Terrorismo internacional. Memorándum con Irán, la promesa de Macri

Por Berta Arenas. Ante los atentados registrados en Francia, la diputada de Compromiso Federal analiza la barbarie cometida y traza un paralelo con la voladura de la AMIA.

Ha transcurrido poco más de una semana de la fatídica noche del viernes 13 de noviembre, una noche negra con epicentro en París, una noche negra universal, allí mismo, en la “Ciudad Luz”, parece mentira. Esta barbarie, y otras, no son desconocidas para el pueblo argentino, basta con rememorar los salvajes atentados terroristas contra la Embajada de Israel en 1992 y contra la sede de la AMIA en 1994, ambos acaecidos en nuestro territorio nacional.

Muerte y destrucción por doquier: 132 víctimas fatales en Francia y más de 300 heridos, 22 víctimas fatales y 242 heridos en la Embajada de Israel, 85 víctimas fatales y 300 heridos en la AMIA. Son crímenes de Lesa Humanidad, sin duda alguna. La amenaza del terrorismo islámico dejó de ser tal para nuestro país, porque las tragedias señaladas sucedieron, no forman parte de ficción alguna, lamentablemente.

Esta masacre perpetrada en Francia debe conducirnos a una reflexión seria, responsable, partiendo desde la única verdad indiscutible: la República Argentina forma parte de la comunidad internacional, es falso pensar lo contrario, como pretenden algunos.

Francia respondió los atentados con una enérgica declaración de guerra contra el ISIS, con bombardeos aéreos masivos en territorio sirio y un verdadero estado de guerra interno que se extiende por toda la Unión Europea. Estados Unidos de Norteamérica, Alemania, España, Italia y Bélgica son escenarios de la investigación. Los fundamentalistas, afirman fuentes especializadas, prometen llevar su mensaje de muerte a Roma, Washington y Londres en las próximas horas. Esto se parece a una guerra, una guerra que de “fría” no tiene nada, es una nueva clase de guerra para la que no estamos preparados, no sé qué países puede decir que lo están, si tenemos en cuenta los atentados de 2001 en E.E.U.U. la pregunta se responde sola.

Desde el inicio mismo de mi tarea como diputada nacional actué convencida que el brutal atentado contra la Sede de la AMIA en Buenos Aires, después del macabro genocidio cometido por los nazis en Europa, es el ataque de mayor gravedad que ha sufrido el pueblo judío en el mundo, y el más terrible en nuestro territorio nacional. Víctimas, víctimas y más víctimas, en el ambiente que hoy nos rodea solo se percibe sangre, dolor y destrucción, y muy poco de justicia. La investigación de este atentado es una de las mayores frustraciones institucionales argentinas.

A fines de 2013 denuncié que el Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán por el atentado contra la AMIA es inconstitucional, porque afecta el derecho de las víctimas a obtener el debido reconocimiento judicial a sus derechos, tal como lo establecen los tratados internacionales de derechos humanos, la jurisprudencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los códigos procesales penales más modernos. En consecuencia presenté el Proyecto de Ley N° 8264-D-2013, propiciando la derogación de dicho instrumento. El flamante presidente electo, Ing. Mauricio Macri, ha prometido impulsar su derogación, actitud que celebro porque la investigación del atentado a la AMIA es un capítulo relevante de la agenda institucional argentina que nos debe encontrar unidos, fuertes, del mismo lado, del lado de la justicia, acá no puede haber dos bandos.

A comienzos de este año el Fiscal Especial de la causa AMIA, Dr. Alberto Nisman, quien días antes había denunciado a la Presidenta de la Nación, junto a otros funcionarios y dirigentes oficialistas, por supuestos ilícitos vinculados a la investigación del atentado contra la AMIA, moría en un oscuro episodio que aún no ha sido debidamente esclarecido.

En ocasiones los argentinos convertimos estas tragedias universales en meros hechos de política doméstica, mientras que para el mundo revisten la importancia que indudablemente merecen.

Qué más iba a decirnos Nisman esa calurosa tarde de enero en el Congreso de la Nación nunca lo sabremos; su muerte no puede desvincularse del hecho delictivo terrorista que investigaba. Entiendo que, una vez más, la investigación del atentado contra la AMIA ha quedado paralizada, penosa situación que solo beneficia a sus autores y perjudica a todos los argentinos. También está paralizada la investigación de la muerte del propio Nisman, quizás porque una de las que deberá declarar ante la justicia es nada menos que la presidenta de la Nación saliente, Cristina Fernández -a esto nadie lo dice-. La primera mandataria, entienden los especialistas, contaría con información transcendental para dilucidar lo que realmente sucedió con Nisman, sobre quien pesaba una condena a muerte dictada por grupos terroristas.

El terrorismo internacional no debe subestimarse como escenario de conflicto, no es correcto asumir que sus sanguinarios ataques solo se circunscriban a Paris, Londres, Washington o New York, sino que el “campo de batalla” del terror organizado es el mundo, y la Argentina puede dar testimonio de ello.

Mientras tanto, las víctimas y sus familiares reclaman justicia, y les asiste la razón.

Asimismo he presentado otro Proyecto de Ley íntimamente vinculado al tema: N° 6465-D-2014, referido a permitir que se realicen juicios “en ausencia” a los sospechosos de haber cometido estos delitos; es decir, para superar el obstáculo que paraliza la causa AMIA: la imposibilidad de lograr la presencia de los imputados. La labor legislativa reseñada incluyó una intensa agenda de diálogo con la comunidad judía argentina y su representación política.

La preocupante situación global está planteada y la sociedad merece respuestas adecuadas, allá y acá.

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