires en manos de Cambiemos. “Antes ya le había hecho llegar a Macri que en caso de tener que ir a una segunda vuelta, vamos a debatir”, anunció el postulante oficialista. El jefe de Gobierno porteño ya no tenía vuelta atrás, pero se permitió rechazar la invitación del canal Todo Noticias para realizar un segundo debate. Scioli, ávido de votos, estaba dispuesto a asistir a ambos.

Todavía perduraba el entusiasmo generalizado por el primer debate y así se hizo notar en la previa. En aquella primera experiencia, el encuentro se había visto opacado dado que los canales de aire se bajaron de la transmisión. Las señales se habían comprometido a ello, pero la ausencia anunciada de Scioli las hizo desistir y sólo América TV mantuvo su palabra. Un gran contraste con respecto al último debate, televisado por todos los canales de aire, de cable de noticias y a través de Internet. Una verdadera cadena nacional.

Macri llegó con seis debates sobre sus espaldas –tres para la elección de jefe de Gobierno, dos como candidato a diputado nacional y uno como aspirante a presidente-. Scioli apenas había participado en uno, hace 18 años, cuando compitió para diputado nacional por la Ciudad, con Carlos “Chacho” Álvarez, Domingo Cavallo, Rodolfo Terragno y Gustavo Beliz.

Al haber sólo dos candidatos, la discusión del último domingo permitió mayor ida y vuelta entre ambos, a través de preguntas y repreguntas, donde Scioli y Macri se cruzaron duro. Hubo quienes opinaron que el debate pasó al otro extremo. “Cuánta chicana. Cuánta agresión. Qué poca propuesta”, lamentó Massa apenas finalizado el evento. Con estrategias preparadas y curiosos ensayos previos, Scioli emprendió una ofensiva contra su rival desde el primer minuto, mientras que Macri exhibió un perfil más componedor, pero soberbio. En Cambiemos sostienen que la agresividad del gobernador bonaerense le jugó en contra. En la otra vereda, aseguran que el jefe de Gobierno porteño quedó mal parado por no responder sobre la devaluación. Ambos se dieron por ganadores, pero tanto uno como otro evadieron preguntas.

Una hora y media de debate dejaron mucha tela para cortar, pero la contienda quedó marcada por frases y momentos salientes, los que quedarán en el registro de la memoria ciudadana. Quizá para algunos el pasaje más destacado fue la embestida inicial del exponente del kirchnerismo contra el líder de Cambiemos. “¿Quién va a pagar los costos del ajuste que va a llevar adelante?”, fue la muletilla que Scioli eligió para el debate. De Macri tal vez quede una chicana: “¿En qué te han transformado? Parecés un panelista de 678”.

El balance de los organizadores

Hernán Charosky, coordinador de Argentina Debate, hizo un balance positivo de los dos duelos, aunque reconoció que “nos falta muchísimo aprendizaje y fortalecimiento institucional”. “Lo más importante es que se mostró que hay una expectativa social en torno al debate. Cuatro millones de personas lo vieron. La demanda social existe y esa es la gran noticia”, celebró ante la consulta de Parlamentario.

Charosky consideró que a la ciudadanía “no le da lo mismo informarse que no informarse” y que a partir de ahora “va a ser muy difícil que los candidatos no vayan” a debatir. De todos modos, admitió que “hay muchas cosas por mejorar”, por ejemplo, “trabajar con más tiempo los temas” y que haya “más de un debate” tanto para la primera como para la segunda vuelta.

Además, apuntó el desafío de “hacer un sistema de selección más efectivo” de los temas para generar mecanismos de participación ciudadana más allá de lo que se vio el último domingo en las redes sociales. “Está buena la idea de una sociedad civil activa, pero hay que pensarla bien”, comentó. Y añadió que “es un buen desafío mejorar la calidad de las respuestas” de cada candidato, que en el segundo debate brillaron por su ausencia.

Argentina Debate seguirá trabajando en los próximos cuatro años, más allá del avance de una ley. Charosky destacó que “hay aspectos que pueden ser muy positivos” en una norma, como por ejemplo “que la Televisión Pública le asegure un tiempo de aire al debate” y que se generen “condiciones de equidad”. Sin embargo, admitió “no estar seguro” de “hacerlo obligatorio por ley”. “A partir de ahora Argentina Debate va a poder tomar decisiones con mayor autoridad y con mayor independencia”, aseguró.

Por su parte, Fernando Straface, director ejecutivo del CIPPEC e integrante del comité de Argentina Debate, consideró que “lo principal es que además de que los debates ocurrieron, ocurrieron de forma tal que quedó instaurado como un bien público y como una expectativa de la sociedad que va a perdurar más allá de lo que logramos”.

“Un objetivo era que el debate permanezca como una institución en el tiempo, y lo logramos”, resaltó Straface a Parlamentario, y celebró que la audiencia del debate previo al balotaje fue “más alta” que la final del Mundial 2014 entre Argentina y Alemania, “un interés que nadie esperaba en esa dimensión”.

Para el especialista, “ayudó muchísimo que todos los canales se pusieran de acuerdo en transmitirlo”, en una especie de “cadena nacional voluntaria”, y asimismo “es un punto a destacar que este último debate tuvo una altísima participación del público a partir de las redes sociales”.

“Tanto el (debate) del 4 de octubre como éste le agregaron a la campaña uno de los momentos de mayor claridad en términos de diferencias y coincidencias entre candidatos. Fue un momento donde se discutieron ideas y la gente pudo comparar”, analizó Straface.

De cara al futuro, pronosticó que “en cada temporada de debates va a haber que refinar o volver a discutir las temáticas”, por ejemplo, “habrá que darle algún espacio adicional a la inserción de Argentina en el mundo”, un tema que no figuró entre los que se discutieron. Dijo también que “se podrá innovar en materia del formato”, con “espacios libres para interactuar” que no estén “tan pautados”.

Otro desafío que marcó Straface fue que haya un “mayor grado de involucramiento de los moderadores”, cuyo rol fue acotado, para obligar a los candidatos a responder todas las respuestas. La cuestión de género será otro aspecto a repensar, pues los tres periodistas fueron hombres (Marcelo Bonelli por Canal 13, Luis Novaresio por América TV y Rodolfo Barili por Telefé).

“Quedó demostrado que cuando hay una demanda de la sociedad y una vocación a priori de los candidatos de debatir, es muy virtuosa la coordinación para que el debate exista. El Congreso va a tener que debatir en el futuro si es necesaria una ley que regule aún más el proceso o alcanza con este antecedente, pero el debate ya es una demanda de la ciudadanía”, detalló.

¿Habrá debates siempre a partir de ahora? “Cuatro años es mucho tiempo, no porque hayamos tenido 58 puntos de rating significa que se vayan a hacer siempre, pero seguro va a establecerse como un antecedente muy importante. Ya no da lo mismo para un candidato participar o no”, respondió Straface.

“Sobró espectáculo y faltó información”

La diputada nacional Carla Carrizo, del bloque Suma+ECO, fue una de las principales impulsoras del proyecto de ley que está paralizado en el Congreso (Ver La ley, en stand by). Como tal, planteó una visión muy crítica de la forma en que se dieron ambos debates.

En diálogo con Parlamentario, la legisladora del espacio liderado por Martín Lousteau reconoció que “como primera experiencia no estuvo mal” y que “fue un buen intento”, pero insistió en que “es necesaria una ley” y calificó de “elitista” la propuesta de Argentina Debate.

“La pregunta que nos hacemos es si esto le sirve la ciudadanía o la dirigencia política, y en realidad le sirvió a los candidatos más que a los ciudadanos”, lamentó Carrizo, al evaluar que los debates fueron “una especie de cierre de campaña, un espectáculo, más que un evento de información ciudadana”.

La diputada sostuvo que “no se trataron los grandes temas” cuando “el punto era recoger las demandas que le preocupan a la ciudadanía indecisa”. En el caso de Brasil, según precisó, “había 70 preguntas que habían planteado los indecisos”, pero aquí “hubo un exceso de cuidado y poca información”.

Los temas de ambos debates (“desarrollo económico y humano”, “educación e infancia”, “seguridad y derechos humanos” y “fortalecimiento democrático”) fueron consensuados entre representantes de Argentina Debate y los equipos de todos los candidatos, pero para Carrizo “no hubo un debate sobre políticas públicas” y faltaron tópicos como “corrupción, medioambiente, e Impuesto a las Ganancias”.

“Si creemos que lo del domingo probó que no era necesaria una ley, la respuesta es no”, sentenció la diputada de Suma+ECO, y señaló en cambio que “lo que queda en evidencia es que si bien marca un mínimo de reglas, los debates se transforman en un evento público que no garantiza el derecho de información a la ciudadanía”.

En este sentido, advirtió cómo tanto Scioli como Macri evadieron preguntas, y precisó que “en ningún otro país los candidatos pueden decir lo que ellos quieran”. “El debate no garantizó el objetivo que tiene en una democracia, que es que la información electoral esté al servicio del ciudadano”, repitió, y agregó que tampoco se logró que “el debate se instale como una cultura de exigencia ciudadana”. Por último, remató: “Sobró espectáculo y faltó información pública”.

La ley, en stand by

Mientras tanto, el proyecto de ley sigue estancado en el Congreso, sin órdenes expresas hacia el Frente para la Victoria de destrabarlo. La iniciativa, a la que aún le quedan algunos puntos por pulir, fue acordada entre todos los bloques políticos y obtuvo dictamen en las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Comunicaciones e Informática. No obstante, el trámite formal del proyecto debe continuar en las comisiones de Justicia y de Presupuesto y Hacienda, y se descuenta que, dada la prioridad del FpV y Cambiemos de ganar la elección, la propuesta no avanzará este año.

“Ley a futuro habrá seguro”, garantizó la diputada oficialista Diana Conti. El proyecto apunta a dos objetivos claros: obligar a los candidatos a debatir e institucionalizar las reglas del juego, con el fin de que los debates no recaigan en manos privadas.

La propuesta de ley fue elaborada junto a las organizaciones que forman parte de Argentina Debate y la propia Cámara Nacional Electoral, que según recordó Conti, “pidió que no sea una ley muy reglamentarista” porque “prefieren tener un margen para los temas y el formato” del debate. De acuerdo con ese texto, la Cámara Electoral sería la autoridad de aplicación y la transmisión del encuentro se realizaría por la Televisión Pública en simultáneo con todos medios audiovisuales que pretendan transmitirlo.

Durante la discusión parlamentaria, los bloques estudiaban modificar el texto para sumar un segundo debate obligatorio en otro lugar del país; y analizaban la posibilidad de cambiar qué candidatos podrán participar de esta instancia. En el proyecto en trámite se establece que serían sólo quienes superen el piso del 1,5 por ciento de los votos que establece la ley de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. No obstante, Conti indicó que “se quedó en analizar si se sube ese piso”, lo cual limitaría aún más la cantidad de aspirantes a la presidencia que estarían habilitados a debatir.

Con respecto a la sanción para los ausentes, los diputados acordaron no retirar los espacios publicitaros a los postulantes, sino dedicar los primeros 20 segundos del spot, ya sea radial o televisivo, a un aviso que indique que dicho candidato no accedió a debatir. En algunos países, una ley ni siquiera es necesaria para que el postulante sea víctima del escarnio público. La tradición de debatir está tan arraigada que la sociedad misma es la que penaliza la no asistencia a un encuentro de estas características. En nuestro país, la combinación entre una norma regulatoria y la exigencia ciudadana parece ser el horizonte al cual aspirar. Hacia ese camino vamos.

Dos debates, dos visiones

Hernán Charosky y Fernando Straface, de Argentina Debate

– “El debate quedó instaurado como un bien público”

– “Se discutieron ideas y la gente pudo comparar”

– “La demanda social existe y esa es la gran noticia”

– “Es un buen desafío mejorar la calidad de las respuestas”

Carla Carrizo, autora de uno de los proyectos de ley para regular el debate presidencial

– “Sobró espectáculo y faltó información pública”

– “Le sirvió a los candidatos más que a los ciudadanos”

– “No se trataron los grandes temas que le preocupan a la ciudadanía indecisa”

– “Los debates tienen que ser un bien público y no un evento privado”

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